Misteriosos, asesinos, turbulentos GRAPO     
 
 El País.    03/09/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN

EL PAÍS, miércoles 3 de septiembre de 1980

Misteriosos, asesinos, turbulentos GRAPO

SON NUMEROSOS los indicios que hacen suponer que el asesinato del general de brigada Briz

Armengol ha sido obra de los GRAPO, esa misteriosa organización terrorista que suele ser desarticulada

definitiva y totalmente al menos una vez afano por el Conesa de turno y acostumbra resurgir, como

siniestra ave fénix, de sus cenizas con parecida regularidad para matar a sangre fría.

La última oportunidad brindada a los GRAPO para desmentir la partida de defunción extendida

apresuradamente por el Gobierno sobre esas siglas fue la inaudita huida de la cárcel de Zamora, el pasado

28 de diciembre, de cinco de sus más destacados activistas, en un episodio cuyos exactos detalles están

todavía por aclarar, y del que tan sólo quedó claro el decidido propósito del ministro de Justicia de lavarse

las manos a propósito de las eventuales responsabilidades de su departamento. Al menos en esta ocasión,

la difícil plausibilidad del mito del eterno retorno de esta banda de filiación políticamente desconocida ha

tenido la cobertura de la fuga.

El misterio en torno a los Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre, supuesto brazo

armado de un grupo comunista-marxista-leninista -revolucionario-ortodoxo-drástico reconstituido, del

que lo único seguro es que carece de una mínima implantación social, comienza con su propio

nacimiento. Tras los fusilamientos de finales de septiembre de 1975, y mientras la plaza de Oriente servía

de escenario a la postrer manifestación en homenaje a Franco vivo, cuatro miembros de las Fuerzas de

Orden Público eran asesinados en sendas emboscadas. En medio del clima de intimidación y de

amedrentamiento colectivo creado por la ley Antiterrorista, el regreso a sus orígenes de la dictadura y el

endurecimiento del sistema, estos atentados parecieron menos el fulminante para una imposible

insurgencia popular que el pretexto para reconducir al franquismo por los derroteros de la República de

Saló. Nunca se aclararon satisfactoriamente esos crímenes, y el fallecimiento de Franco, un mes y veinte

días después de ese luctuoso 1 de octubre, frenó en seco la deriva del régimen anterior hacia formas

todavía más directas de dictadura.

A partir de ese episodio, los activistas de los GRAPO hicieron su aparición en momentos tan decisivos

para el futuro de nuestra colectividad como la amnistía del primer Gobierno Suárez y el referéndum de la

reforma política. El secuestro de Antonio Oriol y del general Villaescusa, que mantuvo en vilo al país

durante casi dos meses, es probablemente la única intervención de los GRAPO que no ha acabado en

tragedia y, a la vez, la que suscitó mayores interrogantes y perplejidades. Aquel bizarro desenlace todavía

hace estremecer de admiración y de incredulidad —según los casos— a buena parte de la opinión pública.

En cualquier caso, la historia verdadera o fingida de los GRAPO, después de la liberación de Oriol y

Villaescusa, y de la primera y falsamente definitiva desarticulación de la banda, está salpicada de

asesinatos bien reales. Sin que la relación sea exhaustiva, un capitán y un miembro de la Policía Armada

y dos guardias civiles fueron asesinados en 1977; un guardia civil, dos policías armados y Jesús Haddad

(director general de Instituciones Penitenciarias), en 1978; el magistrado Cruz Cuenca, un general de

brigada, varios policías y miembros de las Fuerzas de Orden Público, y las víctimas de California 47, en

1979, Hace pocas semanas, un general se salvó de milagro en otro atentado de los GRAPO, que costó la

vida, sin embargo, a un muchacho de la Policía Militarque le servía de escolta. Ayer, el general Briz

Armengol ha sido la víctima inocente de esta organización asesina.

Una organización caracterizada, por lo demás, por la circunstancia de que sus dirigentes logran

mantenerse largo tiempo a cubierto de las pesquisas policiales, con unas redes de sostén dignas de los

juegos de la señorita Pepys, y consiguen escaparse de la prisión de Zamora, pero luego son abatidos

irremediablemente a tiros en las calles (como Juan Carlos Delgado de Codes, en abril de 1979, y

Abelardo Collazo, hace unos días).

Muchas son las hipótesis que se han barajado, y todavía más las que se pueden barajar, a propósito de la

génesis, desarrollo, utilidad y propósitos de los GRAPO, No es imposible que la historia real de esa

organización, cuyas claves seguramente se llevarán a la tumba sus eventuales protectores y algunos de sus

activistas, se mueva en un terreno intermedio entre la provocación desnuda y el fanatismo ultra

revolucionario. Entre él montaje en estado puro y la completa autonomía se extiende un amplio repertorio

de posibilidades explicativas, que no excluyen la existencia de iluminados que viven su sangriento

doctrinarismo con ciega convicción ni descartan la manipulación de una parte de la organización durante

un tiempo determinado para cubrir objetivos diametralmente opuestos. La hipótesis, apuntada por

algunos, de que los inventores de los GRAPO han sido rebasados por la dinámica propia de su criatura y

que su tentativa de del inventárselo no es tan fácil de aplicar, ni tan lineal, ni tan automática como

pensaban esos aprendices de brujo, es una conjetura digna de ser tomada en consideración. Entre otras

cosas, porque permitiría explicar parte de esas misteriosas resurrecciones, fugas y bocas cerradas para

siempre, a la vez que dejaría en su brutal desnudez horrendos crímenes gratuitos y sin otro sentido que su

propia crueldad, como el perpetrado ayer en Barcelona.

 

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