Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
   Los peligros del "no" y de la abstención     
 
 Pueblo.    09/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

LOS PELIGROS DEL "NO" Y DE LA ABSTENCIÓN

LAS razones del «NO» y de la abstención están siendo explicadas de forma prolija en algunos medios de comunicación social. Respetamos ios criterios de quienes propugnan el «no», fundamentalmente por entenderlo consecuente con sus convicciones antiguas, y de -quienes hablan de la abstención porque comprendemos las razones que, a su juicio, avalan el que la nueva situación hubiera tenido que partir de una Asamblea constituyente sin la menor relación con el pasado. Pero que las comprendemos no quiere decir que las compartamos.

Una y otra postura, que desde las respectivas posiciones pueden ser congruentes, encierran peligros sobre los que recomendaríamos se reflexionara. La política en general, y, de manera particular, en un momento como el español actual, no se puede abordar exclusivamente en base a maximalismos, sino teniendo en cuenta las consecuencias que se podrían derivar de nuestros actos.

Entre los peligros que podría generar el rechazo de la ley o de su aprobación con escaso margen de votos, los más importantes son los siguientes:

1.Se crearía un grave «impasse» político, ya que, se quiera o no, el sistema institucional vigente ha sido puesto en tela de juicio con ocasión de los debates parlamentarios que han tenido lugar y sería muy difícil que, sin más, pudiera mantenerse en la configuración que ha tenido hasta ahora. La solución definitiva que podría tener este «impasse» no hay quien la propugne; pero, en todo caso, cabe presumir que encerraría graves riesgos para unos y para otros.

2.Al prescindirse del sufragio universal en el Congreso de los Diputados se pondria al REy en la necesidad de seguir decidiendo sobre las opciones políticas, lo que originaria un grave desgaste para la Monarquía.

3.Al no resolverse, al menos en aspectos sustanciales, los problemas políticos, esto retrasaría el que se abordasen en profundidad los problemas económicos, con lo que difícilmente se podría salir de la crisis actual.

4.Podría perderse la oportunidad de restablecer la democracia, lo cual no sería bueno para el país, pero, en todo caso, sería contradictorio con los ideales democráticos que se profesan por algunos. La situación española es lo suficientemente delicada como para no agravarla con la abstención o el voto contrario.

5.Se crearía un grave «impasse» en nuestras relaciones con los otros pueblos que repercutiría, como hasta ahora ha ocurrido, en nuestros compatriotas que trabajan en el extranjero, en los españoles que lo hacen en productos para la exportación y, en general, en nuestro pueblo.

6.Se perdería una oportunidad, quizá únicai de restablecer la normalidad institucional sin que se produzcan situaciones revanchistas y descalificaciones colectivas en las que tan pródigo ha sido nuestro pueblo en ei pasado.

7, La Monarquía, que ha optado por la vía reformista, quedaría duramente afectada, con lo que se pondría en peligro el sistema institucional legado, mucho más que con las reformas de mayor o menor profundidad que se contienen en la ley. Los franquistas que. en una tarde de noviembre, votaron por gran mayoría la ley de Reforma Política no lo hicieron, ni mucho menos, por capricho. Comprendieron que. a la altura a que se había Llegado, era la única solución posible. Sacrificaron situaciones o posiciones que en sí eran legitimas, pensando que les obligaba a ello su patriotismo, En cuanto a [os demócratas que, durante tantos años, han aspirado a una ley que restablezca el sufragio universal y que abra la vía a que el pueblo se pronuncie libremente, seria de desear que vieran en esta ley algo más que los defectos e imperfecciones. No debe olvidarse que tampoco fue una obra legislativa que hiciera época el decreto de 8 de mayo de 1931, por la que el Gobierno provisional de la República convocó las Cortes constituyentes.

Independientemente de sus humanas posiciones, explicables en función de las esperanzas que abrigaron durante su larga «marcha por el desierto», sería de desear que hicieran un esfuerzo de comprensión y, sobre todo, de consecuencia, ya que el rechazo de la ley de Reforma como principio no parece compatible con el deseo que se manifiesta de negociar las normas electorales que son su natural consecuencia, pues encuentran su fundamento precisamente en esta ley. Si no fueran bastantes las razones que, al menos a nuestro juicio, justifican un voto afirmativo, pensamos debieran ser suficientes los peligros que hemos reseñado y que, por distintos conceptos, pueden afectar a todos los españoles.

Carlos IGLESIAS SELGAS

 

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