Autor: Gil-Robles, José María. 
   No exageremos     
 
 Pueblo.    08/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

NO EXAGEREMOS

Me parece que se están exagerando las actitudes en torno al problema de la abstención o participación ciudadana en el referéndum.

La propaganda oficial, empeñada en conseguir una saturación de los espíritus, está rebasando los límites de la moderación. Por su parte, la campaña abstencionista a que algunos grupos políticos se han lanzado con notoria precipitación, tampoco da una sensación tranquilizadora de equilibrio.

Creo que se está sacando el problema de sus cauces normales y se está dando al referéndum una significación y un alcance que no tiene.

Desde el momento en que el Gobierno se decidió a llevar su proyecto de reforma por el cauce de la aprobación por las Cortes, el Jefe del Estado no puede promulgarlo como ley sin que pase previamente por el trámite del referéndum. Asi lo exige la legalidad vigente que con notorio error se ha querido aplicar.

En consecuencia, al referéndum no se le puede dar mayor alcance que el de una formalidad que es preciso cumplir para que se pueda llegar a la celebración de elecciones para unas Cortes Constituyentes.

El referéndum, por tanto, no añade ni quita legitimación democrática a la reforma ni a las instituciones

que ésta crea o reconoce. El problema queda intacto, para que sea la nueva asamblea la que decida, a condición de que sea elegida libremente.

Haría mal el Gobierno, a mi juicio, si se empeñase en obtener de esta consulta popular —cuyo resultado está previsto— una rentabilidad política que no puede dar. De igual modo, se equivocarían los que se lanzaron a una propaganda sistemática de abstencionismo, ya que con ello darían al Gobierno el fácil argumento de decir que la oposición no tiene más fuerza numérica que la de los electores que se abstengan.

¡Ya se cuidarán quienes manejan los resultados de la votación de que el número de abstenidos no sea alarmante!

No quiero, con estas palabras, atribuir a nadie propósitos fraudulentos. Me limito a hacer notar que, mientras ocupen puestos de mando, los representantes de los residuos del partido único en las provincias y municipios de España, y mientras los partidos de oposición no tengan la más remota posibilidad de improvisar una intervención en las mesas electorales, el resultado del rereferéndum a nadie puede engañar.

El Gobierno daría una gran impresión de neutralidad si moderase una propaganda desaforada, que sólo sirve para gastar dinero, y declarase públicamente, y cuanto antes, que no piensa lucrarse con el resultado de un simple trámite exigido por una legislación no democrática.

José María GIL-ROBLES

 

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