Ojo con las urnas     
 
 Diario 16.    12/01/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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Ojo con las urnas

SI el terror no lo impide y los poderes imperiales lo autorizan, las primeras elecciones Ubres desde

febrero de 1936 van a celebrarse en España dentro de muy pocos meses. V si los partidos de la oposición

democrática no toman rápidamente el toro por los cuernos se van a ganar un vapuleo electoral

monumental y merecido.

Para ganar las elecciones que se avecinan no basta con haber sufrido mucho ni basta con disponer a

manos llenas de la legitimidad de haber sido victima propiciatoria de la dictadura. Hace falta, además, que

candidatos conocidos se presenten provincia tras provincia a convencer al electorado de que saben lo que

quieren y de que son capaces de gobernar. Se necesitan centenares de líderes.

Al año de iniciarse ese lento proceso de liberación de las fuerzas de izquierda españolas, existen

observadores pesimistas que temen una monumental derrota de los partidos izquierdistas en las urnas.

Hay quienes opinan que socialistas de todos los colores y comunistas más o menos de un color no van a

conseguir juntos más allá de un 25 por 100 del electorado nacional. Como los votos se ganan uno a uno,

como no se va a votar a listas nacionales de partidos, sino a candidatos bien concretos, la derrota de la

izquierda puede ser muy grave si no aprovecha a fondo los cuatro meses que aún le quedan.

V tampoco aparece por el centro esa gran formación política que pudiera llevar hasta sus últimas

consecuencias el proceso politico actual, contando con el respaldo de una cómoda mayoría en el

parlamento. Se creía que el Partido Popular pudiera haber sido el embrión y la vanguardia de una gran

alianza electoral del centro capaz de arrinconar en las montañas al franquismo renovado y capaz de

gobernar con holgura y sabiendo negociar con la izquierda. Pero el tiempo pasa y el Partido Popular no da

grandes señales de vida.

Si a esta parálisis de los partidos democráticos se añaden las andanzas del terror que tratan de

dinamitarnos cada día la escasa paz ganada en el último año, las tentaciones de apoyar en las urnas a una

fórmula neoautoritaria pueden extenderse a una parte creciente del electorado. Y el general Fraga está ahí

dispuesto a hacer leña partidaria de todos los miedos del país y de todas las carencias de los políticos

democráticos. Se acaba oí tiempo.

 

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