Autor: Marías Aguilera, Julián. 
   Los partidos y la realidad española     
 
 Arriba.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LOS

PARTIDOS Y LA REALIDAD ESPAÑOLA

•Por primera vez desde el 16 de febrero de 1936 se ha hecho en España un ensayo de

democracia eí 15 de diciembre de 1976. Todavía no es 4a democracia misma, pero si un

ensayo general "con casi todo", que permite conjeturar como va a ser la primera representación

verdaderamente publica. Vale la pena pensar unos minutos sobre ello.

Creo que el país ha entendido el referéndum como una convocatoria para la democracia. Sin

demasiadas precisiones, que vendrá luego, cuando se ponga afectivamente en marcha: ahora

se na decidido, simplemente, ponería. Por (o visto, a algunos esto les parece poco; a mi me

asombra considerablemente que se haya logrado en el plazo de un año.

La mayoría de los españoles se han lanzado con avidez sobre la recién estrenada posibilidad

de votar, Pero —se dirá— de votar ¿qué? En mi opinión, dos cosas; le primera, la liquidación

del régimen anterior (sin incluir «de pasada, la de ia realidad efectiva de España en esta fecha);

la segunda, la proclamación de que la soberanía reside en el pueblo español, el que se

devuelve ia capacidad de decisión sobre su futuro político. A esto han dicho «Sí las tres cuartas

partes de los españoles.

¿Y los demás? De cada 40, uno ha dicho No, ¿Quiénes son estos votantes? Los que siguen siendo partidarios del régimen pasado

(no los que antes lo preferían a otro o lo aceptaban o se resignaban a él). Por supuesto, esos

votantes están en su derecho, y al ve a haber democracia no hay nada que reprocharles, lo que

hay que hacer es contarlos; ahora sabemos cuántos son. Otros tantos, es decir, otro de cada

40. han votado en blanco, es decir, han expresado reservas o dudas o deseo de no

responsabilizarse. Han votado «Sí» 29. No han votado 9.

¿Cuántos simplemente no han vota* do, es decir, se han quedado en casa, porque estaban

enfermos o tenían quehaceres urgentes o no 4es interesaba o eran muy viejos o no se han

enterado bien o no se fiaban? ¿Cuántos han renunciado a votar por algún temor, desde el qué

dirán hasta otros más concretos? ¿Cuantos, finalmente, han practicado esa «abstención

activa» —paradójicamente, inquiétente expresión— tan Insistente y enérgicamente

recomendada por una mayoría de (os partidos políticos? No es fácil saberlo. En los países

democráticos, la abstención normal es variable; suele oscüar entre el 20 y el 40 por 100. Sin

duda, una parte de ese 223 por cierto de abstención el 15 de diciembre se ha de atribuir « una

decisión política; pero Intentar cuantificar esa porción es una ligereza.

Lo que resulta claro es que la voluntad de los partidos ha influido muy poco en los votantes.

Los partidos políticos más activos y beligerantes han sido terriblemente minoritarios, exiguos en

el primer caso. ¿Se dirá que los partidos qua han aconsejado el voto afirmativo han tenido

mayor eficacia? Creo que tampoco: no creo que sean muchos los que han votado "Si" como

una posición partidista, sino previa a todo partido.

Que los partidos digan que tienen

gran peso en la opinión me parece norma) —aunque yo no seria capaz de hacerlo—; que Jo

crean me preocuparía vivamente. Hoy por hoy, son partidos de político* más que partidos

políticos; están compuestos de hombres (y algunas mujeres) preocupados de política,

interesados por la política, profeskmalmente envueltos en ella. Se dirá que son —con un

término francés que me Inquieta un poco— "cuadros"; o bien "activistas"; se añadirá que eso es

to que tiene que haber para organizar los partidos, que en su día movilizarán a los ciudadanos.

No estoy seguro de que esto sea válido. Tantos años de dictadura, de ausencia total de vida

política, son muy graves; añádase a ello que buena parte de los actuales hombres de partido

proceden de convicciones que tienden a eliminar todos menos uno, que sólo provisionalmente

juegan el Juego —tan serio— de ta democracia. La tendencia dominante hoy es la de organizar

grupos políticos destinados a controlar a los diversos fragmentos de la opinión nacional, es

decir, a llevar a los españoles a tal o cual postura o actitud. Pero esto es ilusorio, ya hemos

empezado a verlo haca unos días.

La función de los partidos, a mi entender, es otra. Tienen que descubrir, expresar y articular las

apetencias poIfticas de los ciudadanos; tienen que ponerse a (servicio de éstos (un servicio que

consiste, como tantes veces, en una función rectora) y no el revés; no pueden pedir a los

españoles que se pongan al servicio de los Intereses, las preferencias o las manías de ios

grupos políticos.

La primera salida de los partidos políticos españoles no ha sido afortunada —sobre todo, claro

es. de los adversos al referéndum en una u otra forma—. Algunos se alegrarán de ello: yo. que

no soy ni voy a ser hombre de partido. 4o deploro profundamente, porque loa partidos son

necesarios. Una "democracia sin partidos" es tan imposible como con uno solo. Se ha hecho el

ensayo, por lo demás, y es k> que se ha llamado durante decenios, con no poca Irrisión

"democracia orgánica"; por cierto, algunos de sus antiguos adversarios parecen querer

resucitaría con otras formas y otros beneficiarios: hablan contra las elecciones (ya se usó en

Portugal, peyorativamente, la palabra "electoralismo"), en fugar de los partidos nos proponen

los "barrios", como hace poco nos proponían la familia, el municipio y el sindicato. Se trata

siempre de que te política la hagan las agrupaciones humanas que no son políticas (es decir,

que no haya política, sino manipulación).

La política la tienen que hacer los partidos; pero éstos tienen que contar con la opinión de los

españoles; más aún. tienen que nacer de esa opinión. Por eso, lo primero que hay que hacer

es preguntarse qué quieren los españoles. No vaya a resultar que las fórmulas prefabricadas

que se les ofrecen —o muchas de ellas por lo menos— no *es Interesan, no los atraen, por

supuesto no los entusiasman.

Es urgente que se ofrezcan opciones actuales, reales, incitantes a los hombres y mu)enes de

España. Don Quijote volvió maltrecho y apaleado a los pocos días de iniciar su primera salida

por los campos de Montiel. Aconsejado por «I Ventero, se cuidó luego de proveerse de "diñaros

y camisas" y buscó el apoyo y ayuda de Sancho Panza. Su segunda salida lo llevó mucho más

lejos y no estuvo privada de triunfos y, en todo caso, de gloria. Al acabar el año decisivo de

1976. los partidos políticos españoles son muy poco, no movilizan al país, ttenen muy escasa

fuerza. Si se dan cuenta de elto y extraen las consecuencias oportunas, si eusculan el país que

pretendan regir y lo respetan profundamente y lo sirven con lealtad, si articulan con

escrupulosa fidelidad y espíritu de concordia sus múltiples diversidades, si no olvidan que

España es un cuerpo vivo de extremada sensibilidad y coherencia, que a veces enmascara

engañosamente, podrán hacer en 1977 una salida nueva, apoyados por el entusiasmo, y abrir,

como quian descorre un telón, el futuro político de España.

Julián Marías ("La Vanguardia"].

 

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