Un síntoma de crisis     
 
 El País.    29/09/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINION

EL PAÍS

DIARIO INDEPENDIENTE DE LA MAÑANA

Un síntoma de la crisis

LA DIMISIÓN del señor Camuñas como ministro de Relaciones con las Cortes pone claramente al

descubierto que las tensiones dentro del equipo ministerial, detectadas por los observadores políticos a

comienzos de septiembre, son una evidente realidad y no un invento déla prensa. La desaparición del

señor Camuñas del Gabinete no es sino un síntoma de los conflictos dentro de un equipo ministerial

carente de coherencia ideológica.

Pese a las reiteradas y encendidas proclamas de que UCD constituye un partido unido, coherente y armón

ico. los conflictos que lo aquejan son el secreto de Polichinela. Por lo demás, no hay razones para

asombrarse. Si ya el antiguo Centro Democrático era una artificial confederación de ideologías que en los

demás países europeos compiten entre si en busca de respaldo electoral, el aterrizaje del señor Suárez y de

los hom bres del viejo aparato estatal y sindical en esa plataforma de liberales, democristianos y

socialdemócratas terminó por llevar a los límites del absurdo la confusión política e ideológica. Ai igual

que la gente que grita en la oscuridad para acallar su propio miedo, los líderes y portavoces de las

diversas tendencias que forman la UCD se han dedicado a practicar una altisonante retórica unitaria,

mientras espiaban con temor y con recelo las maniobras de sus competidores dentro de! Gobierno.

Pero no se trata de mirar hacia atrás ni con ira ni con risa. Porque la apremiante realidad es que la

democracia española se halla en peligro. Es evidente que el señor Suárez no debe intentar seguir

gobernando sin mayoría en el Congreso (aunque la ley electoral y los senadores de designación real se la

proporcionen en las Cortes) y con el único apoyo de una minoría parlamentaria que es sólo la piadosa

ficción de un partido. Y también parece claro que la actitud del PSOE, cerrado en banda a la posibilidad

de un Gobierno de coalición, comienza a rozar las fronteras de la frivolidad política y todavía más

grave— de fa irresponsabilidad histórica. Mientras la UCD defiende los galgos de su monopolio del

poder y el PSOE apuesta por los podencos de sustituirle a corto plazo en su pleno ejercicio, los enemigos

del pluralismo y de la libertad incrementan su campaña de desprestigio contra el Parlamento, imputan la

gravísima crisis económica a la democracia, atizan la violencia en el País Vasco y extienden el terrorismo

por toda la nación.

Nuevamente, la idea de un Gobierno de coalición que sume en el poder al menos a las dos fuerzas

políticas principales del país parece mostrarse como una necesidad histórica para la consolidación de la

democracia en España. Lóseoslos políticos pueden ser, indudablemente, elevados para los socialistas; y

un sacrificio para los neodemócratas que han adquirido la costumbre de disfrutar del poder en. solitario.

Tal vez las elecciones municipales y las elecciones sindicales constituyan para el PSOE un objetivo

prioritario en este momento, pero los socialistas deben enfrentarse, definitivamente, con sus

reponsabüidades. Y no atacar tan virulentamente como lo hacen al poder si no han construido todavía una

alternativa válida al mismo. La UCD sola no está en condiciones de gobernar; no sólo no ha obtenido más

que el en las elecciones legislativas, sino que, además, es un mosaico de grupos y tendencias con una

peligrosa propensión a acuchillarse entre sí. Además, la salida del señor Camuñas del Gobierno puede

restar a éste el apoyo de los doce diputados de su partido. La perspectiva de que el PSOE pueda llegar al

poder en solitario a corto plazo es un ensueño o una trampa para arruinarle como posible equipo

gobernante a plazo medio, o para poner en marcha una «operación chilena» en nuestro país.

El Gobierno de coalición no es, desde luego, la única salida, sino una de tas posibles. Otra, apuntada por

el propio Suárez. un programa político pactado entre los cuatro grandes partidos (AP, UCD, PSOE, v

PCE) y ejecutado sólo por el Centro podría sustituí, _ /ii dificultades a aquél, pero parece haber quedado

en vía muerta por las actitudes de continuo maximalistas del PSOE. El Gobierno de concentración que

otros proponen, con representación de todos los partidos, ofrece más dificultades todavía. Es evidente, por

lo demás, que el PSOE ha hecho público reiteradas veces su negativa a participar en cualquier clase de

Gobierno con otras fuerzas políticas, pero Suárez —amparándose en ello— insiste en no hacerles una

oferta pública y razonada de poder. La negativa de los socialistas a una oferta de este tipo daría, cuando

menos, al actual presidente la fuerza moral necesaria ante el país para demostrar que él estuvo dispuesto y

los demás no.

Por lo demás, la cuestión de quién podría presidir un Gobierno de coalición tiene difícil respuesta. El

señor Suárez cometió graves errores al formar su segundo Gabinete, pero todavía figura en su activo el

desmontaje del franquismo y e! menguado éxito de la UCD en las elecciones dejunio. El mismo se lo ha

pues lo difícil, pero no se divisa otra perspectiva en el seno de la UCD. Otras personalidades políticas han

quedado fuera de juego por diversas razones: ia aplastante derrota electoral de su partido, o la no

concurrencia a las urnas en las elecciones de junio, ya que el voto popular es un requisito sine qua non

para todo político que aspire al poder en una democracia. Pero seria para España un triste sino contar con

un solo candidato a la presidencia de un Gobierno de coalición: y es un deber de la clase política española

impedir que el juego constitucional quede bloqueado por no disponer más que de un participante.

 

< Volver