Autor: Santamaría, Julián. 
   Alternativas al bipartidismo     
 
 Diario 16.    25/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Alternativas al bipartidismo

Julián Santamaría (Profesor agregado de Teoría de Estado)

A la vista de los llamativos resultados de estas primeras elecciones generales, los comentaristas

extranjeros y algunos españoles comienzan a especular con la idea y a congratularse con la posibilidad de

que aquí ,se configure y consolide un sistema bipartidista como el británico con dos grandes formaciones

políticas que acaparen la casi totalidad del voto y se alternen pacíficamente en el poder al compás de las

cambiantes preferencias de un electorado ideológicamente desapasionado y socialmente homogéneo.

Desde luego, no parece que sean éstas las características más señaladas de la sociedad española por

mucha que haya sido la moderación de todo el pueblo en las circunstancias histórica y políticamente

excepcionales que han presidido nuestras primeras elecciones libres después de cuarenta años.

Tampoco está claro que el modelo británico, hoy ya prácticamente en crisis, resulte trasplantable a estas

latitudes cuando hasta la fecha no ha podido serlo a ningún país fuera de la órbita anglosajona ni hay, por

otra parte, razón para pensar que ese sea el esquema más apropiado, conveniente y deseable para enraizar

la democracia en nuestro país. Pero es que, además, sólo una superficial lectura de los resultados

electorales del día 15 permite establecer comparaciones con el caso de Inglaterra. Es cierto, desde luego,

que aquí como allí, dos grandes formaciones políticas, la UCD y el PSOE, de carácter más moderado que

extremoso, por el momento, han polarizado las preferencias electorales de la mayoría de los votantes que

se han dividido entre dos opciones moderadas de derecha e izquierda alejándose así del radicalismo de

1936 y de las complicaciones y sutilezas de la actual política italiana.

Modelo continental

Pero lo cierto es que ahí terminan todas las semejanzas y por otra parte, eso mismo - la división entre una

derecha y una izquierda modernas - es lo que sucede prácticamente en la totalidad de los países europeos

sin que ello signifique que sus sistemas de partidos sean similares al que todavía pervive en Inglaterra. Es,

precisamente, a ese modelo continental al que, en principio, podría parecerse más el que acaba de salir de

las urnas españolas, ya que ni en uno ni en otro existe un partido que, por sí solo, obtenga la mayoría de

los escaños parlamentarios, ni es fácil que exista mientras las elecciones se rijan por el sistema

proporcional. De él se diferencia, sin embargo, el nuestro al no haber, como hay en los europeos, uno o

dos partidos menores capaces de apuntalar la mayoría parlamentaria de los grandes. Ni el Partido

Comunista ni Alianza Popular pueden jugar, hoy por hoy, ese papel por más que tiente a algunos de los

dirigentes de esta ultima organización.

Que a medio plazo el panorama se simplifique más aún es algo que no parece improbable. De un lado, la

unidad de los socialistas, bajo el liderazgo del PSOE, es ya inexorable si las demás fracciones de esta gran

familia no quieren ser barridas de la escena política; de otra parte, no parece imposible que el

contradictorio complejo de intereses políticos y personales, pero no de ideologías, que se aglutinan en la

UCD acabe por convertirse en un partido unitario y disciplinado; por último, el futuro de la Alianza

Popular es más bien negro salvo en el caso de que se agravara la crisis económica y se deteriorase

exageradamente el orden publico.

De la calle a las Cortes

Aún cuando todo eso sucediera, y es aún pronto para predecir el nivel de racionalidad de la nueva clase

política, no estaríamos acercándonos al sistema bipartidista mientras el Partido Comunista consiga, como

mínimo, alrededor del 10 por 100 de los votos que, en circunstancias menos extraordinarias que las que

han enmarcado estas elecciones, puede verse incluso notablemente acrecentado la diferencia de lo que

sucedió en el caso de Portugal. Si eso es así nadie debería sucumbir a la tentación de intentar desplazarlo

del mapa político, sustituyendo el sistema electoral por otro de corte mayoritario, pues ello dejaría al

Partido Comunista sin otro recurso para supervivir que la agitación sindical y la movilización popular, y

no parece que sea la estrategia más conveniente para las fuerzas moderadas la de sacar la política de las

Cortes a la calle ahora que, por fin, puede dejar la calle para entrar en las Cortes.

Ante esta perspectiva sólo hay dos posibles alternativas: en primer lugar, la de tipo escandinavo o alemán,

en el caso de que surgieran uno o dos partidos menores que, en coalición con los dos grandes, hicieran

posible la formación de gobiernos mayoritarios alternándose en el Poder. Esta puede ser la alternativa

entrevista por Areilza y los que, junto con él, intentan organizar un partido liberal independiente, y ésta es

la alternativa que podría estimular la emergencia de algún grupo socialdemócrata: en segundo lugar,

cabría también una aproximación al modelo francés de los últimos años, esto es, la formación de una

coalición de toda la izquierda que, desde una oposición parlamentaria responsable y constructiva, se

legitimara más o menos pronto como la gran solución de recambio para ese conglomerado de

personalidades e intereses que integra hoy, lo mismo en España que en Francia, el partido del Poder. En el

que, por cierto, podría permanecer durante años si la izquierda se impacienta por llegar a él,

reblandeciendo sus posiciones, lo mismo que si radicaliza éstas por verlo demasiado lejano. En todo caso

es pronto todavía para predecir nada en este sentido con un mínimo de rigor hasta que las próximas

elecciones municipales y las no muy lejanas a Cortes ordinarias cierren el primer acto de la nueva

representación.

 

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