Autor: Muguerza, J. R.. 
 Dos encapuchados efectuaron doce disparos. 
 Atentado frustado contra el dueño de un bar de Lejona  :   
 Un cliente fue herido en un brazo. La bala alcanzó también a la mujer del comerciante. 
 ABC.    22/09/1979.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DOS ENCAPUCHADOS EFECTUARON DOCE DISPAROS

ATENTADO FRUSTRADO CONTRA EL DUEÑO DE UN BAR DE LEJONA

Un cliente fue herido en un brazo. La bala alcanzó también a la mujer del comerciante

Bilbao. 21. (De nuestro corresponsal.} «Mi única política es trabajar para poder comer. No estay

vinculando a ningún partido político.» «Desconozco los motivos de este hecho y pienso que sí ha sido la

ETA, se ha equivocado de persona. El que a un establecimiento público vengan policías no es razón para

atentar contra la vida de una persona.»

Con estas palabras comenzó a explicarnos Indalecio Gomez Diez, propietario de! bar Tito, de Lejona

(Vizcaya), el atentado sufrido minutos después de las dos de la madrugada cuando dos individuos

encapuchados y armados con pistolas le dispararon repetidas veces en el momento en que se encontraba a

la puerta del comercio. Instantes después y cuando Indalecio se había refugiado en el Interior del bar, uno

de les encapuchados volvió a disparar hiriendo en el brazo a un cliente une intentaba refugiarse. El

proyectil, que produjo orificio de entrada v salida, afectó a la caja registradora, alcanzando de rebote el

cuero cabelludo de Carmina Vidal, esposa de Indalecio. En el lugar de les hechos la Policía recogió dos

casquillos de nueve milímetros Parabellum S. F.

«LAS BALAS ME PASARON SOBRE LOS HOMBROS»

«Serían las dos menos cuarto de la mañana y me disponía a cerrar el bar. En él había dos clientes que les

indiqué tomaran la última copa», nos decía el dueño del bar. «Salía la calle con el propósito de meter la

moto. Había quitado el plástico puesto para protegerla del agua y me disponía a hacer otro tanto con el

candado. En esos momentos escuché unas detonaciones. Creí que eran cohetes, pero al levantar la cabeza

observé fogonazos y olor & pólvora. Fue entonces cuando vi a los jóvenes que a unos siete metros, y

junto al número siete de la misma calle íturribide, armados con pistolas, disparaban contra mí. Las balas

me casaron sobre los hombros, y yo sin pensarlo, me arrojé al suelo. Dando vueltas entré en el bar y grité:

"Que nos van a matar." Seguidamente corrí a la cocina y apagué los interruptores de la luz. Cuando estaba

haciendo esto escuché un nuevo disparo. Miré al exterior y vi a uno de los encapuchados junto a la puerta

con la pistola apuntando hacia dentro. El disparo había alcanzado a uno de los clientes que intentaba

refugiarse tras el mostrador. El proyectil, que le causó orificio de entrada y salida, pegó en la caja

registrado a para, de rebote, rozarle en la cabeza a mi mujer.»

«NUNCA HABÍA RECIBIDO AMENAZAS»

Indalecio Gómez Diez, nació en la localidad burgalesa de Santa Cruz, Cuenta en la actualidad con treinta

y nueve años de edad. Está casado y tiene una hija. Lleva al frente del bar. único medio de vida, ocho

años. «Durante todo este tiempo Jamás tuve problemas y nunca había recibido amenazas. He respetado a

todo el mundo y me respetaron a mi.»

«HE TENIDO MUCHA SUERTE»

«La herida es limpia y no afecta a órganos vitales. Sin duda que he tenido mucha suerte», manifestaba

Joaquin Doyarán Irabudúa. natural y vecino de Lujua, herido por impacto de bala.

«Habíamos ido dos amigos a tomar un filete al bar y estábamos tomando una copa para irnos a casa. No

somos clientes fijos, pero alguna vez pasamos por el bar. Serían las des menos cuarto e Indalecio nos

señaló que iba a meter la moto para cerrar. Cuando estaban fuera escuchamos unas detonaciones.

Seguidamente entró gritando que nos iban a matar y que nos escondiéramos. Apenas reaccioné salté la

barra para esconderme. En esos momentos escuché un disparo y una punzada en el brazo. Sangré bastante

y me llevaron al hospital, donde, tras curarme me dijeron que podía irme a casa. De seguro que me

confundieron con Indalecio. El bar estaba muy oscuro y al estar tras la barra quien disparó pensaría que

yo era su objetivo.»—J. B. MUGUERZA.

 

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