Autor: Sotelo, Ignacio. 
   Bipartidismo y alternativa de poder     
 
 Diario 16.    23/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Bipartidismo y alternativa de poder

Ignacio Sotelo

Las elecciones, entre otros muchos beneficios, nos han traído un viento clarificador. Hasta el 15 de junio

no hacíamos más que cábalas sobre lo que realmente pensaba el país. Ahora empezamos a saberlo. La

realidad rara vez coincide con las expectativas. Pocos hubieran podido pronosticar hace dos meses una

victoria tan clara del PSOE y una derrota tan contundente de Alianza. Y, por supuesto, hubiera sido difícil

imaginar que un partido tan personalista y coyuntural como el PSP sacase seis diputados, mientras que el

Equipo de la Democracia Cristiana, con algunos líderes de merecido prestigio, como don Joaquín Ruiz-

Giménez, quedase literalmente barrido. Los resultados del Centro son los que se han acercado más a lo

esperado, pero cabía temer unas Cortes mucho más abigarradas, en las que la coalición centrista se

manejase a su antojo.

Habrá que investigar con detalle las razones de esta nítida tendencia al bipartidismo. Acudir al instinto

político de nuestro pueblo es recurso fácil de mitin dominguero, pero no explica nada. Lo que sí es cierto

es que los resultados habidos, por muy aleatorios que en esta ocasión hayan podido ser, condicionan

fuertemente el futuro. Pocos tendrán ya ganas de apostar por opciones que, en vista de los antecedentes,

habrá que reputar de inviables. A la izquierda del Partido Comunista y a la derecha de Alianza no existe

fuerza política significativa. Incluso estos dos extremos son claramente minoritarios, aunque con fortaleza

suficiente para sobrevivir y, en el caso del Partido Comunista, hasta para crecer. Se trata, pues, de un

bipartidismo flanqueado por dos partidos concurrentes con cada uno de los partidos mayoritarios. No es

mala cosa para que los grandes no se duerman sobre los laureles.

Para poner en marcha la naciente democracia no podían esperarse mejores resultados. Pero, pasado el

natural alborozo, conviene distinguir desde un principio las sombras de las luces. Los aplausos

ensordecen y en los próximos meses hay que anclarse con el oído despejado y con la vista de lince. Se

acabaron los contrastes fuertes; lo que importa ahora son los matices.

Necesidad de una derecha democrática

En este país no se consolidará la democracia sin una "derecha civilizada", cabalmente democrática; es

decir, dispuesta a retirarse a la oposición cuando pierda la mayoría. Quiero pensar que el Centro

constituye esta derecha. Ha logrado integrar a políticos de la oposición democrática sobre los que no cabe

la menor sombra de duda, pero también no poca gente del régimen pasado que ha visto en Suárez, con

instinto seguro, la tabla de salvación. Parte de la clase política del franquismo se perpetúa en el Centro,

desplazando de la vida parlamentaria a la derecha liberal y cristianodemócrata, que tuvo los suficientes

escrúpulos morales y democráticos para no poder aceptar la operación que se preparó desde el poder.

Ganaron los "prácticos" sobre los ´´ideólogos", los "políticos" sobre los "demócratas", los "hombres de

acción" sobre los "éticos". Desde la perspectiva del poder, los que no supieron jugar a la carta ganadora

han hecho el ridículo. En cambio, el pequeño grupo que desconfía de los políticos pragmáticos, sin

ideología ni resabios morales, no terminamos de sentirnos a gusto. Ojalá que este incidente no impregne

demasiado el futuro inmediato.

De todas formas, sobre la capacidad maniobrera del presidente Suárez no cabe albergar la menor duda y

hay que estar preparados para las mayores sorpresas, tanto en una dirección como en la otra. Frente a todo

lo que había esperado, ha descubierto que el país es de izquierdas y que, por tanto, su poder depende de

un hilo. El pueblo no sólo ha hecho patente que quiere un cambio de régimen - nadie hubiera supuesto, y

Alianza menos que nadie, que los franquistas que llenaban la plaza de Oriente fueran tan pocos -, sino

también un cambio de poder, y ha señalado claramente qué partido constituye la alternativa deseada. Un

presidente pragmático, interesado exclusivamente en conservar su poder, es capaz de hundir al país con

tal de que no se le escape de las manos. La política económica del próximo Gobierno, de cara a las

elecciones municipales, va a dar buena prueba de ello.

El PSOE, alternativa de poder

El hecho más importante de las pasadas elecciones es la configuración clara del PSOE como una

alternativa de poder a corto plazo. El mayor peligro en la actual situación es caer en las sutiles redes que

Suárez y su equipo han de ir tendiendo continuamente. Según aumenten las dificultades de todo orden,

pero sobre todo las económicas, la prensa más o menos liberal, más o menos conservadora clamará que el

PSOE, el mayor partido del país, está obligado a participar en el poder, apoyando la tambaleante figura de

Suárez - la derecha ya no tiene político de recambio -, pero cometerían los socialistas un grave error si se

precipitasen en tomar un poder repartido y condicionado: la breva está madura y no habrá que esperar

mucho para que este país termine el largo periodo de transición con un cambio de poder. Entre tanto, hay

que dar al país una Constitución plenamente democrática, resolver el problema de las autonomías,

establecer ayuntamientos democráticos y fortalecer la central sindical socialista.

El país espera mucho del PSOE, tanto cómo grandes serán las reticencias de los que, cerca del poder,

configuran la opinión pública, pero sólo podrá cumplir su misión histórica si llega al Gobierno reciamente

apoyado en las dos columnas básicas de un fuerte movimiento sindical y de una mayoría de

ayuntamientos socialistas. Lo demás sería hacer el juego a Suárez y a los comunistas.

 

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