Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
 Las decisiones del Gobierno en materia antiterrorista/ y 2. 
 El mando unificado no pasa de ser una apariencia sin condiciones de eficacia real     
 
 El País.    12/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Las decisiones del Gobierno en materia antiterrorista / y 2,

El mando unificado no pasa de ser una apariencia sin condiciones de eficacia real

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR

El mando unificado de la lucha antiterrorista, tal como ha sido concebido, no va más allá del terreno de

las apariencias y carece de condiciones para esperar razonablemente que obtenga una eficacia real en lo

que se refiere a ETA, según los expertos consultados por EL PAIS.

Seguimos sin enfrentar con un mínimo de seriedad política y solvencia profesional el más grave de los

problemas que amenazan a la joven democracia española, el terrorismo etarra. en opinión de las aludidas

fuentes. ¿Qué puede esperarse de un mando unificado constituido en forma que no va más allá de una

especie de comisión interministerial? ¿Es que puede razonablemente pensarse que las personas que

integran el citado mundo unificado, desbordadas por oirás muchas tareas burocráticas que atender, podrán

prestar alguna dedicación útil a la lucha antiterrorista? Cómo entender la designación del comisario

Manuel Ballesteros como jefe de ese mando, al que le correspondería la coordinación de las acciones del

Cuerpo Superior de Policía, la Policía Nacional y la Guardia Civil? ¿Es de recibo que en declaraciones

publicadas en la Prensa del viernes, cuando ha transcurrido más de un mes de la creación del mando

único, el comisario Ballesteros afirme que no tiene clara su función al frente de ese puesto, que su

nombramiento todavía no es efectivo.

Que no tiene atribución sobre fuerza alguna que no sea de información y que todo lo demás se lleva a

nivel de amigos?

No se puede, seguramente por ingenuidad. Hacer una critica más demoledora del mando unificado que la

planteada por las afirmaciones aquí transcritas de quién ha sido designado como su jefe. Debe

reconocerse, sin embargo, frente a lo que hubiera podido esperarse, la total ausencia de cualquier

comentario critico por parte de las fuerzas políticas de oposición al nombramiento del comisario

Ballesteros.

La lucha antiterrorista en 1981 sólo puede ser diseñada desde la cooperación decidida de la población, de

los partidos políticos —izquierda y nacionalistas incluidos—, de los sindicatos, de las instituciones y de la

Prensa y medios de comunicación independientes. La probabilidad de que un hombre de las

características y trayectoria de Ballesteros logre reunir esos apoyos parece muy escasa, según los propios

medios policiales.

Las dimisiones

Por ejemplo, aquellas dimisiones en cadena de mandos policiales en las que participó el comisario

Ballesteros, a raíz de las investigaciones judiciales sobre el caso Arregui, añadieron la máxima tensión en

las vísperas de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. Ahora san

explicadas con la mera referencia a que «todo aquello fue muy emocional, un acto de rabia e impotencia

al verte acorralado por todos los sitios».

Además de estas circunstancias personales, la procedencia de Ballesteros del Cuerpo Superior de Policía

supone una contraindicación para que el jefe del mando unificado pueda realmente llegara coordinar

todas las fuerzas y servicios que se ocupan de la lucha antiterrorista. Tampoco hubiera sido acertada la

designación de una autoridad de la Policía Nacional o de la Guardia Civil. Quien procede de uno de los

tres cuerpos está, en definitiva, en mala condición para ejercer el mando sóbrelos tres porque,

inevitablemente, suscitará la idea de favorecer la acción o la preponderancia de los hombres de su propio

campo.

Nadie discute la importancia clave que en la lucha antiterrorista tiene la información. Pero de ahí a

encomendar la jefatura del mando unificado al hombre de la Brigada Central de Información, que hasta

ahora no había logrado tampoco grandes éxitos en lo que se refiere al terrorismo etarra, va un abismo.

Las redes de información de la policía en torno al terrorismo son muy deficientes y no pasan de un nivel

artesanal de agenda personal del comisario de turno. Así, un simple traslado, por ejemplo, deshace toda la

labor y hay que volver a eír.-pezar. Los éxitos antiterroristas no pueden basarse en «caídas» casuales.

Y esto por no hablar del derroche de medios en que se incurre para asegurarse la mayor ineficacia. ¿Es

aceptable, por ejemplo, que en materia de delincuencia común, robos de vehículos, etcétera, la Guardia

Civil y la Policía tengan dos ordenadores diferente y rigurosamente desconectados? ¿Va a tener alguna

posibilidad el jefe del mando unificado para modificar la situación de destino forzoso en que se encuentra

la mayoría del contingenté de la Guardia Civil en el País Vasco, dentro de un insólito sistema por riguroso

turno rotatorio? ¿Cuándo terminará en el Cuerpo Superior de Policía esa situación de plantillas mínimas

en Vascongadas, complementadas por funcionario» agregados que permanecen breves periodos de tiempo

y vuelven «sos destinos de origen sin haber llegado a poder ser útiles allí? ¿Alguna vez se aprenderá, por

ejemplo, de ETA el sistema de distribución de tareas y misiones? ¿Cuándo se ha visto a un comando

informativo entrar en el terreno de los comandos armados? Sin embargo, no es extraño ver a los

funcionarios del Cuerpo Superior, que deberían reservarse para las misiones de información e

investigación, ocuparse de practicar detenciones.

¿Cuantos hombres de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado están siguiendo junto a sus colegas

del Ulster, de Italia, de Alemania, por citar sólo unos ejemplos, la lucha antiterrorista?

 

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