Autor: Ortega, Félix. 
   De Madrid a Moscú, pasando por Cebreros     
 
 Arriba.    22/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DE MADRID

A MOSCÚ, PASANDO POR CERREROS

LAS relaciones diplomaticas entre Madrid y Moscú no están a la vuelto de la esquina. Pero están o la vuelta

de la manzana. Fuentes informadas Indican que Moscú y Madrid, dos ciudades que se han negado el

saludo en la calle, salvo en los años más dolorosos de sus respectivas historias re. cíenles, están dispuestas

a casi comenzar, que no reanudar, un diálogo útil para ambas. ¿Cuándo? Antes de las elecciones

españolas próximas, Salvo error u omisión, la Unión Soviética quiere establecer, dicen las fuentes, el

diálogo mientras Adolfo Suárez esté a cargo de la transición. La URSS es un país serio y, dicen, no pueda

permitirse el fulo de comenzar su diálogo con España a través de un grupo político determinado. Suárez,

sí. Y no es que los observadores políticos del Este piensen que Suárez es sólo transición. Uno se

sorprendería de lo que han avanzado estos muchaghos en la evaluación co. rrecta de las, diría un

correligionario, condiciones objetivas en Occidente.

\ ¿El oro? Luego. No hay objeciones básicas por nin1 guna de las dos partes al !

reconocimiento, basado también en realidades objetivas. Ambos países disponen de , contables

eficientes para i elaborar en la trastienda dl´ plornática los cuentas finales de un capítulo muy difícil

hasta ayer por el furor bilateral. Por lo demás, las naciones de! Este, agregan las fuentes, no es que actúen

en bloque. Es que son bloque. Lo que no obsta para que antes acaso que la URSS, otros países

establezcan relaciones diplomáticas totales con Madrid, Hay unos condicionamientos económicos de

beneficio mutuo capaces de superar hasta las objeciones más Irrenunclables.

¿El PCE? Espejismos. La historia, dicen viejos expertos de* lugar, podría tener dos sonidos para la

mismo campana leninista. Don Santiago Carrillo, por ejemplo, podría´ alegar que su «pía. cet» era vital

para ta reanudación de relaciones diplomáticas Pero, dicen los expertos, también podría ocurrir que

Moscú hubiera querido reanudar relociones hace mucho tiempo, tanto qué acaso se hubieran reanudado

bajo el Gobierno del .Ge. nerol Franco, de no haber existido los fusilamientos famosos. Ante Moscú,

Carrillo habría jugado al juego de retrasar, no de Impedir. De retrasar de cara ó la inminencia de un

eventual triunfo político del partido que encabeza, que alterara fundamentalmente la situación de España.

E, Indican las fuentes, al ocurrir los últimos acón, tecimlentos, Moscú ha sacado conclusiones propias y

no va a esperar mucho más. No a después de las elecciones.

¿La OTAN? Nadie duda de que a Moscú no le apetece la idea de ver a la OTAN engordar con ei país

clave del Mediterráneo. Pero el mundo ha cambiado sustanclalmente y no hay inminencia de peligro

bélico, Ni siquiera de que el Pacto de Varsovia engorde a su vez con nuevos aliados. La oferta a la OTAN

de «si no ficháis no fichamos» —más atiados, se entiende— ha dado paso en la URSS a la simple no Inje

I rencla. Que España haga lo j que quiera. Si se mantienen relaciones con toda la OTAN, un miembro más

sólo planteo ei problema adicional de variar la posición de unos cuantos cohetes más, rectificando su

destino. Cosa de trámite. Nadie va a empezar una guerra. Puro trámite.

La URSS desea estar en España representada. Es evidente. No ha habido contactos previos a alto nivel,

salvo las operaciones exploratorias conocidas y las más extrañas operaciones de reconocimi e n t o

oportunista, basado en pensar que los chinos iban a comprar muchas cosas en vez de hacerlos ellos como

acostumbran, para su bien.´ Pero esa etapa de irritación artificial está también superada, aunque no

hayamos vendido a China nada sustancial. La URSS desea estar en Madrid representada porque es una

superpotencia y no puede estar ausente de un país en fa evolución en que está España.

Y, qué caramba, a España le viene muy bien una normalización con el Este Llevamos cuarenta años de

desequilibrio voluntarlo V mal pagado por un antícomunismo férreo, atlántico, bíblico e intransigente,

capaz de Ir a MOSCÚ a vender máquinas herramientas, tubo de acero o Pepsi Cola y hostilizar al

bolchevique sacando de matute iconos de exportación prohibida. Un poco de eso que los americanos

llaman «leverage», que es la capacidad de poder equilibrar la posición propia en negociaciones de

cualquier tipo, agregando peso donde no hay, vendría muy bien a la España democrática. Por ejemplo, ¿a

que, en cuanto Iván y Juan se tomen unas angulas con vodka, el Mercado Común se pone más amable?

Félix ORTEGA

 

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