Autor: Aller, Ramón María. 
 Referéndum. 
 Conocer lo que piensa el país     
 
 Arriba.    08/12/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CONOCER LO QUE PIENSA EL PAÍS

Se nos convoca a un referéndum para decir sí o no a un proyecto de futuro. Nuestro voto, aislado, solitario, es, como gota en el océano, cantidad infinitesimal que no va a decidir el resultado. Pero sumando voliciones individuales llega a trenzarse toda la trama de la democracia. Nuestro voto, que sólo puede inclinarse por el sí o por el no sin las precisiones y matices que tal vez nos gustaría introducir en el texto que nos ofrecen, se inserta a otros votos, y todos ¡untos adquieren peso y poder.

NADIE nos fuerza hacia posiciones afirmativas o negativas; ni siquiera nos obligan a comparecer ante las urnas, aunque el poder oficial, noblemente interesado en conocer la opinión dominante, para obedecer dócilmente, despliega un aparato publicitario estimulante a la emisión del voto.

Los partidos han superado la fase cogitativa y parece que se inclinan, también, por participar. Bien está; España, en general, y ellos mismos, en particular, se beneficiarán tanto más cuanto mayor sea la representatividad de las urnas. No interesa un muestreo estadístico más o menos enriquecido, sino e! conocimiento cabal de la auténtica opinión del país, directamente expresada. Ya llegará, con las elecciones, el momento de las representaciones y de Ips engarces indirectos. Ahora se trata de expresar abiertamente, y sin mediaciones, la aceptación o rechazo de una reforma política que Gobierno y Cortes va han visado.

EN el referéndum, la propaganda de los partidos puede tener influencia, sin duda; pero, en definitiva, como el acto de votar es singular y persona-lísimo, llegada la hora de la verdad cada hombre,, cada votante, se ha de enfrentar con su conciencia y decidir según sus dictados. Los dos partidos norteamericanos gastan cifras fabulosas en la promoción de sus candidatos a la Presidencia de la Federación de Estados, y, sin embargo, la víspera del día de las elecciones los ciudadanos de aquel gran país cumplen el rito tradicional de encerrarse a meditar sobre el alcance de la decisión que van a tomar.

Saben qué es votar y valoran debidamente el voto emitido.

Nosotros, que casi tenemos que remontarnos a la Edad Media para encontrar antecedentes democráticos en la vida política si queremos purificarla y ennoblecerla en el futuro, tenemos que prestigiar las elecciones y votaciones, destacando debidamente su dimensión moral y, sobre todo, repudiando como inciviles las actitudes pasivas y de inhibición.

LA votación es un acto personalísimo e indelegable. Expresión máxima de la ciudadanía, constituye un alto derecho y un noble deber cuya no ejercicio, más que desidia o desinterés por los negocios públicos, revela un alma servil, pues permite que nuestra voluntad sea suplantada por otra cualquiera en cuestiones de la mayor importancia.

Ramón M.ª ALLER

Miércoles 8 diciembre 1976

 

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