Vida política. 
 Señor Silva: "Vamos a constituir un partido de masas"     
 
 Informaciones.    28/02/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

SEÑOR SILVA: "Vamos a constituir un partido de masas"

MADRID, 28. (INFORMACIONES.)

«Levanto mi voz en un momento especialmente importante de la vida contemporánea de nuestro país.

Creo que el primer deber que se impone a un político con responsabilidades de cualquier género en este

momento es el de clarificar y orientar a la opinión publica. Un deber de clarificación y de orientación que

exige, en primer término, decirle que Unión Democrática Española no está parada, que está,

dinámicamente en trance de constituirse en un gran partido de masas de neto carácter demócrata-cristiano

Estamos en trance de constituir un partido no testimonial, formado por unos pocos, con mayor o menor

brillante historia, sino un partido de masas; un partido en la legalidad, porque si hemos sufrido lo que

hemos sufrido en los tiempos anteriores, por respetarla y acatarla, estamos también dispuestos a acatarla

en el futuro. Ahora bien, que no se nos pida tampoco una aceptación a ciegas de un futuro Estatuto de

asociaciones, si él no es capaz de recoger el espectro de las posibilidades políticas de nuestro país, pues la

historia de los últimos meses nos ha aleccionado que esa aceptación del principio de legalidad no puede

ser ciega, sino, por el contrario, debe ser exigente con las circunstancias políticas de cada, momento.

La democracia cristiana no ha tenido un manifiesto como pudiera ser el que inspiró al marxismo. Parte

esta concepción de León XIII cuando decía: «Oponed asociaciones populares cristianas a las socialistas;

de vosotros depende que la democracia sea cristiana: salid de las sacristías e id al pueblo.»

Se trataba de cristianizar la democracia y recoger toda la tradición del social-cristianismo que arranca con

la encíclica «Rerum novarum» y que se prolonga después con los documentos pontificios emanados de

Pío XI y Pío XII. Ahora bien, hemos de reconocer que el término democracia-cristiana, como tal, no

resulta, a juicio de muchos, adecuado. Es un término valido para entenderse internacionalmente; cuando

una persona dice que es socialista, no necesita más explicaciones; es un término vago pero acuñado; lo

mismo sucede con el de demócrata-cristiano, y no ocurre igual con otras filiaciones políticas que, a veces

por autóctonas, y a veces, por demasiado localistas, carecen de esa cotización internacional.

Hecha esta puntualización, conviene ahora que nos adentremos en las paredes maestras del concepto

actual de la democracia cristiana:

Primero: La afirmación de la dignidad de la persona humana y la búsqueda de su máxima promoción,

clave de su filosofía personalista. Donde existe un problema que requiera solución, el partido tiene una

norma para su búsqueda, decía el partido socialcristiano belga en 1945, con tanta resonancias con la

doctrina del Bien Posible. Unión Democrática Española en su declaración de presencia y propósitos dice

terminantemente que se considera necesario que los derechos y libertades de todos los españoles se

desarrollen y garanticen de acuerdo con los principios internacionales y europeos, partiendo del genuino

sentido de nuestra tradición histórica.

Segundo: El principio de subsidiaridad. La democracia cristiana sostiene que lo que el hombre o una

comunidad intermedia pueden hacer correctamente no debe ser asumido por una organización mayor,

aunque se trata del mismo Estado. Unión Democrática Española ha declarado que la empresa pública

puede ejercer sus actividades en aquellos sectores en que existan el peligro o la realidad de una situación

monopolíticas, estén desarrollados de una manera insuficiente o tengan carácter estratégico o afecten a la

seguridad del Estado.

Tercero: Los movimientos democristianos propugnan un control social por parte del Estado, al servicio de

la justicia social, que implica una socialización personalista y comunitaria que se opondrá tanto a la

estatización del proceso productivo como a la admisión de una economía liberal clásica. Unión

Democrática Española ha dicho: se defiende una economía de mercado debidamente regulada por el

Estado, en la que se aúnen el impulso creador de la iniciativa privada y las exigencias de los trabajadores,

de solidaridad y justicia social, mediante el pleno reconocimiento de todos sus derechos sociales y

económicos

Cuarto: Del derecho de todo hombre a asociarse para fines lícitos y a manifestar libremente sus opiniones,

deducen los partidos democristianos que la comunidad política debe asentarse sobre el pluralismo

ideológico, debidamente canalizado en asociaciones o partidos politices Unión Democrática Española ha

afirmado que se propugna dentro de un orden democrático un sistema político representativo y pluralista

equiparable a los que rigen en los países del mundo occidental.

Quinto: En política Internacional, el pensamiento demócrata-cristiano, al igual que sostiene que el Estado

no puede invadir una serie de comunidades infraestatales. argumenta con la existencia de una comunidad

humana universal, un federalism o europeísta, que suele caminar así de la mano de la regionalización, de

los viejos estados nacionales. Sin embargo, en este punto es donde tendremos que llevar a cabo unas

mayores concreciones porque en los anteriores creo que está todo suficientemente claro.

NO AL FEDERALISMO

Para tratar de un tema que entre unos y otros han puesto tan de actualidad, como es el del federalismo,

debemos ante todo hacer ciertas precisiones que nos permitan adentrarnos en el verdadero alcance de esta

cuestión tan polémica. Según los más caracterizados autores y tratadistas del Derecho Político actual,

federalismo es sinónimo de autonomía total. Hay Estado federal cuando se crean verdaderos Estados

autónomos dentro del Estado nacional; se le califica del Estado de Estados. También se dice que es una

asociación de Estados que tienen entre sí relaciones de derecho interno y mediante el cual se crea un

Superestado superpuesto a los Estados asociados.

Esto es lo que de una manera clara y terminante entiende la doctrina por Estado Federal. Otra cosa, las

autonomías administrativas y económicas por grandes y extensas que sean se llaman regionalización y se

llaman descentralización, pero en ningún caso Federalismo o Estado Federales. La conclusión que quiero

extraer de este planteamiento es la necesidad de precisar estos términos: las autonomías no son Iguales a

Federalismo; es aquél un término más amplio y en cierto modo independiente, pues en un Estado federal

hay más de soberanía propia, autodeterminación o independencia de los federados que de autonomía. Por

otra parte, no se puede hacer creer a unos que se defiende el Federalismo en su sentido doctrinal y quizá

más propio, o sea, que la fórmula pretendida es la de un Superestado formado por el pacto de otros

Estados federados iguales e independientes, que como tales pueden o no aceptarlo en un proceso de

autodeterminación, y a otros darnos a entender el Federalismo no implica la desaparición del Estado

unitario de carácter nacional. No, si lo que se pretende es esto último, hay en el vocabulario del Derecho

Político y en nuestra rica lengua castellana palabras adecuadas: se llama regionalización y se llama

descentralización, pero no se llama Federalismo, ni Estado Federal.

Si el objetivo es hacer más rica la presencia de las peculiaridades de las regiones, de cultivar más la

libertad real de los pueblos y de las entidades naturales, en definitiva, pero teniendo en cuenta que ese

mayor grado de libertad sólo es posible cuando un gran Estado las ampara, entonces no tenemos nada que

objetar a ese planteamiento y esa es precisamente una de las banderas de la U.D.E.; pero si lo que se

intenta, ha blando con claridad, si lo que se pretende es romper la unidad de España, nos opondremos a

ello con todas, absolutamente todas, nuestras fuerzas.

Ante estos problemas, nosotros sugerimos al país la formula de la relionalización regionalización para

todos, no para unas pocas regiones muy importantes, muy entrañables, donde este problema haya podido

tener una especial virulencia o sensibilidad. Regionalización que permita poner en manos de los órganos

legítimos de las regiones un poder económico y un poder administrativo, pero partiendo de la base de que

hay prerrogativas, facultades y esencias del Estado unitario que no pueden ser trasladadas en modo

alguno a unos supuestos gobiernos regionales.

La unidad de España tampoco la hemos inventado nosotros. La unidad de España nace con los Reyes

Católicos, no con el decreto de Nueva Planta de Felipe V, que implantó la centralización, y con la unidad

de España se crea un gran país del Renacimiento que es el ejemplo primero de la nueva invención política

de la Humanidad, que no está periclitado, ni mucho menos; con el Estado unitario España descubre

América, con el Estado unitario España lleva el mensaje de la civilización al nuevo continente; con el

Estado unitario España mantiene unas ciertas posiciones políticas y religiosas con el acierto o desacierto,

o la fortuna o infortunio que todos conocemos; con el Estado unitario, España forja una cultura de las

primerase de la Humanidad; con el Estado u Humanidad; con el Estado unitario, durante cuatro siglos

hemos vivido y convivido y queremos seguir nuestra Historia.

Pienso que estos brotes de federalismo por el que se nos quiere hacer pasar y comulgar son producto de

que se está negando al pueblo español una ilusión colectiva. Una ilusión colectiva que le haga sentirse

solidario de una empresa común; y precisamente cuando falta esa empresa común es cuando el pueblo

español se disgrega y empieza con un examen o introspección de sus problemas, que desemboca en un

proceso degenerativo. Cierto que los ideales puramente materiales del desarrollo, de la sociedad de

consumo, de la elevación del nivel de vida, tienen un límite; y también es cierto que después de las

experiencias de idealizar a la juventud de los años treinta para frustrarla en una guerra universal es muy

difícil presentar a las juventudes actuales unos planteamientos ideológicos análogos. No se trata de eso.

Yo condeno enérgicamente cualquier versión actual del fascismo.

UNA GRAN EMPRESA COLECTIVA Y COMUNITARIA

Quisiera, por el contrario, en este momento, dirigirme a los jóvenes de Unión Democrática Española, y en

general a toda la juventud de España, así como a muchos hombres maduros. Decirles que miren con

atención lo que nos puede esperar en el mundo actual, sobre todo, ante doscientos cincuenta millones de

seres humanos de nuestra estirpe. Ante ellos podría levantarse una gran empresa colectiva y comunitaria

que nos hiciera sentir el peso de la púrpura de la Historia, pero también la ilusión de nuestro futuro. ¿No

sería oportuno recordar que tenemos todos los mismos intereses, o al menos un amplio espectro común

para presentarnos en el mundo occidental, con una comunidad de pensamiento y una comunidad de

acción? No se trata de levantar banderas inviables, porque sabemos perfectamente dónde están los

poderes económicos y militares, pero si sabemos que en el orden de la cultura y en el orden de la

cooperación económica y técnica tenemos un amplio camino que recorrer juntos para levantar ilusiones y

esperanzas.

No sería una empresa para disgregar, sino una empresa para unir. Recientemente me lo decían en

Bruselas significadas personalidades del mundo comunitario y del mundo político europeo: «No se dan

cuenta de lo que tienen detrás de ustedes en América.» Y eso nos lo decían unos europeos a unos

españoles, entre los que hay algunos llenos de papanatismos, que creen que no tenemos nada que hacer ni

esperar de hispanoamérica. Sí, miremos hacia Europa, pero sólidamente asentados sobre la perspectiva

que nos ofrece la propia realidad de nuestra Historia y la propia realidad de nuestro presente económico y

técnico todo ello férreamente conectado al mundo hispanoamericano.

CON LA D. C. EUROPEA

Unión Democrática Española está decidida a incorporarse a todo movimiento ideológico de orden

supranacional, coincidente con su ideología en esta hora de las grandes solidaridades mundiales y

europeas En este camino de adaptación ideológica, de coincidencia política y de colaboración personal,

con los partidos democristianos y centristas europeos creo que se halla empeñada Unión Democrática

Española, pero que no quiere ofrecer al pueblo español la imagen de estar entregada a órdenes o

consignas emanadas del exterior. Me parece que es consciente de que su fuerza, como la de todos los

partidos reside en el apoyo que le preste el pueblo español, de manera que si con sus votos y con su

afiliación obtiene la confianza del pueblo, es cuando se creerá en condiciones de poder sentirse

homologada y presentar al país una mercancía que no es de importación y que no se obliga a adquirir" a

nadie; así como también se hallará en condiciones de no engañar a los democratacristianos de otros

países, ofreciéndoles una credibilidad y adhesión en España de la que carecería como barruntamos que

sucede con otros grupos políticos de este país.

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28 de febrero de 1976

INFORMACIONES

 

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