Autor: Niveiro, Emilio. 
   Los tigres jóvenes. Nadie les cierre el paso.     
 
 Ya.    10/12/1976.  Página: 7-8. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Los tigres jóvenes: Nadie les cierre el paso

CAMINAMOS hacia la democracia, pero ¿con quién? Salímos de un régimen autoritario, cierto, donde algunas—muchas—de las libertades propias del hombre estaban suprimidas o en hibernación, lo cual es aberrante para cualquier hijo de Dios, pero ¿a qué estación final nos dirigimos? Porque estaria bonito, a lo que es infinitamente peor, seríá una burla trágica que pasásemos de una dictadura o otra dictadura, con una, breve, brevísima parada, en una, estación intermedia llamada Democracia.

DIGO todo esto, acuso este montón de perplejidades que me asaltan, porque acabo de oír a uno de nuestros más caracterizados y respetados socialistas que la democracia liberal hacia la que vamos no es para ellos sino una etapa necesaria para alcanzar la "democracia socialista", es decir, la dictadura del proletariado, aunque ahora esta expresión se 1e haga desaparecer del léxico marxista.

Entonces me pregunto, ¿que sentido tiene que toleremos, mentalmente hablando, ese juego? Porque somos legión, o yo quiero hacerme la ilusión de que somos legión, los hombres libres que rechazamos cualquier clase de librea, los que abominamos de toda suerte de intolerancias y tanto nos da que se nos ponga esta o aquella camisa de fuerza.

ES coherente el razonamiento de los líderes marxistas, que ahora ya, no tienen pelos en la lengua, cuando afirman que el sistema democrático liberal es solamente un vehículo para el tránsito que propician.

ES coherente también que otros señores, en la línea

contraria, sean consecuentes con sus ideas y las defiendan con gallardía, aunque esas ideas parezcan hoy estar fuera de órbita. ¿Por qué, a santo de qué vamos a escandalizarnos cuando hablan a su aire don Blas Piñar o don Raimundo Fernández Cuesta, manteniendo posiciones que en gran parte están avaladas por su trayectoria personal y, por el contrarío, vamos a permanecer mudos ante las palabras del profesor Tierno?

¿Es que son unos, ahora, más respetables que otros? Dios nos perdone, pero si tal hiciéramos cometeríamos el mayor de los dislates y la más grave de las injusticias.

NO nos engañemos. Una cosa es la social democracia al modo alemán—como he podido constatar en su propia salsa—, o al modo inglés, al estilo europeo, en suma, y otra muy distinta el marxismo que no renuncia—y no tiene por qué renunciar—a SuS postulados.

Las "democracias socialistas" y, en general, todas las democracias a las que se cuelga un apellido desvirtuador, ya sabemos en lo que paran. Basta con echar una ojeada al mapa de la Europa del Este o a

Emilio NIVEIRO

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(Continúa en página sigte.)

10-XII-76

LOS TIGRES JÓVENES

(Viene de la pág. anterior)

alguna querida isla del Caribe para saber qué atenerse.

Juguemos limpio y claro para que no haya trampa de ninguna especie que nos ofusque. Tan dictaduras son los regímenes militares o militaristas, como los otros donde hasta el Ejército está a las órdenes de la burocracia del partido y el hombre total, en ambos casos, reducido al silencio.

"No he de callar, por más [que con el dedo silencio avises o amenaces mie[do..."

Quevedo, el señor De la Torre de Juan Abad, el caballero de Santiago, el intrigante y agudo cojo inmortal, lo dejó dicho hace siglos, y sus palabras liguen vivas.

ABRAMOS los ojos de una vez loa españoles innumerables que aspiramos a edificar una democracia donde convivan el orden, la autoridad y la libertad. ´No seamos ingenuos, porque el único pecado que no se perdona´ en la política es ése: el de la ingenuidad.

El Rey, su Gobierno y las Cortes, con un patriotismo que ni los más empedernidos podrían negar, acaban de abrir un portillo a la esperanza y a la concordia nacional. No estropeemos, entre unos y otros, ese admirable encaje, que es, como to-, da obra humana, perfectible en el correr de los días. El paso dado ha sido gigantesco. Y, seguramente, el más amplio que en estos momentos podía darse. Demos tiempo al tiempo y pensemos, siquiera durante unos momentos, que la situación actual era inimaginable hace tan sólo pocos meses. Y por añadidura, una situación conciliadora.

POR eso me indigna que, bajo diferentes pretextos, se alcen voces aquí y allá diciendo que no basta. i Qué es lo que no basta? ¿O se pretende que el poder se deslice por una continua rampa de claudicaciones y que abra el toril para que el toro rojo de la ira se haga dueño de la plana ?

Estamos saliendo milagrosamente y pacíficamente de un sistema al que con razón, y desde sus más leales trincheras, se calificó de irrepetible. Estamos mudando la piel del país en la más difícil y arriesgada de las operaciones. Estamos ganando el respeto del mundo. ¿Hace falta más? ¿Hay quien dé más a tan bajo precio?

El pueblo tiene ya la palabra. El pueblo dirá, con tu voz más auténtica, lo que quiera decir. Y todos acataremos su veredicto. ¿TodosT Espero que asi sea para bien de España. Espero que no volvamos a las andadas y que la dramática historia española, tejida de sediciones y pronunciamientos, se haya enterrado de una ven para siempre.

El espectro político se va, gracias a Dios, organizando y clarificando. Hace falta una derecha congruente y firme. Un centro que sepa estar en su sitio. Una izquierda que lo sea de veras en sus programas sociales, pero que no abdique de su condición nacional. Y me parece que, más o menos, las fuerzas reales ya están perfiladas o en vísperas de aglutinarse. El pueblo, a la vista de esas opciones, decidirá con su voto, civilizadamente, el rumbo que desea.

Y todo ello, naturalmente, en nombre de la democracia, sin adjetivos, a que todos aspiramos. Y todo ello—lo contrario sería el más despiadado de los sarcasmos—sin que se arroguen la facultad de dispensar certificados demócratas los que no lo fueron nunca ni lo serán mientras no cambien de creencias.

En España, señores, estamos aprendiendo quisa por vez primera la asignatura de la democracia, pues si hacemos riguroso examen de conciencia, demócratas, lo que se dice demócratas españoles, en el pleno rigor de la palabra, no los hubo nunca, o, si los hubo, podrían contarse con los dedos de una mano.

SERA posible que quepamos todos en el mismo cesto sin andar a la greña? Si he de ser sincero confesaré que esa tarea, ímproba y hermosa, para llegar a buen puerto, necesitará de nuevos líderes y de nuevos rostros. Y bien sabe Dios que los hay. En buena parte, ocultos todavía, callados todavía, pero ahí mismo: aparentemente dormidos los jóvenes tigres, como decía Ortega, pero dispuestos a emerger a la primera oportunidad. Una oportunidad, por otro lado, a la misma vuelta de la esquina. Nadie les cierre el paso.

Emilio NIVEIRO

 

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