Insólita tolerancia     
 
 Diario 16.    24/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Insólita tolerancia

La noche-madrugada del pasado sábado fue, en el centro de Madrid, una irregular algarabía fascistoide.

Un largo centenar de automóviles bloquearon la Gran Vía y calles adyacentes, no dejaron dormir a los

vecinos de la zona, realizaron una ruidosa toma de la misma bajo la tolerancia y el consentimiento de la

Policía Nacional, con escasas excepciones.

Existen unas normas para evitar que las manifestaciones circulen por las arterias vitales de las ciudades y

no se cumplieron. Existen normas para solicitar y autorizar manifestaciones y tampoco se cumplieron.

Existen Fuerzas de la Seguridad del Estado para impedir que se formen concentraciones ilegales aunque

sean en caravanas de automóviles— y en realidad hicieron la vista gorda.

El descanso de los ciudadanos, vivan en el centro o en la periferia, es sagrado. Pero no sólo es eso. Las

irregularidades consentidas por la Policía fueron múltiples: normas de tráfico que saltaron por los aires,

usos ilegales partidistas de la enseña nacional e insultos a los pacíficos transeúntes.

Si la Policía sólo sirve, como este fin de semana, para ser cómplice pasivo de estos desmanes o para

protegerse a sí misma y los organismos oficiales, vamos listos.

El envalentonamiento de los ánimos facciosos tiene un indudable punto de apoyo en estos

consentimientos. Los hombres de la nostalgia franquista saben muy bien halagar el ego de los policías.

De todas maneras, el enorme esfuerzo realizado por la Policía en otros terrenos no puede quedar

empañado por esta insólita tolerancia.

 

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