Autor: Martínez Reverte, Javier. 
   El bipartidismo imposible     
 
 Pueblo.    21/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL BIPARTIDISMO IMPOSIBLE

Javier MARTÍNEZ REVERTE

LA cuestión de las mayorías y las minorías parlamentarias, desatada a raíz de la votación en las Cortes

sobre el número necesitado por los partidos para formar grupos parlamentarios, sigue coleando. Tierno

Galván, uno de los más directamente perjudicados con el resultado del voto, declara a Logos que tras la

votación hay una operación política concreta del PSOE, que intenta el aislamiento del PSP. Es posible

que el profesor Tierno detecte una parte del origen del problema. Pero pensamos que no es sólo eso, y que

hay más iceberg del que parece. En todo caso, y si por cuestiones políticas simples nos guiásemos., habría

que convenir en que los socialistas de Felipe tienen buenas razones tácticas que alegar a la hora de salvar

su propósito de unir a todos los socialistas del país. La política - con todos los respetos para el profesor

Tierno, uno de los políticos españoles que respeta con más escrúpulo la ética - no se define solamente, y

desgraciadamente, por principios de moralidad pública, sino también por esos otros dos conceptos

filosóficamente no muy definidos aún como son la estrategia y la táctica.

* El problema de la moción del PSOE, que ganó abrumadoramente en las Cortes, sobre la extensión de

los grupos parlamentarios, radica, a mi entender, en otro lado. Ya los periódicos han opinado en extensión

sobre la calidad de lo que, en buena ley democrática, es el respeto a las minorías. También los

representantes de las nacionalidades en el Parlamento se han ocupado en denunciar lo que consideran un

recorte de sus derechos y una limitación de sus posibilidades de acción en las Cámaras El PSOE, por su

parte, ha salido al paso denunciando «malentendidos» y señalando con apoyatura técnica que todo esto

tiene buen remedio en el futuro.

* Hay, sin embargo, otros aspectos de ese voto que parecen haberse dejado pasar por alto y que

tienen, desde luego, cierta importancia. No nos referimos al hecho de que PSOE y UCD hayan sabido

ponerse de acuerdo sobre la composición numérica de los grupos parlamentarios. En el Parlamento, todo

género de alianza es coyuntural, y ya se sabe que, durante la campaña presidencial, nadie atacó tanto a

Suárez como Felipe. Lo que ocurre es que, en el voto a que nos referimos, se deslizó el viento de un

proyecto que, al menos, un veinte por ciento de los españoles - según las elecciones - no comparten en

principio. Ese proyecto sería, ni más ni menos que la conversión progresiva del sistema español en un

sistema bipartidista, un poco al estilo alemán o británico. No se acusa en estas líneas de que tal proyecto

exista como acuerdo; pero, al menos, sí parece que la fuerza de las cosas y las afinidades coyuntura les de

dos partidos, tiren en esa dirección.

* Sin entrar a recordar que Cánovas, con la ayuda de Sagasta, ya intentó en su día aplicar un esquema

británico para este país, y que ahí está la historia escrita de su fracaso; sin apoyarnos en datos económicos

o sociales para afirmar que un proyecto a la alemana no nos parece hoy por hoy viable en España; sin

libros de Historia sobre la mesa ni tratados de alta política, una cosa sí podemos afirmar. Hoy. en este

sector de Europa que calificamos como Mediterráneo occidental, no parece viable el propósito de

instrumentar un sistema de simple alternancia entre dos partidos, ignorando a crisis económica, social y

política que ya vivimos, y que ha traspasado el umbral de la puerta de todos. Cuando en Italia se ha

articulado un compromiso de Gobierno y hay ya oficiosamente creado un «directorio» político entre seis

partidos; cuando Andreotti da cuentas de esta experiencia a Giscard d´Estaing, que tal vez piensa ya en

articular alguna fórmula por el estilo; cuando en Portugal los socialistas de Soares tienen que recurrir cada

día más al apoyo de otros grupos, aunque en este caso acuda siempre la derecha; cuando todo esto ocurre

en Europa del sur, nosotros no podemos permitirnos en España el lujo, sin riesgo de pecar de «snobismo»

político, de intentar la construcción de una estructura de poder definida por la alternancia de dos grandes

partidos. Eso no tiene futuro.

* Sucede que ya no vivimos en la feliz inconsciencia de los años sesenta. No están Los Beatles a nuestro

alrededor para hacernos bailar ni Mary Quant para erotizar las calles. Se quieren gobiernos amplios,

acuerdos de ancha base, compromisos de partidos que solucionen una crisis que ya todos empezamos a

sufrir y que solamente juntos podemos resolver. Eso vale también para los parlamentos: todos, mayorías y

minorías, tienen un brazo con el que empujar la resolución de los problemas. En España hay ya

experiencia - cuarenta años - sobre minorías de oposición que pueden llegar a comprometer los planes de

opciones políticas que se apoyan, supuestamente, en el ´consenso de las grandes mayorías indiferentes.

Esas minorías tienen voz en las Cortes. Y están hoy en los escaños para ayudar a resolver las cosas, no

para quedar al margen. Todo el acento que en las Cortes han puesto algunos para delimitar los márgenes

de acción de las mayorías y las minorías, bien podrían haberlo puesto en el esfuerzo por participar en el

Gobierno. No es construyendo el bipartidismo como hoy se arreglan los problemas de España. Es

modelando y condicionando a fondo las decisiones del Gobierno y, si se puede, desde el Gobierno mismo.

 

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