Error subsanado     
 
 ABC.    19/09/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC. DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1979.

ERROR SUBSANADO

Desde estas columnas, que fueron marco de la primera respetuosa protesta ante la

decisión gubernamental

de declaración de materia reservada sobre asuntos a tratar en Consejo de

Ministros, debemos hoy resaltar

la favorable acogida pública que ha tenido la anulación o levantamiento de tal

cautela.

Idénticas medidas se han adoptado por Gobiernos anteriores. Sin embargo,

aquellos Gobiernos

pertenecían a otro sistema político y se veían obligados a actuar en muy

diferentes circunstancias del país.

En cualquier caso, existe notable diferencia entre aquellos asuntos y materias

que se refieren a la

política internacional —materias y asuntos que siempre pueden justificar el velo

O telón censorio de la

materia reservada— y las cuestiones que única y directamente atañen a la

política interior nacional.

Generalmente, nada fundamental puede reprocharse al silencio interno que procure

un Gobierno sobre su

política internacional, hasta que las soluciones previstas o los acuerdos en

curso no llegan a su

consumación. Ahora mismo sigue en vigor la calificación de materia reservada

para informaciones que se

refieran a Guinea. Y en verdad, esta cautela gubernamental no es atacable,

seguramente.

Otra cosa bien distinta es. sin duda, la política interior española. Ninguna

razón fundamental se adivina

para someter al secreto ni sus acontecimientos, ni sus evoluciones, ni siquiera

las previsiones y proyectos

legislativos en estudio para resolver sus problemas.

Junto a la natural preocupación del Gobierno encaminada a asegurarse una

neutralidad opinativa antes de

publicar la solución decidida —que parece haber sido, en este caso, la nueva ley

para la reforma

política—, debió valorarse siempre, por el propio Consejo de Ministros, la

reacción antipopular que

suscita cualquier medida de censura: de obligado e impuesto silencio.

A no dudarlo, el Gobierno actual no está llamado a definir, ni a promocionar

siquiera, una política con

gran horizonte de futuro; una política de concreta» vinculaciones para lo que

vaya a ser, en los próximos

años, la vida de España,

La misión propia del presente Gabinete es muy distinta: abrir, de una ve» pira

siempre, el camino franco

para que el país pueda comenzar, auténticamente, su vivir y su convivir en la

democracia. Tiene que ser,

por lo tanto, un Gobierno que realice una política plena y acertadamente

pragmática.

: Otra cosa sería si fuera ya fruto de /unas elecciones. No lo es Debe, pues,

prescindir y apartarse incluso

patrióticamente de las grandes definiciones políticas —que están hechas en el

mensaje de la Corona— y

acogerse a las disposiciones concretas de gobernación, que vayan abriendo camino

a la espontánea

marcha del país.

No tiene más función esencial —alguna vez lo hemos apuntado en estas columnas—

que servir de puente

para que España pase del sistema político anterior al nuevo sistema político;

para que España realice en

paz ciudadana su tránsito desde una dilatada etapa de poder autocrático a un

futuro en el cual el poder

político va a derivar directamente de la soberanía popular.

Y en estas condiciones, no se diría qua el Gobierno deba emplear el recurso,

válido pero inoportuno, de

las materias reservadas. Creemos, no sin razonable fundamento, que goza el

Gobierno de muy ancha

aquiescencia popular. Creemos también que se afirma, cada día qua pasa, el

convencimiento de la

necesidad de secundar al Gobierno para que no se interrumpa la marcha hacia la

democracia. Sin excluir,

digan lo que quieran públicamente, los diversos grupos de la oposición.

Hora es, evidentemente, de demostrar y practicar mayor confianza en la opinión —

que la opinión

devolverá en dosis d« confianza mayor, también— y de contribuir, desde el

Gobierno, a la claridad que

ahora conviene a la política nacional. Loa silencios que se impongan sobre

cualquier materia política

interna, sólo beneficiarán a la confusión pública Y de la confusión únicamente

sacaran beneficio los

enemigos del progreso político nacional y de la continuidad de la convivencia

pacífica que el país

necesita.

 

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