Autor: Romaguera, Julián. 
   Pérez Escolar: "Una alternativa no marxista y de derecha progresiva"     
 
 Informaciones.    29/08/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 35. 

VIDA POLÍTICA

PEREZ ESCOLAR: " Una alternativa no marxista y de derecha progresiva"

Por Julián ROMAGUERA

ALIANZA POPULAR NACIÓ ENTRE LOS DISCREPANTES DEL FRANQUISMO

«HAY QUE RESTABLECER EL IMPERIO DE LA LEY»

MADRID. 29

LA creación de un gran grupo político de centroderecha es, a raíz de su definitiva desvinculación de Alianza Popular, la principal

preocupación para don Rafael Pérez Escolar. Sobre estas y otras cuestiones mantuvo el viernes una entrevista con

INFORMACIONES, en la que el que fuera vicepresidente de Reforma Democrática señaló su optimismo ante le existencia de una

alternativa no marxista fuerte, de cara a las próximas elecciones municipales.

Rafael Pérez Escolar nació en Madrid en 1927. Abogado y juez excedente, su bufete - en colaboración con Matías Cortés y

anteriormente también con Francisco Fernández Ordóñez, miembro este último de U. C. D. y ministro de Hacienda -, es uno de los

primeros del país. Ex presidente del Consejo de Administración de ENTASA y de la Comisión de Financiación del Plan de

Desarrollo, cargos de los que dimitió por solidaridad con Fernández Ordóñez cuando éste lo hizo del I. N. I., ha sido, entre otros

cargos, secretario del Consejo de Administración de Banesto. Muy vinculado en algún tiempo a la línea de Fraga Iribarne, fue

vicepresidente de Reforma Democrática, pero no se presentó a las elecciones. Representante en su día del ala liberal de dicha

coalición, hoy se orienta hacia la creación de un partido de centro-derecha.

- ¿Por qué se apartó de Alianza Popular?

- Inicialmente, Alianza Popular fue el resultado de un esfuerzo común de personas que habían discrepado durante la época del

franquismo. Yo, personalmente, entendí que una vez muerto Franco había que borrar todos los vestigios de discordias pretéritas,

porque lo importante era mirar todos con esperanza hacia el futuro, y ello aunque siempre había militado en una oposición, si usted

quiere moderada, pero claramente antifranquista. No he jurado nunca los Principios del Movimiento, ni he recibido ninguna

condecoración, ni he ido ninguna vez al Pardo a cumplimentar al detentador de aquel hermoso y espléndido palacio. Podía haber

capitalizado políticamente mi antifranquisiiio, pero he creído que había que estar por encima de querellas pretéritas.

Alianza surge, pues, como consecuencia del esfuerzo común inicial de antifranquistas y franquistas. El pacto era claro: los primeros

mostraríamos nuestro respeto hacia un pasado del que no éramos solidarios, y los segundos, a su vez, tenían que mirar hacia el

futuro, sin acordarse de una etapa particularmente nociva. Una dictadura es esencialmente incompatible con un sistema democrático

y con una Monarquía Constitucional.

Nosotros, los antifranquistas, hemos cumplido rigurosamente el pacto al pie de la letra, con gran espíritu de generosidad. Tenga en

cuenca que en la práctica casi todos hemos sido excluidos de las elecciones, aunque de manera voluntaria por mi parte, al no querer

formar parte de las listas de Madrid. Hubiera sido una prueba de oportunismo político apartarme de Alianza Popular durante, o

incluso antes, de la campaña electoral, cuando ya veía la línea absurdamente franquista que adoptaba. No me pareció ni correcto ni

elegante por mi parte hacerlo, porque hubiera podido padecer en alguna manera el prestigio de Alianza, y opté por el sacrificio

personal. Como no soy político profesional, entendí que mi labor era la de procurar que no se radicalizara la posición de Alianza y,

sobre todo, en que no se ensanchara el abismo con el Centro Democrático.

- ¿Podría decirse que en aquel momento su línea política era compasible o, mejor dicho, similar a la que preconizaba la

U.D.C?

- Tampoco se adscribía de una manera plena mi postura al Centro Democrático por algo que ahora se está poniendo claramente de

relieve. En la U.C.D. no hay, a mi modo de ver, y es una lástima que no exista, una cohesión doctrinal e ideológica definida que

tampoco resplandeció durante la campaña electoral. Creo, sin embargo, que fue muy oportuna la aparición de Centro Democrático,

porque ante el desplazamiento de A.P. hacia el franquismo descarado, no hay duda de que la U.C.D. era la fórmula posible para, una

gran parte del pueblo español, que quería una solución política no marxista, pero sin vinculación formal al franquismo. Durante la

campaña manifesté mi complacencia por la aparición de Centro Democrático. Entendí también que era suicida la separación entre

determinados sectores de A.P. y otros de la U.C.D., ya que toda división entre afines resulta totalmente absurda y, a la larga, muy

peligrosa. Pero creo que al Centro le falta cohesión ahora como entonces. Hay curiosamente una piedra de toque que va a ayudar a

clarificar las posturas dentro del Centro Democrático, y es su homologación internacional como partido. Convergen en el Centro tres

tendencias: democracia cristiana, socialdemocracia y liberalismo; cada una de ellas adscribible a una Internacional determinada. El

Parlamento europeo se va a formar mediante elecciones convocadas próximamente. No hay duda entonces que los parlamentarios

españoles tienen también que comparecer con una definición específica para integrar ese Parlamento. ¿Cómo comparecerá Centro

Democrático? Si lo hace como un partido homologado, con la Unión Europea Democratacristiana, mucho me temo que los

socialdemócratas españoles del Centro no accedan a besar de buen grado el anillo pastoral del cardenal primado, y tampoco creo que

los liberales le digan adiós al señor Thorn. Por otra parte, si se va a una homologación social democrática ocurrirá algo muy

parecido con los demócrata cristianos y con los liberales: y, si se prefiere una homologación liberal pasará tres cuartos de lo mismo

con los otros dos grupos. Por tanto, para concurrir el Centro Democrático al Parlamento europeo con sus propios candidatos tendría

que hacer algo realmente insólito y es presentarse simultáneamente con la Internacional Socialista por los socialdemócratas, en

unión del socialismo español, con la Internacional Liberal y con los demócratas cristianos europeos, y eso me parece que ya es

mucho milagro, a pesar de los milagros que estamos acostumbrados a ver en España últimamente.

EL ERROR DE A. P.

- ¿Qué razón impulsó a A. P. a presentar en la campaña electoral una imagen que no se correspondía exactamente con su programa

que, según tenemos entendido, apunta hacia el futuro y tiene un carácter claramente progresista?

- Usted conocerá, sin duda, el dicho español, descarado, pero muy justo, según el cual «Del cura haz lo que dice y no lo que hace;

del médico, lo que hace y no lo que dice, y del boticario, ni lo que dice ni lo que hace.» Pues bien, dejando bromas a un lado, creo

que ha habido una discordancia entre lo que se ha escrito primero y lo que se ha dicho luego. El programa de A. P. es,

fundamentalmente, el programa de Reforma Democrática, elaborado por un grupo en el que yo personalmente participé. Es un

programa que compendia el ideal de la «nueva derecha», pero es claro que durante la campaña muchos líderes se olvidaron del

mismo e incluso me temo que algunos hasta no lo han leído bien. Se habló del franquismo, y no del programa, en el que no aparece

el franquismo por ningún lado, lo que resultó particularmente grave y, como prueba fehaciente, ahí están los resultados electorales...

- Según he creído entender, ¿piensa usted que el programa de Alianza Popular hubiera obtenido mejores resultados de haberse dado

a conocer correctamente en las pasadas elecciones?

- Sin ninguna duda. En A.P. hubo, también es cierto, un lamentable error inicial, que fue la presentación de una presidencia

colegiada, compuesta con carácter exclusivo por hombres del antiguo régimen. Ese falso enfoque daba una imagen distinta de la

composición efectiva de las fuerzas políticas de A. P. Pero insisto en que el defecto singular del partido fue olvidarse de las

declaraciones programáticas y hablar por sistema de un franquismo totalmente superado en España, y que hay que olvidar a todo

trance. Vivimos en el marco de una Monarquía que ha hecho posible la democracia en España. A esta realidad cierta tenemos que

ajustamos políticamente todos. Entre otras altísimas funciones, le corresponde precisamente a la Corona el papel de elemento

moderador que engarce el pasado con el futuro sin estridencias, violencia ni rupturas.

- Apartándonos del tema electoral, ¿cuál es la situación actual de A.P.?

- Realmente la desconozco, aunque lo cierto es que, nunca la he conocido bien porque, aunque he formado parte formalmente de la

llamada Junta directiva no he sido convocado a reunión alguna. La presidencia colegiada ha hecho caso omiso de la Junta directiva

en temas de tanta importancia como el planteamiento general de las elecciones, la selección de los candidatos y otras cuestiones

sobre las cuales me he visto obligado a opinar al margen de la organización del partido, posición la mía que, a pesar de la censura, a

veces acerba, de algún miembro de esa presidencia colegiada, no ha resultado tan desatinada como el censor suponía.

MARGINADO

- ¿Era usted entonces un marginado dentro de Alianza Popular?

- En cierto modo, sí. Ahí tiene usted mi postura sobre la legalización del Partido Comunista. Cuando fue expuesta, alguien habló

incluso de expulsión, sin tener en cuenta, por otra parte, que A.P. no era propiamente un partido político, y si no lo era, entonces mal

se puede expulsar a alguien de algo inexistente. Pero, como usted ha dicho bien, vamos al presente. Creo que Alianza Popular debe

afrontar sin demora su disolución para dar paso a, dos fuerzas políticas que, sin ser incompatibles, sí son claramente distintas. La

primera, de carácter fundamentalmente centrista, es lo que ha dado en denominarse «la nueva derecha», que ha de plantearse como

una opción superadora del marxismo, idealista y yo diría que hasta utópica, autocrítica., afirmativa, reformista, sin más límites que

la realidad social y no demagógica, pero sí profundamente progresiva. Sobre estas bases debe centrarse la construcción conceptual

de la gran fuerza política que el país necesita como garantía de un proceso de integración popular en torno a una monarquía

democrática. La otra fuerza política derivada de A.P. habrá de situarse en el marco de una derecha más tradicional, vinculada al

pasado como heredera suya en cierto modo. El centroderecha debe eliminar cualquier alusión al franquismo, aún cuando continúe

manifestándose respetuoso con el pasado. El otro grupo no es que esté obligado a reconocer su carácter franquista, pero lo ha dicho

tantas veces a lo largo de estos últimos meses que nadie se creerá otra cosa, aunque llegue a jurarlo de rodillas.

LA NUEVA DERECHA

- ¿Se integraría ese centroderecha en la U.C.D?

- Más que un proceso de integración habría que hablar de formación de ese grupo político entre afines. Los próximos meses van a

dar la medida de la clarificación definitiva de las fuerzas políticas. En España actúa un partido comunista importante, serio, con

unos objetivos definidos y una habilidad innegable en el planteamiento de la política, creo que en absoluta concordancia con Moscú,

del que aparentemente discrepa a través de la fórmula ficticia del eurocomunismo. El Partido Socialista ha obtenido un clamoroso

éxito popular como contraste con la etapa dictatorial precedente. Resulta entonces que el marxismo, a través de ambas vertientes,

está en España más que clarificado. Hace falta, pues, una nueva derecha, y no se puede entender cabalmente que el actual Gobierno

practique una política de izquierda cuando en realidad ha sido elegido por la derecha. Eso es algo filosóficamente inadmisible, un

verdadero contrasentido. Se requiere el contrapeso necesario de una derecha progresiva, algo así como la que preconiza el

Presidente Giscard en Francia. Esta es la única solución para que en España no estemos aplaudiendo sistemáticamente cualquier

cosa que complazca a la izquierda lo que es peligroso en grado sumo. Cuando unos empresarios protestan por algo son unos

criminales de guerra; cuando los trabajadores formulan sus reclamaciones laborales, por la vía de la huelga, siempre ejercen un

legítimo derecho. Hay que ver quién tiene razón y dársela. No podemos inventarnos, por ejemplo, el impuesto sobre el patrimonio,

de la noche a la mañana, cuando en Francia llevan años discutiéndolo. No lo hacen allí por gusto, sino porque se despliega

razonablemente la dialéctica de la derecha y de la izquierda y ambas invocan sus razones respectivas.

- Entonces, ¿considera usted que el comunismo se beneficia del radicalismo de Alianza Popular?

- En estos momentos, la actitud de A.P. no beneficia al comunismo ni de cerca ni de lejos; lo que le está beneficiando es la falta de

vertebración efectiva de las demás fuerzas . positivas; porque lo que no tiene duda y es lamentable reconocerlo," es que el único

político en estos momentos que sabe lo que quiere es Santiago Carrillo. De donde resultan más ridículos aún los bizantinismos de

los demás grupos o los personalismos de sus dirigentes.

- En los últimos días se ha especulado con la posibilidad de que Licinio de la Fuente abandonase Alianza Popular. ¿Qué opina sobre

el tema?

- Es una decisión que le corresponde a Licinio de la Fuente con carácter exclusivo y en la que no entro. Quizá esté en función de la

tesis ya expuesta por mi en orden a la disolución de Alianza Popular; pero, repito, es cuestión que afecta sólo al ámbito personal del

interesado.

- Dado que usted no parece dispuesto a ser promotor de esa" nueva derecha», ¿qué actitud personal va a adoptar para contribuir a la

creación de la misma?

- Desde luego, de ninguna manera voy a ser el patrocinador de ese partido de centroderecha. Lo que sí voy a hacer es trabajar

modestamente en un ámbito estrictamente personal para que se constituya. Pero hay que partir de los grupos que existen en la

actualidad. sin afán de novedad y sólo con propósito integrador y univoco.

AL MARGEN DE PROTAGONISMOS

- ¿A qué se debe este afán de no protagonismo por su parte con respecto a la creación de un partido del que, según acaba de decir,

tiene las ideas perfectamente claras?

- No me preocupa el no tomar la iniciativa en tal sentido porque sé que hay otros muchos que pueden hacerlo con fortuna y lo van a

intentar además, porque no hay más remedio que hacerlo. Nos estamos debatiendo entre dos modelos de sociedad, el marxista y el

que rige en los demás países de la Europa occidental. Para la pervivencia de los esquemas europeos te requiere entre nosotros ese

gran esfuerzo de unión entre quienes piensan de la misma manera por encima de las diferencias accidentales. Por ello, considero que

no deben asumirse posiciones personalistas, sino coadyuvantes. Yo, por otro lado, me niego rotundamente a ser un profesional de la

política. Es curioso que los que hemos sido hombres de la oposición durante el franquismo sintamos en cierta manera que nuestra

función ha concluido en buena parte...

- Pero usted pudiera seguir estando en la oposición si persiste la inclinación del Gobierno hacia la izquierda, ¿No es así?

- No me opongo en modo alguno a renovaciones esenciales de la sociedad española. He dicho repetidamente que se requiere su

transformación en una sociedad moderna, en que las relaciones autoritarias y jerárquicas de antaño se sustituyan por una auténtica

participación ciudadana, en una sociedad industrializada que elimine los rasgos del subdesarrollo. Pero no comparto posiciones a la

izquierda por sistema, puramente demagógicas muchas de ellas, y menos aún posiciones improvisadas y desconectadas del momento

real que atraviesa España, que es muy grave política y económicamente. No comprendo como después de que todos los partidos han

dicho durante las elecciones que el regionalismo ha de ser objeto de un debate profundo, responsable y sereno en el Parlamento,

ahora resulta que este tema se ya a resolver a través de emisarios más o menos oficiosos; no lo entiendo. Eso, para mí, supone un

desconocimiento de la vigencia de la ley y hasta del ejercicio de la autoridad. Por otro lado, no podemos por las buenas, y sirva esto

como segundo ejemplo, improvisar un impuesto sobre el patrimonio que no se le explica suficientemente al país en cuanto a su

alcance, su significado y, sobre todo, engarce con las demás figuras, tributarias.

- ¿Hasta qué punto es factible la concurrencia de la "nueva derecha" en las próximas elecciones municipales y qué importancia

podría tener la misma?

- Sería necesario acelerar el proceso de integración de esa gran fuerza política ante la proximidad de las elecciones municipales para

las que, según se colige d_e la Prensa, la izquierda está poniendo a punto todos sus instrumentos de actuación. Es imposible

aventurar si para esa fecha ya existirá aquel gran partido, pero he de decirle que todo lo que yo pueda modestamente colaborar en su

creación lo haré con particular empeño.

FALTA DE AUTORIDAD

- Teniendo en cuenta la cercanía de los comicios del pasado 15 de junio, ¿qué opinión le merece el momento actual del país?

- Existe en España una sensación generalizada de que se ha perdido la vigencia de la ley. Hay que restablecer el imperio de la

norma. No se puede tolerar que personas sobre cuyas cabezas gravita una responsabilidad delictiva se sigan paseando impunemente

sin que nadie ordene su detención. La ley es la ley, y tiene que estar por encima de oportunismos políticos que sirvan a abdicación

del ejercicio responsable de la autoridad.

- ¿Y en lo que respecta al Ejército?

- Creo que la discreción en la actitud del Ejército durante el proceso democratizador merece el aplauso de todos los españoles. No ha

trascendido ningún tipo de discrepancias esenciales a escala institucional. Lo mismo ha ocurrido con la judicatura, cuyo

comportamiento de gran responsabilidad puede calificarse de excepcionalmente valiente y honrado. Han sido realmente dos

instituciones ejemplares en todos los aspectos.

AUTONOMÍAS: TEMA PARLAMENTARIO

- Antes aludió al tema regional. ¿Qué piensa sobre las autonomías?

- Efectivamente, antes dije que, haciendo caso a las declaraciones de los partidos, el tema de las autonomías debía ser tratado por el

Parlamento. Pero ahora resulta que esta espinosa cuestión se está dilucidando a través de unos representantes oficiosos no

legitimados por nadie en realidad. Este tema, repito, hay que tratarlo profunda y responsablemente dentro, única y exclusivamente,

del marco parlamentario. Otra cosa es contradecir el sentido real del pueblo español, manifestado en las últimas elecciones. Esto es

vital, pues, de lo contrario, se trataría de un ataque frontal contra la democracia y, si ésta sirve para algo es, fundamentalmente, para

que el pueblo manifieste su determinación sobre puntos básicos de la convivencia nacional.

29 de agosto de 1977

INFORMACIONES

 

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