GRAPO: Aclarar el misterio     
 
 Diario 16.    16/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GRAPO: Adarar el misterio

En estas páginas hemos denunciado repetidas veces la ineficacia policial. Ha habido numerosas ocasiones

en que, efectivamente, las gestiones policiales contra los terroristas han fracasado estrepitosamente. Pero

no hemos dejado de reconocer los aciertos cuando ha habido lugar a ello, y debemos felicitarnos ahora

por la espectacular operación contra el GRAPO conocida este fin de semana por informaciones del

Ministerio del Interior, poco después de otra acción también concluida con éxito frente a ETA.

Ayer mismo, en la primera aproximación editorial al tema, decíamos que estos resultados contribuyen a

«restablecer la confianza del ciudadano medio en unos Cuerpos de Seguridad cuya eficacia había quedado

muchas veces en entredicho». La primera consecuencia de las detenciones es su efecto en favor de la

distensión y el apaciguamiento de una sociedad preocupada y nerviosa por el desafío terrorista. Y ello es

de un valor inapreciable cuando se teme un gran atentado en las vísperas de los referéndum autonómicos

del próximo día 25.

Las dos operaciones tienen distinta relevancia. El golpe dado a ETA es un capítulo más de una larga

historia cuajada de más derrotas que victorias desde el punto de vista policial. La batalla ganada al

GRAPO, por el contrario, podría ser uno de los últimos episodios en la agitada y corta vida de esta

extraña y activa organización, la cual ha sufrido más bajas desde la jubilación del polémico agente

Roberto Conesa que durante toda su gestión.

Aunque la Policía se ha apresurado a decir que el GRAPO no está desarticulado, ya que eso «depende de

la capacidad de reorganización y el proselitismo que realicen y de su aislamiento por la sociedad», todo

hace suponer que el golpe ha caído sobre la extraña organización en un momento crucial. Desde la caída

de Pedro Tabanera y Manuel Parodi, a mediados de agosto, todas las impresiones convergían en un

convencimiento: el GRAPO pasa por el peor momento de su historia. Por eso, posteriores intentos

terroristas fueron espectaculares fracasos que acabaron en la detención de alevines pistoleros. Y por eso

todos los esfuerzos policiales fueron encaminados a la captura de José María Sánchez Casas, el gran

cerebro.

Con la detención de Sánchez Casas y un nutrido grupo de correligionarios, el GRAPO debería hallarse,

pues, en sus últimas. Este es el momento en que deberemos saber si, efectivamente, Sánchez Casas, que

ha sido durante meses la obsesión de la Policía española, es o era el vértice de la organización o si, por el

contrarío, alguien más, por encima de él, sigue ordenando la actuación de ¡os oscuros terroristas que

buscan acabar con la democracia española y que nadie sabe quién los arma, quién los entrena y quién los

mantiene.

Espectacular y tranquilizadora operación policial, sí. Pero ahí no acaba todo. La sociedad española, que

está mentalizada en esa incógnita obsesiva sobre los GRAPO, necesita ahora que se siga aclarando el

misterio. No puede quedar todo en la detención y en el juicio de los terroristas. Hay que ir al fondo, ahora

que se tiene la oportunidad, ahora que es el momento de averiguar qué gato encerrado hay tras las siglas

del grupo que nadie sabe tampoco cómo nació. Ahora es el momento de llegar hasta el final. Nosotros, ya,

estamos esperando noticias.

 

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