Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   La televisión     
 
 ABC.    18/12/1976.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

18 DE DICIEMBRE DE 1976.

La TELEVISIÓN

EL Gobierno, que ha probado en algunas de sus acciones bastante flexibilidad, deberá plantear** et

problema político de la televisión como algo público, no tolo «hacia» el público. Respecto a la publicidad

del referéndum •• vio que el exceso de Información era, en realidad, una falta de Información. En este

sentido la campaña ha resultado mediocre y de mal gusto, precisamente porque los aspectos comerciare*

«e Impusieran a la cuestión de fondo. Ya he hablado de esto. Ahora insisto porque ese potente medio

podrá alcanzar en el juego proelectoral una Importancia decisiva, teniendo en cuenta, en el mejor de los

caaos, que la objetividad también vende, ya que es posible Imprimirle un sentido. La apelación al sufragio

universal llevaba enroscada en la base la propuesta del «si», con lo qua vimos, [unto a la conveniencia del

sufragio, el naufragio universal de la objetividad, í Otra cosa es *l beneficio político del «si», E) conjunto

det beneficio y del procedimiento seguido para conseguirlo se llama despotismo (luetrado. Ciertamente

que el «si» ha dejado «n la cuneta toda una historia de ventrílocuos y, por lo pronto, ha generado, entes de

las cuarenta y ocho horas, una racional manifestación da policías y de guardias civiles en pro de sus

derechos y de «u Imagen. Eso hubiera sido Impensable durante loa cuarenta arto* de «no* que hemos

vivido. Pero es que ahora vienen las elecciones.

El problema político de la televisión es da control. Sería necesario un consejo de asesores, o como quiera

decirse, Independiante del Poder y, por supuesto, de los «servicios técnicos» de la televisión, al que

previamente hubiesen otorgado su aquiescencia todos los partidos políticos. Pero mientras la asesoría del

medio está compuesta por sus propios funcionarlos, los | cuales se alienen a un reglamento in | tortor, la

objetividad estará siempre en | entredicho y, además, al servicio del | Gobierno y de sus pactos más o

menos | unilaterales. I

ORIOL

rr> ODA tragedla es total en si misma. Y esta del secuestro del señor Oriol lo es. Cuando escribo, j|

•u vida depende aún de una oura arbitrariadad sin sentido, aunque ce perclba una tenue luz. A pesar de

todo, los i españoles del «sí» deben negarse, en cualquier caso, a ver en este suceso una tragedla de

proporciones nlstóricas capaz de anular la esperanza hlstórica. La Injusticia humana, y política, de

este suceso no desencadenará mis tragedia púbHca que la que logre i

Imponer una voluntad ciega y trágica. |

La malévola sugestión del reflejo con diclonado aflora ya, como una Injusticla tan grande como la del

secuestro, por los subterráneos del «no».—

CANDIDO. (

 

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