Autor: P. R.. 
 Nombres propios. 
 Pío     
 
 Arriba.    08/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Nombres propios

PÍO

EL problema de este señor es que en los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar: Pío for

President. «Pío-Areilza» es el primer «ticket» de la Historia de España, desde el de «Dalos-Velarde».

Dios bendiga cada rincón de esta casa del Partido Popular. Lanzándose desde la orilla izquierda del Lérez,

Pió, con poderosas y rítmicas brazadas ha comenzado la travesía hacia la Casa Blanca de La Moncha. Las

masas, enronquecidas, gritan Pío-Pío-Pío, y él, que nació en esta ribera del Arauca vibrador y es hermano

de la espuma, de las garzas y del sol, se seca el sudor de sus músculos con una barretina, mientras desde

lo alto de la Alianza, la voz de Fraga resuena como un relámpago bíblico:

- Pío, Pío, ¿por qué me has abandonado...?

En el fondo, Pío hubiera querido ser, cuando mayor, Cura Ecónomo de Campo-Lameiro, pero los

designios del Señor son inescrutables. Por algo, cuando, por lo visto, llegó a El Pardo, el nefando y

calumnioso «Dossier Pío», le rogó, hincado de rodillas, en el monte de los olivos de Castellana, 3, a

Arias: «Señor, aparta de mi este cáliz.» Los gallegos, perdonando la comparación, es que tenemos un

ramalazo de antiguo testamento, que no nos aclaramos. Uno de los secretos mejor guardados de la OTAN

es si Pío es del Celta o del Pontevedra. Ya digo. Pío es sensible a la luz, como un novicio de Samos al

Maligno, y cuando entrecierra las persianas de sus ojos, hasta Fraga se desconcierta. Ahora viene Pío del

desierto. Del banquillo de los reservas. Ha dejado en la puerta, cubiertas de arena, sus sandalias de

fedisarlo, mientras los carpinteros de ribera del Lérez derriban los más altos eucaliptos para construir su

escaño de senador. Pío, además, ha impuesto, en su partido, el uniforme de chaquetas cruzadas. Igual que

Felipe se gasta menos que Tarzán en corbatas, la chaqueta cruzada es el símbolo de los que han decidido

enterrar la guerra y olvidar los tambores.

- Pío-Pío-Pío-Pío...

Con Pío ya habría llegado. Es como el *Graf Speed», un acorazado de bolsillo. Yo, aviso, no pienso

meterme más con Pío. Por lo menos, hasta que le salga un flemón en el tobillo. Ya va, nadando,

rítmicamente, por Puerta de Hierro, mientras yo le jaleo. Pío, Pío, Pió, desde una curva. Lleva en una de

sus manos el Mensaje sobre el Estado de la Unión, y ha alzado, esforzadamente, su voz sobre el agua:

- ¿Falta mucho para el Centro, por favor?

No me he podido contener, y henchido el corazón de chirimías, le he gritado:

- ¿Y tú me lo preguntas? El Centro eres tú...

P. R.

 

< Volver