Reflexiones sobre terrorismo     
 
 El País.    15/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Reflexiones sobre terrorismo

EN EL supuesto de que la ley de Defensa de la Constitución permita aproximaciones intelectuales a la

táctica y estrategia terrorista, habrá que convenir que esa banda mafiosa que es ETA Militar está

procediendo a dar su criminal respuesta a los trabajos del llamado mando único antiterrorista en el País

Vasco. Ya empieza a resultar difícil hacer extrapolaciones estadísticas del largo historial de asesinatos de

ETAm, pero no se recuerda del canallesco terror etarra la comisión de tres asesinatos de estas

características en un solo día —y en el espacio de escasas horas-- y dos de ellos en la misma provincia.

Pese a la cobardía añadida que supone el hecho de que los criminales elijan como víctimas de su

salvajismo a jefes u oficiales jubilados e industriales sin protección ni relevancia especial, no es

aventurado ver en esta escalada de ETA —iniciada hace pocos días con otros bárbaros atentados contra

policías nacionales— un siniestro aquí seguimos dirigido a subrayarla gira del ministro de Defensa, de

visita a las tropas empeñadas por el Gobierno en la impermeabilización del Pirineo vasco-navarro.

La identificación de las últimas víctimas de ETAm debe también subrayarse: militares jubilados,

asentados voluntariamente en Euskadi y asesinados en forma particularmente cruel y repugnante, si es

que cabe una graduación de crueldades en la muerte alevosa de un hombre. El menos avisado puede

advertir en las últimas acciones de ETAm un asalto frontal a la resistencia psicológica de los miembros de

las Fuerzas Armadas. Una nueva prueba de que el terrorismo de ETA ha decidido lanzarse

irremisiblemente por la cuesta de los propicia-dores del golpismo, contra las libertades de los españoles.

Tampoco cabe desdeñar la posibilidad de que el terrorismo etarra esté creando la temperatura ambiente

para un Aberri Eguna (el próximo domingo) teñido de violencia y de enfrentamientos. Pero, y aun

reconociendo la dificultad objetiva de la lucha contra el bandolerismo político, estos hechos parecen

señalar, por otra parte, que no resulta conveniente participar del triunfalismo con el que ha iniciado su

gestión ese conglomerado de competencias desconexas titulado como mando único antiterrorista.

Ayer, la liberación feliz del industrial alcireño Luis Suñer (sobre cuyas circunstancias los responsables del

orden público han tendido una manta de silencio, pero parece que pasan por un elevado rescate) quedó así

empañada por estos tres inmundos crímenes, que ya resulta obvio condenar cuando las palabras, a fuer de

repetidas, pierden el brillo y la fuerza de su acuñación original.

Casi diariamente llueven sobre los medios informativos elefantiásicas relaciones oficiales de detenidos o

de material terrorista capturado; se ha llegado a ofrecer a la opinión pública cuadros estadísticos en los

que se pretende demostrar que en tal o cual lapso de tiempo —siempre con legislaciones especiales y

amenazas indiscriminadas al uso de la libertad— se ha procedido con éxito a un tanto por ciento más de

servicios antiterroristas que en las mismas fechas del año anterior. Se ha entrado en una lexicografía digna

de la dictadura, en las que sedicentes diarios liberales piden la caza del hombre como la del tigre,

equiparando así su brillante trayectoria intelectual y periodística a la propia trayectoria de la violencia

inhumana, y se ha dado el paso —apenas discutido— que nunca decidieron dar los Gobiernos de Franco,

ni siquiera cuando el presidente del Gobierno fue asesinado: aproximar a las Fuerzas Armadas a la lucha

directa contra el terrorismo.

Por supuesto que ningún operativo antiterrorista de ningún género puede ser capaz de evitar el terror en

unas pocas semanas. Pero a pocos se les escapa que tras la apabullante fachada del mando único hay

muchas mimbres sueltas, falta tecnología, adecuado trabajo diplomático, reordenación previa de servicios

debilitados, como el de la Inteligencia de la Defensa y, por encima de todo, mando único. Recientes

declaraciones del comisario Ballesteros reconociendo que la coordinación entre militares, guardias civiles

y policías se efectuaba a nivel de amigos, mueven a tal sonrojo que nos aconsejó callar en su momento.

Ya se ha avisado, desde estas y desde otras muchas páginas, que lo de Ballesteros era la reedición de su

maestro, el comisario Conesa, condenado el primero, como éste con los GRAPO, al nuevo suplicio de

Sísifo de anunciar la desarticulación, una y otra vez, de ETA.

Por eso, si aparte del horror que los crímenes suscitan podemos sacar algunas breves lecciones de tanta

infamia, éstas al menos resultan meridianamente claras. La primera y más importante es que, si ya

dijimos, con ocasión del asesinato del ingeniero Ryan, que ETA era pura canalla, hoy se puede añadir que

esta canalla es ya no sólo fascista en sus orígenes seudointelectuales, sino golpista en sus objetivos

inmediatos. La segunda es que el Gobierno de Calvo Sotelo, abundante en gestos —y en gestos, lo

decimos sin reticencia alguna, interesantes y valerosos, pero gestos al fin—, tiene que empezar a producir

políticas.

 

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