Autor: Beltrán, Lucas. 
   Seis nombres para una visión de Cataluña     
 
 Ya.    22/12/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

22-XII-76

SEIS NOMBRES PARA UNA VISIÓN DE CATALUÑA

Este es el articulo publicado en "La Vanguardia", de Barcelona 2 de septiembre

de 1976) por el que su

autor, el economista don Lucas Beltrán, ha ganado el primer premio Manuel Aznar,

instituido por la

agencia Efe, tal como anunciamos ayer. El jurado estaba integrado por don Luis

María Ansón, presidente

del Consejo de administración de la agencia Efe; don Manuel Halcón y don Emilio

García Gómez,

designados por la Real Academia Española; don Nemesio Fernández-Cuesta, en

representación de Prensa

Española, editora de "A B C"; don Javier Godo, en representación de Talleres de

Imprenta, editora de "La

Vanguardia"; don Aquilino Morcillo, por Edica, editora de YA, y don Vicente

Gallego, por la Federación

Nacional de Asociaciones de la Prensa. Actuó como secretario del jurado, sin

voto, don José Ruiz de

Valdivia, que lo es del Consejo de administración de la agencia Efe.

AL cumplirse un siglo de su nacimiento, la figura se ha alejado y va adquiriendo

perspectiva histórica.

Al viajero que atraviesa un grupo de montañas, la proximidad le impide ver

cuales son las cumbres más

altas; cuando se separa de ellas y las contempla en lontananza, lo ve con

claridad. Los casi treinta años

transcurridos desde la muerte de Cambó han precisado su figura y creemos que la

han agrandado. Las

izquierdas catalanas, que tanto le combatieron, empiezan a emocionarse con su

recuerdo. En los últimos

tiempos hemos oído varias veces a los amigos y partidarios de algún Joven

político catalán que trataban

de convencernos de que éste tenía gran talento y dotes de gobierno: "Es el

sucesor de Cambó" o "es el

Cambó de nuestros días". Es un lugar común, que Cambó tenia una fuerte

personalidad. Su Irrupción,

primero en la política catalana, después en la general española, cambió la

atmósfera política de Barcelona

y de Madrid. El final del turno pacifico en el poder de los partidos conservador

y liberal, que había creado

Cánovas, fue obra principalmente de Cambó. Hemos oído explicar a testigos

presenciales cómo sus

discursos transformaron el estilo oratorio del Congreso de Diputados: a

principios del siglo actual

perduraba en él la grandilocuencia un poco vacua de Castelar; Cambó, con sus

discursos de apretados

razonamientos, esmaltados de cifras, obligó a los demás diputados a seguir su

ejemplo, con más o menos

entusiasmo.

Pero no utilizó su fuerte, dialéctica, su gran capacidad de trabajo, para

Inaugurar una línea política

nueva, personal; se Inscribió disciplinadamente en una tradición multisecular,

tratando de actualizarla y

darle virtualidad. Se convirtió así en un continuador de la que podemos llamar

escuela política centrista

catalana, la cadena de pensadores y hombres de acción, cuyos nombres más

representativos en los dos

últimos siglos han sido Antonio de Capmany, Ramón Lazaro da Dou. Balmes, Mañé y

Flaquer y Margall.

Sin duda podríamos buscar antecedentes más antiguos a esta línea de pensamiento

y llegar al siglo XVII,

con Fontanella, y a la Edad Media, con los escritores políticos de aquellos

siglos; también podríamos

intercalar entre los cinco nombres citados, y entre ellos y el de Cambó, otros,

como los de Duran y Bas,

Torras y Bages y el doctor Robert Pero todo ello nos obligaría a complicar y

matizar nuestros razonamientos; nos parece preferible ceñirnos a los cinco

nombres citados más el de Cambó.

Es obvio que estos seis hombres se diferenciaron en sus temperamentos y

actividades, que sus Ideas no

coincidieron exactamente. No obstante, parece claro que forman una corriente de

pensamiento. Tratemos

de precisar los puntos más destacados de la misma.

En todos estos hombres brilla el amor y el espíritu de servicio a Cataluña: a su

lengua, a su historia, a sus

Instituciones jurídicas, a su economía. Este amor y cate espíritu de servicio

fueron vivísimos en todos

ellos, incluso en aquellos que puedan parecer mis fríos a qui«n no los haya

leído bastante; Balmes y Mañé

y Flaquer sintieron una adhesión a Cataluña comparable a la de Maragall y Cambó.

Pero, asimismo,

fueron partidarios entusiastas de la unidad y grandeza de España. La Idea de

romper los vínculos que desde tantos siglos han unido a Cataluña con el resto de

España les pareció absurda y nefasta. Y no sólo

los vínculos políticos, sino también los afectivos. Ha habido nacionalistas

catalanes que, rechazando el

separatismo, han propugnado una organización del Estado español como una fría

asociación de

nacionalidades; según ellos, los catalanes habrían de reservar su amor y

entusiasmo para Cataluña, y lo

mismo habrían de hacer los vascos, los gallegos, los castellanos y tal vez los

andaluces con respecto a sus

regiones respectivas; el Estado español seria una mera entidad política y

administrativa. No era ésta la

concepción de nuestros seis autores; para ellos, la unión de loa catalanes ha de

ser cordial y afectiva; pero,

asimismo, ha de serlo la de todos los españolea. Sobre esta materia, Maragall

escribió versos y

artículos y Cambó pronunció discursos que están en la memoria de todos.

LOs seis autores mencionados fueron católicos convencidos y fervorosos. (También

Cambó, aunque

no es ésta la Impresión general.) Creía que Cataluña y España eran cristianas en

el sentido de que casi dos

mil años de predicación del cristianismo influyen profundamente en un pueblo, y

lo hacen

fundamentalmente distinto de otro que no lo haya sido nunca, como Japón o

Birmania. Pero comprendían asimismo que, por las razones que sean, hace siglos

que la adhesión Intelectual al cristianismo y

la vigencia práctica de ésta en Europa están en retroceso, y que el gobierno de

los pueblos ha de tomar

este hecho en consideración. La libertad de conciencia proclamada por el

Concilio Vaticano II fue ya

mantenida por ellos en una u otra forma, en general, en forma cada vez más plena

con el paso del tiempo.

Lo que hemos llamado escuela centrista catalana estaba animada por un fuerte

espíritu conservador.

Comprendía el valor de las tradiciones y de las Instituciones vigentes; sabia

que nuestra civilización «a un

fruto difícil, que puede perderse. Pero nada mas lejos de ella que el

inmovilismo. Comprendía, con no

menos perspicacia, la necesidad de renovación; de estar atento en todo momento a

los cambios de la

economía y del mundo de la realidad en general, y de adaptar a ellos las

Instituciones y las leyes políticas.

Finalmente, los seis autores citados presentan una mezcla da idealismo y sentido

práctico. Una mezcla

que con frecuencia sorprendió, que no siempre fue bien comprendida, que les

valió ataques. Todos ellos

fueron Idealistas, es más, podría decirse que fueron románticos, entre otras

razones, por la cronología de

sus vidas. Capmany y Dou escribieron en los años de formación del Romanticismo;

Balmes y Mañé y

Flaquer fueron contemporáneos de este movimiento espiritual; Maragall y Cambó

son dos posrománticos.

Pero la fe de todos ellos en grandes ideales, a veces remotos, no les hace

perder en ningún momento el

sentido de la realidad: hay que servir los ideales, pero no imaginar que ya han

triunfado, ni tan sólo que

su triunfo será cosa fácil. Todo» ellos, sin duda, habrían hecho suya la frase

de Cánovas: "La política es

el arte de realizar, en cada momento de la historia, aquella parte del ideal que

las circunstancias hacen

posible."

Catalanismo e hispanismo, catolicismo y liberalismo, conservadurismo y espíritu

de renovación.

Idealismo y pragmatismo. Estas Ideas han presidido el pensamiento de los autores

que hornos citado

durante casi dos siglos de nuestra historia. Su combinación, en forma que

resulten operativas, no es fácil;

constituyen un conjunto complicado. Pero, ¿no es complicado el mundo en que

vivimos? ¿No lo es nuestro

país? Serla poco razonable esperar que uno y otro pudieran ser regidos con

fórmulas simples.

Cambó puso su aguda Inteligencia, su original personalidad, su empuje vital al

servicio de esta línea de

pensamiento. Trató de actualizarla, de lograr que tuviese en Cataluña y en toda

España la mayor

influencia posible. El Joven político catalán que quiera ser su verdadero

sucesor habrá de hacer lo mismo.

Lucas BELTRAN

 

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