Autor: Rubio, Francisco. 
   Las razones de la oposición     
 
 Diario 16.    07/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Las razones de la oposición

Francisco Rubio

Aunque en general se explica rematadamente mal, son fácilmente comprensibles las razones por las que Ja oposición coordinada (?) no puede inclinarse, en el referéndum, ni a favor del sí ni a favor del.no. Lo que en un referéndum limita realmente la libertad no es tanto el conjunto de trabas que puedan oponerse a la expresión de todas las opiniones y la manifestación de todas las actitudes como la naturaleza de la pregunta que se formula. Si un hombre es condenado a ser muerto "por hierro frío o plomo caliente", eomo en la vieja fórmula corsa, por muchas facilidades que se le ofrezcan para expresar su opinion en la Prensa, la radio o la televisión, es probable que la libertad de escoger entre el tiro en la cabeza o la puñalada en el corazón no le parezca una realización perfecta de la libertad. No habiendo podido o sabido influir sobre la formulación de la pregunta que a los españoles se nos infligirá el próximo día 15, tan terriblemente ambigua que, entre otras cosas, deja todavía en el aire la cuestión del carácter constituyente o no constituyente de las próximas Corsalida que la de hacer suyo el viejo principio estoico de sus-tíne et abstine, es decir, en castellano, "aguántate y abstente".

Campaña de abstención

Hasta aquí, repito, aunque mal explicado, todo está claro. Pero una cosa es aguantarse, abstenerse y callarse, que es, si estoy bien informado, la postura de Gil-Robles, y otra bien distinta aprovechar la ocasión del referéndum para desencadenar una activa campaña propagandística en favor de la abstención.

Es evidente que en esta campaña la oposición sale en situación de desventaja, que apenas podrán remediar las torpezas acumuladas del Gobierno. Por lo pronto, va a tener que dedicar a esta empresa esfuerzos y recursos que los partidos gubernamentales, es decir, los partidos defensores del sí tales como Alianza Popular o el también Popular Partido, se ahorrarán, puesto que el Gobierno, que ni moral ni políticamente podía mantenerse neutral, ha decidido, Inmoral e impolíticamente, cargar sobre el Tesoro Publico los gastos de propaganda que las bien provistas arcas de estos partidos habrían debido hacer. Pero con ser esto malo, no es lo más grave. Lo peor y gravísimo es que el hombre de la calle no acaba de ver claramente cuál es la justificación de esta campaña y que, fácilmente, las lanzas no se tornarse cañas.

Falta de coherencia

Preconizar la abstención al mismo tiempo que se prepara una negociación con el Gobierno para elaborar una ley Electoral que sólo existirá si triunfa el st es, en el mejor de los casos, una confesión pública de debilidad y en ningún caso un ejemplo de coherencia. Defender la abstención porque falta la libertad para defenderla es, evidentemente, una postura que a sí misma se derrota. Si al Gobierno se le ocurre, como dicen, aceptar las peticiones de la oposición e invitar a don Felipe González y don Santiago Carrillo para que acudan a la televisión a explicar a los españoles que deben abstenerse porque el referéndum es un referéndum sin libertad, seguramente podrá ahorrarse todo el gasto su cancioucitas y en pegatinas.

Motivaciones confusas

Y tampoco esíá nada claro qué es lo que con todo esto se espera obtener. Si la oposición tiene el éxito improbable que al parecer pretende y nos abstenemos todos los españoles menos los inasequibles al desaliente, triunfará el no; la oposición y el Gobierno habrán sido derrotados y nos encontraremos de nuevo, un año más viejos y un mucho más pobres y desesperanzados, en noviembre de 1975. Si, por el contrario, triunfa el sí, la oposición, sea cual fuere el número de abstenciones, habrá sido derrotada. Si continúa las negociaciones para la ley Electoral, estará convalidando a posterior! los resultados del referéndum, que no es postura airosa. Si las interrumpe, todos los españoles se preguntarán por qué las comenzó.

Naturalmente, yo debo estar equivocado. Debe haber otras razones, otros motivos y otras intenciones que ni yo ni la inmensa mayoría de mis conciudadanos percibimos. Lo que ya no hay apenas es tiempo para darlas a conocer.

 

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