Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Justificación ofensiva     
 
 El Alcázar.    09/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

-opinión-

JUSTIFICACIÓN OFENSIVA

LA campaña oficial pro referéndum —"Habla pueblo..."; "Hay razo-nez para el sí", etc.— ha sufrido en las últimas cuarenta y ocho horas una nueva orientación, destinada, sin duela a la obtención de un "sí" mayoritario y unánime. Se trata de sumar el recuerdo del Generalísimo como ingrediente de convicción. La nueva línea proseli-tísta ha hecho, por ejemplo, que a Francisco Franco se le vuelva a llamar "Caudillo" en lugar de "Jefe de Estado desaparecido" o "General Franco". Es un esfuerzo meritorio, aunque todavía no haya alcanzado el deseo, reiterado por muchas personas y entidades, de que los medios oficiales dé comunicación social —TVE, Prensa del Movimiento y Radio Nacional— otorguen al fundador del Sistema la posibilidad de defenderlo, mediante la lectura de sus declaraciones postumas, aparecidas en "Blanco y Negro".

La nueva línea argumenta el sí a la Ley para la Reforma Política con el mismo talante que se argumentaría si hubiese sido sometida a referéndum nacional por el propio Francisco Franco.

Sucede así con el Caudillo, lo que en determinados momentos aconteció con José Antonio, cuyo nombre se utilizaba como sortilegio decisivo para las cuestiones más peregrinas y contradictorias.

No: ni con el recuerdo, ni con el pensamiento, ni con el ejemplo de Francisco Franco puede justificarse la Ley que votaremos el próximo miércoles. La tesis de que la reforma es imprescindible porque la figura del Caudillo es irrepetible, no vale, porque no vamos a decidir sobre una persona, sino sobre un Sistema; y, porque, además, la ley no reforma nada, clausura una situación constitucional para abrir una distinta etapa constituyente.

Convengamos en que la figura de Francisco Franco es irrepetible, y en orden a su origen y razón histórica, ¡ojalá sea para siempre irrepetible! Por lo pronto, el Caudillo hizo cuanto estuvo en sus manos para que esa irrepetibilidad fuese tajante: ofreció a los españoles un orden institucional dirigido; por su mente de estratega, hacia dos objetivos exactos: la pacificación y prosperidad de España, uno; y la superación y clausura de cualquier posible confrontación airada entre españoles, otro. Lo que yo no creo es que el Gobierno Suárez, llevado de su vocación "franquista", se haya propuesto el nacimiento de un nuevo Franco mediante el procedimiento de poner a España en las mismas condiciones morales, políticas y económicas que originaron el enfrentamiento civil y propiciaron la figura del Caudillo. Ese amor sería, generoso, pero imprudente.

¿Qué se propone el Gabinete con la tesis de la irrepetibilidad? ¿Explicar que con el Caudillo queda liquidada la nómina de nuestros estadistas? Llevar hasta ahí la pasión política, con perdón para su venerable memoria, es una exageración ofensiva para la comunidad de los vivos. No. En ningún caso es justo o necesario ese ingrediente en la campaña oficial pro referéndum. Él señor Reguera Guajardo, gran conocedor de los sistemas publicitarios, debería utilizar este slogan: ¡Conciudadanos, poned vuestros relojes a punto. Son las cero horas del día uno de enero de 1930! ¡Viva la Constitución!

Antonio IZQUIERDO

 

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