Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   Urgencia del plebiscito     
 
 La Voz de Galicia.    08/04/1976.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

página 13

CON ACENTO

URGENCIA DEL PLEBISCITO

Por Manuel Jiménez de Parga

DESDE que se formó el primer Gobierno de la Monarquía ha ido apareciendo con claridad, cada día más

intensa, la necesidad política de una consulta directa al pueblo español. Hay que saber lo que la mayoría

de nuestros compatriotas piensan y quieren. Yo mismo he escrito aquí sobre la conveniencia de un

referéndum.

Sin embargo, en las circunstancias presentes, después de lo ocurrido tras el 20 de noviembre de 1975, me

parece que ya no basta con el referéndum, sino que lo urgente ahora es efectuar un plebiscito.

Porque lo que procede, a mi juicio, el llevar a cabo una operación política de más trascendencia que ha

simple aprobación o desaprobación por el pueblo de unas leyes elaboradas por las Cortes. Según el

artículo 7.º, párrafo C), de la Ley Orgánica del Estado, el Rey tiene que someter a la nación los proyectos

normativos que deroguen o modifiquen las leyes fundamentales. También puede el Rey, según el artículo

10, párrafo E), someter a referéndum nacional los proyectos de ley importantes, aunque no sea preceptiva

la consulta popular.

Los comentaristas han subrayado que sin la previa intervención de las Cortes en estos asuntos no era

posible, jurídicamente hablando, mi referéndum. Ni el obligatorio ni el facultativo, según la terminología

de Wilcox.

Pero el Rey tiene plenas atribuciones para someter a plebiscito un programa de acción política o cualquier

cuestión concreta. En el ordenamiento jurídico vigente no existe precepto alguno que condicione o limite

esta prerrogativa de la Corona.

Ciertos trámites preceptivos se establecen para los referéndums. Nada, en cambio, resulta de obligado

cumplimiento por el Rey cuando se trata de plebiscitos.

Unas palabras de Tambaro, escritas en 1910, nos sirven para distinguir al referéndum del plebiscito, así

como para darnos cuenta de la oportunidad del último en los actuales momentos de la vida española. «El

referéndum - nos dice - es una de aquellas instituciones constitucionales que funcionan durante el

ejercicio mismo de la Constitución, mientras que el plebiscito representa el elemento propulsor de la

actividad interna constitucional. En uno y otro caso interviene el pueblo, pero en momentos y por motivos

absolutamente diversos».

Mañana insistiré en las diferencias de las dos instituciones. El referéndum sirve para conocer la opinión

de los ciudadanos acerca de una medida legislativa, o de otra clase, que haya sido antes considerada en el

Parlamento. El plebiscito es una llamada directa al pueblo, como poder originario, para que e manifieste

sobre el rumbo político que debe seguir la nación. El maestro Duguit advertía que con el plebiscito se

tiende a establecer un Gobierno representativo.

He aquí anunciados los motivos de la oportunidad, la conveniencia y la urgencia de un plebiscito entre

nosotros.

 

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