Autor: Carrillo Solares, Santiago. 
   Por qué nos abstenemos     
 
 Diario 16.    09/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Por qué nos abstenemos

Santiago Carrillo Secretario general del Partido Comunista de España,

En España, hoy, la abstención es una forma de participación ciudadana en el referéndum; no es, de ningún modo, una inhibición.

Al revés de lo que sucede en los países democráticos, donde en las consultas populares suelen abstenerse los comodones, los abúlicos, los que no quieren comprometerse, estas categorías aquí van a votar, y van a votar sí. Porque tras cerca de cuarenta años de dictadura y de referendums en los que abstenerse era demasiado arriesgado, los comodones, abúlicos y miedosos están acostumbrados a ir los primeros a votar, y afirmativamente, para no crearse problemas. No es casual, sino encaminado a este fin, que el tono de la propaganda electoral reproduzca tan fielmente la atmósfera que rodeaba estos eventos bajo el franquismo.

Por consiguiente, las abstenciones van a ser expresión de la actitud de aquellos ciudadanos más resueltamente decididos a decir sí a la democracia, a la auténtica.

Pero conviene añadir, para que no haya equívocos, que muchos ciudadanos —intoxicados por televisión, radio y otros medios publicitarios y sin conocimiento de la posición real de los partidos- democráticos, deformada por la abusiva publicidad gubernamental— van a votar sí porque se les repite que ése es un sí a la democracia, al pluralismo, a la soberanía del pueblo.

Es decir, van a votar sí en el fondo con la misma intención que determinaré la abstención de los ciudadanos en posesión de una información más completa a través .de los canales de sus respectivos partidos.

Por ello, tras el referéndum los españoles no se dividirán entre los que han votado y los que se han abstenido, sino, de un lado, entre los que se han abstenido o han votado si creyendo que se pronuncian por la democracia, y de otro lado, los que han votado no porque se oponen al desmantelamiento del franquismo.

De todos, modos, la abstención es en estas circunstancias la forma de voto más cualificado y consciente para la democracia, porque lleva implícita una aprobación de esa sociedad pluralista, basada en la soberanía popular, que queremos la gran mayoría de los españoles, junto con la condena de los métodos y los condicionamientos antidemocráticos de que está rodeado el referéndum.

Los partidos democráticos no podían dar un cheque en blanco a un Gobierno y unas instituciones que son todavía un legado de la dictadura y que operan mediatizados por esta herencia. Si en el seno, de aquéllos hay, como parece, tendencias que buscan sinceramente un cambio, la oposición democrática las fortalece absteniéndose; por el contrario, las hubiese debilitado con una actitud conformista, que envalentonaría precisamente a cuantos estiman la reforma como ana simple operación continuista hacia un neoíranquismo.

Basta ver la virulencia con que Blas Piñar y Fraga Iribarne —más próximos entre sí de lo que quieren dar a entender— han fustigado desde televisión la postara abstencionista; es la mejor prueba de cuanto afirmamos.

La oposición hubiera podido votar sí en el referéndum, en el caso de que el Gobierno hubiese aceptado las siete réivindicaciones aprobadas en la cumbre del 27 de noviembre en Madrid. Nadie, ni el mismo Gobierno, se ha atrevido a decir que esas reivindicaciones tuvieran nada de maximalistas. Son unos requisitos mínimos de libertad, que daban ciertas garantías de que las elecciones próximas podrían transcurrir, si no en condiciones democráticas óptimas, cuando menos, no como un trágala inaceptable para los partidos de la oposición.

Pero en el momento en que escribo estas líneas todavía no se ha entrado en ninguna negociación real entre Gobierno y oposición y todo hace temer que si hay algún contacto sea, por el momento, puramente formal. Incluso se mantiene la presión para excluir al Partido Comunista, una realidad de !a España de hoy, sin la cual, por su implantación entre 1 a s fuerzas del trabajo y de la cultura, no hay democracia posible. Se arguye que el Código mantiene en la ilegalidad a nuestro partido, lo que no es cierto. Ningún tribunal imparcial podría sancionarnos hoy por una afiliación internacional que, es público y notorio, no tenemos, y por un totalitarismo que condenamos y que nuestro programa excluye; Aplicando el Código al pie de la letra, y no obstante su arbitrariedad, nuestro partido, sería hoy uno de los muy pocos con derecho a la legalización.

Por todas esas razones, sucintamente expuestas, propugnamos ante un referéndum que no ofrece garantías, la abstención, como forma más elevada de participación ciudadana en este momento del proceso hacia un cambio democrático.

 

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