Cuatro desconocidos le dispararon cuando bajaba de su vehículo. 
 El general Agustín Muñoz Vázquez, asesinado en Madrid a la puerta de su domicilio     
 
 El País.    06/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Cuatro desconocidos le dispararon cuando bajaba de su vehículo

£1 general Agustín Muñoz Vázquez, asesinado en Madrid a la puerta de su domicilio

El general de brigada Agustín Muñoz Vázquez fue asesinado ayer, a las tres de la tarde, a la puerta del

domicilio de una de sus hijas, cuando se disponía a bajar del coche oficial en que viajaba en Madrid.

Según testigos presenciales, el general había puesto un pie en tierra, mientras el soldado que le

acompañaba sostenía la portezuela del coche, cuando un joven se acercó y, sin mediar palabra,

disparó cinco tiros a muy corta distancia, que le causaron la muerte instantánea. Los autores del atentado

huyeron en un Seat 127 aparcado en las cercanías, mientras el chófer, ayudado por el portero de la finca,

introducía el cuerpo del general en su automóvil y le conducía a un ambulatorio cercano, donde ingresó

ya cadáver.

El general Muñoz Vázquez hacía apenas dos meses que se encontraba en Madrid, tras ser nombrado ¡efe

de ta intendencia general del Ejército de Tierra. Como casi todos los días, acudía al domicilio de una de

sus hijas, en el número 46 de !a calle de Joaquín García Morato. A las tres de la tarde, el portero del

inmueble de la finca se disponía a comer cuando oyó los disparos. Salió apresuradamente y sólo llegó a

tiempo de ver el cuerpo caído del general en el asiento trasero. Algunos testigos y el mismo chófer

contarían después que el general no tuvo tiempo de descender del vehículo, por la rapidez con que el

atentado se llevó a cabo. Los disparos fueron certeros, como lo demuestra que ni siquiera los cristales del

vehículo resultaron dañados.

Los agresores tenían aparcado otro coche a pocos metros, en la esquina de García Morato con Rafael

Calvo. Recorrieron un trayecto muy corto, ya que el vehículo se encontró poco después aparcado frente a

un taller de reparaciones de la segunda calle citada. Las llaves de contacto se encontraron debajo del

asiento del conductor, y se comprobó que el vehículo era robado.

Mientras tanto, el chófer pidió ayuda al portero y a los transeúntes, y entre todos acomodaron de nuevo el

cuerpo del general en el asiento trasero. Le condujeron en su mismo vehículo a la casa de socorro de

Chamberí, situada en el número 6 de Rafael Calvo, donde ingresó ya cadáver. El coche quedó aparcado

en una pequeña entrada interior. El médico de guardia se apercibió de ¡a imposibilidad de prestar ayuda al

general y. en cumplimiento de las ordenanzas vigentes, no tocó el cuerpo para nada, limitándose a

cubrirle con una manta.

Allí permaneció hasta las cuatro y media de la tarde, momento en que acudió un coche oficia) del juzgado

de guardia, con el médico forense y el juez de instrucción para levantar acta del fallecimiento.

Capilla ardiente en el Gómez Ulla

Cerca de las cinco de la tarde, ya cumplidas las diligencias legales, se permitió el traslado del cuerpo del

general a una ambulancia municipal, escoltada por dos motoristas, un vehículo del Ejército de Tierra y

otro de la Policía Nacional, que le condujo al hospital militar Gómez Ulla, lugar donde se instaló la

capilla ardiente.

La zona donde se desarrollaron los hechos cuenta habitualmente con una fuerte vigilancia habitual de la

policía. Al principio de García Morato se encuentran las dependencias del documento nacional de

identidad, y en la calle de Rafael Calvo, ya cercana con Miguel Ángel, están instaladas las oficinas de

expedición de pasaportes. A su vez. en la calle de Miguel Ángel está situado el edificio de la Escuela

Superior de Policía. Además, el público siempre es numeroso a la altura del 46 de García Morato.

A las tres de la tarde deambulaban por allí gran número de transeúntes, muchos de ellos jóvenes que

estudian en el colegio murista. situado también a unos cien metros, en la caite de Rafael Calvo. Dos de

estos jóvenes parecen ser los testigos más importantes con que cuenta la policía, además del chófer, ya

que pasaban justamente por la esquina cuando se produjeron los disparos y tuvieron tiempo de anotar la

matrícula del vehículo utilizado en la huida.

Las declaraciones del resto de tos testigos son confusas, por la rapidez de los acontecimientos. Parece

seguro, sin embargo, que el atentado lo cometieron cuatro jóvenes, y que el autor material de los disparos

fue un hombre joven vestido con pantalones y cazadora de color marrón, de pelo moreno y con gafas.

Absolución "sub conditione"

La zona estuvo durante más de tres horas plagada de curiosos que recaban datos de los pocos testigos

presenciales que quedaban en las inmediaciones. Un sacerdote de la cercana parroquia de Santa Teresa.

Jesús González, acudió a los pocos minutos a la casa de socorro para prestar a la víctima los auxilios

espirituales. El sacerdote absolvió al general Muñoz Vázquez sub conditione y rezó un responso, que fue

contestado por los policías que montaban guardia.

El citado sacerdote declaró después a los periodistas que el cuerpo del genera! había sangrado

abundantemente y que pudo apreciar un orificio de bala que entraba por el cuello y salía por la nuca,

aunque no supo decir si tenía heridas en otras partes del cuerpo.

Un fuerte contingente de policías acordonó y cortó el tráfico por Rafael Calvo, obligando incluso a los

viandantes a cambiarse de acera o rodear la manzana. En ningún momento se permitió a los periodistas

acercarse al vehículo, y se produjeron algunas discusiones entre aquéllos y fotógrafos. Tres de éstos se

vieron obligados a entregar los carretes de sus máquinas, por haberse acercado demasiado. Mientras el

cuerpo del general permaneció en la entrada de la casa de socorro, se registró la llegada de vaios oficiales

de alta graduación del Ejército de Tierra. Una de sus hijas acudió andando, al conocer la noticia,

visiblemente afectada. A las seis de la tarde subió a su domicilio acompañada de algunos familiares.

Según fuentes de la policía, los autores del atentado se encuentran aún en la ciudad, y es posible que se

alejaran de la zona utilizando el Metro. Aun así. las salidas de Madrid por carretera fueron cortadas, y se

han instalado varios controles policiales.

EL PAÍS, martes 6 de marzo de 1979

 

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