Autor: Páez, Cristóbal. 
   Una oposición sin adjetivos     
 
 Pueblo.    15/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

UNA OPOSICIÓN SIN ADJETIVOS

AUNQUE la denominada oposición democrática ha perdido ufunfalismo y ha bajado el pistón de

sus demandas inl^iales, parece que todavía no ha encontrado su sitio. La rupjtfra, tan

firmemente enarbolada hace sólo unos meses, ha ido al inmenso desván de este tiempo

cambiante. Amenazar Son ella al Poder era como el clasico amenazar a un león con run mal

palo. Aquí se ha estado jugando —y la partida aún colea— una mano de cartas de

políticaficción. La cual habrá de servir, cuando menos, a las exigencias liberalizadoras de

cuantos, dejándose llevar por (a corriente de las libertades mayores, propugnan el

reconocimiento de una libertad tan menor y supe reí asista como la de los juegos de azar.

Pero, anécdotas aparte, se Intuye que la tal oposición está desacomodada. En primer lugar,

porque e4 Presidente Suárez. como el que no quiere ta cosa, le ha hecho una auténtica

sarracina en su cuarto de banderas, y, luego, porque el referéndum redondeó la operación. El

sí masivo del electorado a la reforma política debe Interpretarse como un enérgico tirón de

riendas a los caballos desbocados —no sé si realmente o en pura apariencia— de los grupos

políticos, que aspiraban a coger un Estado y no dejar piedra sobre piedra del mismo. Es de

esperar que esos mismos grupos políticos que proponían al país la incierta experiencia de

provocar un diluvio artificial, hayan tomado buena nota de que el cambio apetecido y votado por

los españoles y elevado, finalmente, a ley de rango Fundamental, no tiene nada que ver con la

dinamltación salvaje de un orden político, sino con la Inteligente y ordenada construcción de un

orden nuevo que asuma del pasado todo cuanto sea compatible con la demanda social de hoy.

De otra parte, la oposición que nos ocupa ha sido claramente advertida, sin mediar una sola

palabra, por un simple gesto del Presidente del Gobierno. Al recibir el mismo día en el palacio

de la Moncloa a la minicomisión democrática y a ciertos representantes de «la otra» oposición,

el insólito suceso perdió toda su esperada carga de dramatismo. El gesto de Adolfo Suárez ha

sido tan clarificador como plausible; si el Gobierno, de momento, carece de partido, todos los

partidos, legalizados o no legalizados, creemos que en pura provisionalidad, constituyen la

oposición, puesto que aspiran al Poder y, naturalmente, a ahormar la conducción de los

asuntos públicos en sus respectivos programas partidistas. El que los grupos de la oposición no

sean uniformes, sino antagónicos, no descubre ninguna situación nueva, especial y particular

de este país, sino que responde a la propia pluriformidad de las corrientes Ideológicas que

circulan en nuestra compleja y diversificada sociedad.

Asi, pues, y para restarle al futuro político que salga de las urnas, tras de las elecciones

generales, su actual y visible punta cabileña, la oposición democrática debería prescindir de

todo maximalismo. Hará muy bien en quitarse el adjetivo, como quien se quita hierro, y

quedarse en oposición a secas; término que ya de por si es bastante inteligible sin necesidad

de escolta alguna. De lo contrario, al pueblo se le va a dar pie para pensar en que más que de

una oposición homologada con la de cualquier otro país occidental, se trata de una oposición

con pufos totalitarios, que aspira a la descalificación y, en puridad, a la exclusión de las demás

oposiciones, a las que para empezar se les cuelga el sambenito de no democráticas. Y esto es,

o un delirio pueril o un burdo maquiavelismo de esos que asoman un plumero gigantesco.

Ahora, cuando el olvido de errores históricos de todo linaje y la reconciliación están en el

pavés, es absurdo recomenzar ahondando diferencias y confiando a la terminología la

construcción de un paraíso de los buenos y un ghethode los malos. Van a ser demócratas no

tanto los que, abusivamente, se apropien de una etiqueta verbalista, cuanto los que. con el

debido respeto y subordinación, participen en el juego democrático y lo desarrollen

limpiamente. La predemocracia es hoy como un pequeño manicomio, donde ni están todos los

que son, ni son todos los que están. Así, pues, fuera los rótulos monopolizadores y adelante los

hechos, en tras párente competencia. Nuestra vida política está pidiendo de rodillas que se te

quite bastante de dramatismo y bastante de ridiculo, pues es insostenible, y da grima, el

contraste entre un pueblo mayor de edad y ciertos líderes que, a lo que parece, aún no se han

puesto de pantalón largo.

Cristóbal PAEZ

Sábado 15 enero 1977

 

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