Amando de Miguel, en el C. M. Chaminade. 
 "El terrorismo, fenómeno previsible en una sociedad permisiva y hedonista"     
 
 ABC.    10/05/1980.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

A B C. SÁBADO. 10 PE MAYO DE 1980.

AMANDO DE MIGUEL, EN EL C. M. CHAMINADE

"El TERRORISMO, FENÓMENO PREVISIBLE EN UNA SOCIEDAD PERMISIVA Y HEDONISTA"

El terrorismo es un fenómeno social previsible en una sociedad de consumo, permisiva y hedonista que,

en lugar de fomentar una ética del trabajo y de la austeridad, fomenta ¡a irresponsabilidad juvenil y una

personalidad narcisa e inmadura», ha manifestado a Efe e! sociólogo Amando de Miguel.

Amando de Miguel ha inaugurado un ciclo de conferencias sobre este tema en e! Colegio Mayor

Chaminade, con una charla sobre «Terrorismo, narcisismo y televisión».

En su opinión, el terrorista no es una persona extraña o anormal, a quien se deba atacar con condenas,

sino más bien una personalidad que surge cuando se juntan una serle de circunstancias; de ahí que se

dé en determinados países y no en otros.

«Responde, por tanto —explicó—. a una serie de concausas perfectamente detestables como son el

fanatismo, la desesperación y una personalidad inmadura o narcisista, que si se juntan harán Amando de

Miguel surgir el terrorismo como una flor natural."

«En la desesperación —añadió-»— o cuando determinados aspectos de la vida social no son negociables

como ocurre con elementos simbólicos (banderas...) o cuestiones absolutas (identidad, raza, etc.)—, se

llega a posiciones de todo o nada, de desprecio de la vida, y a conseguir un fin último a cualquier precio.»

Amando de Miguel, que ha estudiado en uno de sus libros —«Los narcisos»— este tipo de personalidad,

afirma que el terrorista tiene un tipo de personalidad narcisista, es decir, poco madura y adolescente,

ególatra y exhibicionista, que le hace ser irresponsable. porque se cree el fin del mundo.

De ahí —señaló— que el sentirse héroe momentáneo le produzca una especia de «regodeo místico."

Determinados terroristas son narcisos extremos y, por ejemplo, no tratan tanto de erradicar al contrario o

de vencerlo, sino más bien de «reivindicar el atentado».

 

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