El bipartidismo     
 
 ABC.    19/06/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL BIPARTIDISMO

El resultado de las elecciones lleva a la política española a una posición conveniente y deseable: al juego,

que puede y debe ser compartido con lealtad en los acuerdos posibles y en las discrepancias normales de

dos grandes partidos. Como decíamos ayer - refiriéndonos a Unión de Centro Democrático y al Partido

Socialista Obrero Español - «las grandes responsabilidades de los vencedores son, para cualquier

observador políticamente objetivo, complementarias».

Al modo y manera de la situación política existente en grandes países de gran tradición democrática,

tenemos ya en el nuestro, al comenzar el sistema democrático, una ancha, por su base, agrupación de

derechas - de la que cabe esperar su rápida cristalización en partido auténtico, bien perfilado y

compenetrado - y una gran formación de izquierdas, un socialismo cohesionado, de corte europeo. Son las

dos fuerzas principales, flanqueadas, en sus alas, por las importantes minorías de Alianza Popular y del

Partido Comunista Español. En el resto del Congreso tienen escaños, representaciones considerables de

partidos regionalistas y de algunas otras tendencias políticas que también han logrado votaciones

suficientes para llegar a él.

Pero, sin duda alguna, la estabilidad política que España necesita, lo mismo para continuar su proceso de

desarrollo democrático como para rehacer su maltrecha economía, deberá ser el resultado de un

equilibrio, de la comprensiva moderación, con que se muevan en las Cortes - y el Gobierno, si éste fuera

el caso - el centrismo de Adolfo Suárez y el socialismo de Felipe González. Esta va a ser la clave del

inmediato futuro político español.

Antes, mucho antes de las elecciones, nos manifestamos partidarios; en estas columnas, de la

configuración - implícito iba el deseo de un resultado electoral que condujese a ello - de dos grandes

partidos, de dos glandes bloques ideológicos. No para el enfrentamiento de las clásicas dos Españas, no

para una lucha ciega que todo lo arrasa y esteriliza, sino, precisamente, para facilitar la estabilidad

política; para lograr un equilibrio con mayor facilidad; para, en definitiva, disponer, en cualquier

momento, de una alternativa de poder suficientemente representativa y firme, que no resulta, por cierto,

nada mal recurso en la más auténtica mecánica democrática.

Si pensando en cuanto deban las Cortes trabajar en la complicada tarea constituyente reviste indudable

conveniencia la pluralidad de partidos representados en ellas, pensando, en cambio, en la labor legislativa

más inmediata, más centrada en disposiciones parlamentarias, parece deseable que existan en las Cortes

dos amplias minorías, con muy destacada titularidad de escaños; es decir, dos grandes partidos políticos,

en cuyas orientaciones se polaricen los votos de los demás.

En definitiva, esto es lo que ha salido de las urnas, como reflejo indiscutible ya de la voluntad del pueblo

español. Esto es lo que los españoles han decidido en unos comicios plenamente democráticos,

desarrollados con orden y paz ejemplares y que, salvo mínimos episodios, han sido también ejemplares

por su limpieza. Y por la neutralidad que han demostrado las autoridades gubernativas.

«Es el momento - volvemos a citar frases de ayer - de gobernar, de unir esfuerzos y de limar asperezas.

La tarea sigue siendo de todos los españoles y, más que de nadie, de los dos españoles (Suárez y

González) que han sabido, mayoritariamente en el primer caso y muy destacadamente en el segundo,

conquistar la confianza del país.»

Ambos, en sus declaraciones del viernes a Televisión estuvieron a la altura de las circunstancias. Adolfo

Suárez - que había felicitado telefónicamente a Felipe González - expresó su confianza en la capacidad de

los dirigentes políticos para encontrar puntos de contacto y unión que permitan afrontar los graves

problemas pendientes. Felipe González, por su parte, definió la oposición como lo que ésta debe ser: una

responsabilidad y una alternativa.

La situación es esperanzadora. Las dos grandes formaciones o partidos pueden generar una política de

estabilidad y de progreso. Ahora tienen, para ello, todas las posibilidades en la mano.

 

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