Autor: RUY LÓPEZ. 
   Del bipartidismo y otras cuestiones     
 
 Diario 16.    09/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Del bipartidismo y otras cuestiones

Ruy López

Después de las últimas elecciones, los comentaristas políticos, (auto nacionales como extranjeros, se han

lanzado a hacer especulaciones sobre el sistema de partidos que se prefigura ya en España. Tal proceder

no es criticable en sí, a no ser que, como ocurre muchas veces, se confundan los deseos con las realidades.

Y decimos esto porque en no pocas ocasiones el comentarista no parte en sus reflexiones de un dato que

está ahí: el simple resultado de las elecciones. A la vista de ellas es como se debe de hacer el análisis

político del momento, análisis que siempre comporta las dificultades de lo provisional. El futuro es

infinito y, por tanto, difícilmente previsible.

Pues bien, todo esto viene a cuento de las dificultades con que se enfrentan actualmente los grandes

partidos vencedores en las elecciones, y más concretamente, la Unión de Centro Democrático. A nadie se

le oculta que la estabilidad política de España pasa por la creación de un partido de derecha unificado que

no sea solamente coyuntural, sino que agrupe permanentemente unas tendencias necesarias en un sistema

pluralista moderno. Estas tendencias deben de perder el miedo a la semántica y definirse como lo que son;

esto es, como una derecha civilizada o, si se quiere, más matizadamente, como una derecha centrista.

¿Cuál es la razón para tal afirmación? La respuesta no la damos nosotros; la respuesta la ha dado el país.

El electorado se ha pronunciado inequívocamente por dos núcleos básicos: la derecha moderada y un

socialismo de gobierno. A este respecto, es curioso resaltar que precisamente algo parecido - por supuesto

no igual - era lo que deseaban el señor Fraga y sus seis compañeros cuando batallaron incansablemente

por la adopción del sistema mayoritario a una sola vuelta. De haber sido así, ni siquiera el señor Fraga

estaría hoy en las Cortes.

Efectivamente, el electorado español ha preferido el voto útil: cabe conjeturar que fueron muchos los que,

prefiriendo otras opciones, se decidieron, sin embargo, a votar a las dos que resultaron mayoritarias y que,

por tanto, votos de AP fueron a parar al Centro, y votos del PCE (y de la izquierda radical), al PSOE. No

deja de ser extraño, en efecto, que AP haya obtenido un porcentaje de votos que no llega al alcanzado en

ocasiones por el MSI italiano, por ejemplo; y, por otro lado, es evidente la existencia de un cierto

desengaño en el PCE y oíros grupos a su izquierda sobre la disparidad entre expectativas y realidades.

El resultado de las elecciones ha sido, al menos en la medida en que pueden deducirse conclusiones, un

sistema de partidos en el que es posible una alternancia pacífica en el poder: no meramente un

bipartidismo (y críticos agudos como los profesores Santamaría y Linz se han preocupado de mostrar que

no es totalmente adecuada la denominación de " bipartidista" a la realidad parlamentaria española), pero

sí un dualismo partidista que podría equivaler, en sus resultados prácticos, al bipartidisino. Efectivamente,

si no sabemos lo que decidirá el electorado en el futuro, sí sabemos lo que ha decidido en 1977: el

predominio en el Parlamento de dos alternativas de poder que se caracterizan por aceptarse mutuamente y

posibilitar así la alternancia en el Gobierno. Estas dos alternativas son, claro está, el Centro y el PSOE. Y

la existencia de otros partidos importantes no viene a enturbiar el panorama.

En efecto, al ser tan abrumadora la distancia en votos y escaños obtenida por la Unión de Centro sobre su

rival a la derecha, Alianza Popular, cualquier acercamiento entre estas fuerzas conservadoras no suscitará

la alarma de la izquierda, debido al sustancial predominio de las posturas "moderadas" de UCD. Y, por

otro lado, al quedar el Partido Comunista en inferioridad de condiciones respecto al PSOE, la derecha

sabe que cualquier unión de la izquierda se caracterizará por la posición dominante del partido de Felipe

González. No es así posible descartar la aceptación por los sectores conservadores de un Gobierno de

izquierdas (incluso con participación del PCE) bajo la égida socialista, ni la aceptación por la izquierda de

un Gobierno conservador (incluso con el apoyo de Alianza Popular) dirigido por los hombres de la UCD.

Desde luego, nada de esto hubiera sido posible si hubieran sido las posiciones más radicales (AP y PCE)

las favorecidas por las urnas. Recuérdese que el problema italiano consiste en que la única fuerza real de

oposición es el PCI, lo que impide la normal alternancia de partidos en el poder por el miedo de amplios

sectores conservadores a un Gobierno comunista o de predominio comunista.

Todo esto ha hecho posible que exista en España en estos momentos la posibilidad de esa alternancia en

el poder, bien a través de un Gobierno de derecha centrista (si efectivamente logra una unión sólida como

partido), bien a través de un Gobierno única o predominantemente socialista. No caben a este respecto

engaños ya. El tan cacareado deseo de estos últimos meses de lograr la unidad del socialismo español ya

se ha consumado: no existe en verdad más partido socialista que el PSOE. Y no lo decimos nosotros: lo

ha dicho el electorado español. Esta circunstancia reafirma esa posibilidad eventual de un dualismo

partidista no a la británica, sino a la española, que el futuro inmediato se encargará de perfilar (de seguir

las tendencias actuales). Tendencia que nos aparta también, por el momento, de otro sistema bipartidista

de hecho como es en definitiva el italiano, que podríamos denominar de bipartidismo bloqueado, ya

dijimos por qué. Todo ello, desde luego, en el supuesto de que la Unión de Centro no se disgregue,

atomizándose en un sinfín de pequeños partidos de derecha, y dando así lugar a un multipartidismo sin

alternativas y sin futuro.

 

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