Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    06/03/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Fernando ONfGA

COMENZÓ la política de poner los pies en el suelo. Algunos de los fantasmas que mas

preocupaban a la opinión «publicada» están desapareciendo: el Gobierno, como tal, se ha

desentendido de ta Federación Social independiente; el arma de la amnistía como

reivindicación estp a punto de caer; el problema vasco se soluciona, o se intenta solucionar, por

la vía de la tradición; se re´ gula la huelga de forma más realista; sé complace al tímido capital y

a los tímidos inversores con una nueva regulación del despido... Y fue una pena, seguramente,

que no se pudiera celebrar la entrevista Juan Carlos y Ceaucescu, porque de ella se hubiera

desprendido un •deshielo» formal de las relaciones políticas entre k> que Ceaucescu

representa y la ortodoxia española.

En cualquier caso, lo evidente es que el Consejo de Ministros del viernes dio carrete a la

actualidad política, y se lo dio con afanes positivos. Hay una primera cosa que decir: que el

escepticismo ante el «paquete económico» desciende a medida que se concretan en acuerdos

sus líneas generales. No será este periodista asalariado quien se ponga a aplaudir las mayores

facilidades para el despido, que no llega a ser libre, pero sí es justo resaltar que, frente a la

tentación de la demagogia en una situación preelectoral, se impusieron realismos como el de

darle a la huelga un tratamiento «occidental», que sería justificable por el simple hecho de que,

hasta ahora, sólo un uno por ciento de los conflictos eran canalizados por los cauces legales.

Quizá la nueva norma —dictada, como corresponde a un período de transición, por decreto-

ley— no sea aceptada totalmente por defecto en la negociación. Las centrales sindicales ya

comenzaron su bombardeo. En cualquier caso, y dado que era lo único que se podía hacer en

un pafs y en un tiempo donde todavía es imposible el pacto social, e*; la solución única, y no

sólo la menos mala.

Punto dos: las Vascongadas. Me acerqué al pensamiento de algunos representantes vascos,

como Martín Fernández Palacios, y los hatié complacidos del acuerdo de resucitar las Juntas

Generales. Fernández Palacios, por ejemplo, sólo espera el alcance de la amnistía para

asegurar su impresión de que comenzó la distensión en el País Vasco. Las Juntas, por sí

mismas, no 4o pueden hacer todo. Pero, si de algo vale el recuerdo de la historia, deben

constar estos dos datos: primero, que en Vascongadas nunca hubo separatismo hasta su

supresión. La acción separatista de Sabino Arana comienza veinticinco años después del

Abrazo de Vergara, que supuso la defunción de las Juntas Generales. Segundo, el nacimiento

de la ETA: se produjo después de la supresión del concierto económico, que era lo único que

quedaba de 4a «pee u Maridad» de Guipúzcoa y Vizcaya. Quiero decir que las Juntas

Generales, después de casi cien años de sitencio, vienen a enlazar con cinco siglos de

tradición democrática en las Vascongadas, que, si alguna característica tuvieron, ha sido la de

su lealtad a la Corona. Dicho esto, sobran más comentarios. Sólo la amnistía queda ya como

recurso grandioso y último para comenzar a coronar la pacificación en el País Vasco.

Pero esta normalización de aspectos importantes de la vida pública afectó también a la

supresión de la obligatoriedad de las enseñanzas de formación política y educación física en la

Universidad, acuerdo adoptado a iniciativa de la Secretaría General >fe4 Movimiento y del

Ministerio de Educación. Estas enseñanzas se mantienen en los demás niveles educativos en

tos centros de formación de profesores de EGB. El valor politico de la medida se mide

fundamentalmente por un hecho: estas dos asignaturas eran en la Universidad un «mito» un

mito que demostraba que existían en la teoría, pero no en la práctica de cada estudiante.

De todas formas, la actualidad del fui de semana, que iba a estar marcada por el encuentro de

Palma de Mallorca, tiene siete protagonistas: los siete líderes de Alianza Popular que ayer y

hoy celebran en Madrid su gran congreso. Basta mirar la multitbd asistente para convencerse

de que AP es, efectivamnte, una de las grandes fuerzas políticas, si no la mayor, de cara a las

elecciones. Tres mti personas enfervorizadas adamaron a Fraga y lo que Fraga significa. Con

Alianza Popular está ocurriendo algo sintomático: que, a pesar de tener teóricamente en contra

a lo más florido de la Prensa, su prestigio no ha descendido un ápice. Su poder, a poco que

hablemos con las provincias, tampoco. Alianza Popular es hoy, a fuerza de aguantar varapalos,

un grupo compacto, coherente, que mantiene una línea política clara y que,

independientemente de que se coincida son ella, sabe preparar unas elecciones y su terreno

de juego. Ese es su desafío.

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