Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    31/12/1976.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Fernando ONEGA

El Péndulo

No siempre lo política ayuda a despedir con brindis un año. Pero esta vez, sí. Esta vez, el ario

más largo, el año más complicado, el año de más tensiones, tuvo un punto final de tupo: la última recta

hacia la unidad de jurisdicciones. Cinco meses después de que el Gobierno la anunciase en su declaración

programático, ayer se decidió la supresión del Tribunal de Orden Público, que. venía a ser algo asi como

una incrustación de ta política en la función ¡«fleto!. El TOP muere como murieron muchas cosas en este

país conocieron— en los últimos doce meses: después óe una gran presión de tas portes interesadas, que

fue acogida favorablemente por un Gobierno que, cuando menos, sabe escuchar.

El año 1976 se marcha, pues, con un signo: el signo de una sinceridad mínima para comenzar a andar por

la senda democrática. Los Tribunales especiales no eran el mayor obstáculo, pero sí uno de ettos. Los

principios de Independencia y unidad de ta Justicia son tan dmiientales para la normalidad de un país, que

apenas hace fatta referirse a ellos una vez conseguidos. Naturalmente, tos avances con que el Gobierno

endulza ia boca de tos españoles en víspera de Nochevieja, no terminan ahí. Y aunque no Hegó la

esperada noticia de la desaparición de las causas que suponen todavía (a supervivencia de diferencias

entre ios ciudadanos (léase amnistia), hay. otro dato para la normalización: el poso de las causas que se

siguen por terrorismo a la jurisdicción ordinaria.

De momento, se están complaciendo peticiones que venían de antiguo, incluso del Régimen de Franco.

Son peticiones que se habían hecho en la Prensa, en congresos, en colegios profesionales. Ninguna en las

instituciones políticas clási cas. Use el lector el dato para los fines que considere convenientes, pero

anótese ta circunstancia: cuando flama a la puerta un nuevo año con tarima de presentación de t

apasionante», todavía se está viviendo de ios impulsos de k> calle. Si dentro de trescientos sesenta y

cinco día* el balance fuese el de que ia legalidad se hubiese puesto por delante de fa presión social,

podríamos decir que habíamos dado el gran satto. Es una espe ronza, como otra cualquiera, ante la noche

de un San Silvestre prederoocrático.

Pero vayamos al grano: sin necesidad da ningún indulto ni aplicaciones especíales.

don Santiago Carrillo descubrió ayer la hiz de Madrid sin peluca. Salió de Carabanchel con una módica

fianza: trescientas mil pesetas. Los teletipos recordaban a los ciudadanos que ei funesto año 1969 había

tenido, al menos, un factor que hoy sirve para reconciliamos: la preaciipción de los delitos anteriores al

final de la Guerra Civil. Una cosa son los sentimientos personales y otra la ley. En el caso de don

Santiago Carrillo parece que ésta se aptfeó con sumo rigor, como a cualquier otro chiuadano. El Gobierno

se había desentendido parcialmente del tema, según se desprende de unas palabras de Adolfo Suárez a

Bonifacio de la Cuadra. Funcionaron los jueces, y el hecho debe considerarse —repito que al margen de

muy respetables sentimientos personales— como un síntoma mas de normalidad. Y, naturalmente, la

acción de la Justicia no termina en la libertad condicional.

Lo que se puede observar, en cambio, como puntualiza Marcelino Camacho, es que desaparece uno de ios

obstáculos para las negociaciones Gobierno-oposición, que parecían entrar en vía muerta después de la

última reunión da «los nueve*. Ahora, nada aparentemente insalvable se opone entre las conversaciones

de quienes ostentan el poder y de quienes aspiran a ocuparlo.

Mayor obstáculo, para tm inmediato y urgente futuro electoral, es lo que acaba de revelar la revista

«Opinión»: casi la mitad de los españoles no conocen, o no recuerdan, el nombre de ningún partido

político. ¿Así estamos ante una letra que puede vencer antes de cinco meses? Asi estamos. En el fondo ea

una enorme tranquilidad: la tranquilidad de que para e¿ ciudadano medio los políticos y quienes

escribimos sobre políticos hemos estado tocando música celestial. Por no decir otra cosa.

Fernando ONEGA

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