Autor: Burcet, Josep. 
 El "test" político de "Informaciones". 
 7 ¿Es usted comunista?     
 
 Informaciones.    28/01/1978.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 52. 

EL «TEST» POLÍTICO DE «INFORMACIONES»

7 ¿ES USTED COMUNISTA?

LA pregunta de esta semana - ¿es usted comunista? - pretende ayudar a definir algunas de las constantes que intervienen en el

proceso ideológico hacia la aceptación o rechazo del comunismo como sistema de convivencia. Como en todos los juegos

precedentes, se exige una alta cota de puntuación para alcanzar cierto grado de identidad con las teorías comunistas, pero algunas de

las preguntas, por el radicalismo de sus planteamientos, ayudan - por así decirlo - a aquellos jugadores que, «a priori», sienten

simpatía por el comunismo. Al analizar la ideología comunista, el sociólogo ha prescindido, como siempre, de matices para

establecer un perfil muy concreto, que invita a la reflexión a todos aquellos que no están demasiado convencidos. El

eurocomunismo y la propaganda democrática que conlleva el nuevo ismo que propugna Santiago Carrillo, quizá acentuarán dudas

razonables, incluso en alguno de los militantes activos. La cota de puntuación más alta corresponderá, por contra, a aquellos que

admiten movimientos más radicales.

Es necesario insistir, una vez más, que en absoluto tratamos de establecer un «test» de identidad, sino que se trata simplemente de

un juego, que explicará, en definitiva, un acuerdo o desacuerdo de principio sobre las constantes que intervienen en la sociedad y

que le hace rechazar o aceptar determinada ideología.

Cuestionario de Josep BURCET

PUNTUACIONES

Observara el lector que algunas de las preguntas están formuladas en positivo y otras en negativo. Las puntuaciones son directas, en

el primer caso, e inversas en el segundo.

El cuadro que ofrecemos a continuación es el directo:

5. Totalmente de acuerdo.

4. Bastante de acuerdo.

3. No está seguro de su respuesta o la proposición le parece mal planteada o ambigua.

2. Bastante en desacuerdo.

1. Totalmente en desacuerdo.

En caso de preguntas en negativo, se invierte la puntuación de acuerdo con el siguiente cuadro:

5 es igual a 1

4 es igual a 2

3 es igual a 3

2 es igual a 4

1 es igual a 5

Esto quiere decir que, al efectuar la suma de puntuaciones, aquellas preguntas en negativo - dibujo y texto también en negativo - el

jugador debe considerar como sumando la cifra inversa, es decir: en caso de respuesta 5, se debe sumar 1: en caso de calificación 4,

debe sumar 2, etc.

En el caso concreto de esta semana, las preguntas 1, 5, 6, 7, 11, 15, 19, 21 y 22 son negativas; o sea, es preciso invertir el resultado,

de acuerdo con la segunda escala. (.Véase los dibujos en negativo que corresponden a esas preguntas.)

ESCALA DEL COMUNISMO

1 E1 consumo de las drogas suaves, como el hachís y la marihuana, debería ser legalizado...

2 Si hay que ser sincero, se debe reconocer que sería necesaria una cierta censura para prevenirnos de la propaganda de los

adversarios políticos...

3 Si fuera posible, deberíamos controlar de cerca a las minorías raciales y los movimientos religiosos para que no obstaculicen el

progreso de la sociedad...

4 Un Estado socialista debería planificar toda la actividad económica nacional...

5 Un programa de nacionalizaciones demasiado amplio y precipitado ocasionaría el estancamiento económico y la

burocratización de todo el país...

6 Incluso en una economía socialista, la libre competencia entre las empresas es necesaria para aumentar la riqueza...

7 El Estado no debe inmiscuirse e n cuestiones de natalidad y ética sexual, aunque ello implique el sacrificio de algunos objetivos

nacionales...

8 Para solucionar los problemas que tenemos, lo ideal sería tener la fuerza suficiente para pelear y ganar a nuestros

adversarios...

9 El pez grande siempre se come al chico...

10 El sistema capitalista ha dado buenos resultados en nuestro país y no hay ninguna razón para cambiar...

11 En una guerra, cualquiera que sea su desenlace, los daños y los inconvenientes son más grandes que los beneficios ...

12 La seguridad económica para todos los miembros de la nación no es posible bajo un régimen capitalista...

13 Decir «libre empresa» es lo mismo que decir explotación de los trabajadores...

14 A nadie se le debe permitir que compre privilegios y tratos de favor su familia, tanto en materia de educación como en

asistencia médica...

15 La inversión en infraestructura urbana en los barrios periféricos es poco rentable y significa tirar el dinero...

16 A la corta o a la larga deberá desaparecer la propiedad privada y se nacionalizarán las empresas...

17 Para que las cosas vayan bien dentro de un grupo o de un partido político es necesario que exista mucha disciplina...

18 No se conseguirá una paz estable hasta que triunfen los postulados marxistas en todos los países...

19 Las empresas deben poder producir aquello que les proporcione más beneficios y no aquello que, según el Gobierno, satisface

mejor los intereses nacionales...

20 Los ideales, la filosofía y los conceptos pueden tener su importancia, pero lo que realmente cuenta son los salarios, las

condiciones de trabajo y la economía global del país...

21 Los poderosos continuarán siendo los amos, y los oprimidos permanecerán sojuzgados...

22 Los países industrializados tienden hacia un sistema político que no es ni marxista ni capitalista...

RESULTADOS

Si ha obtenido de 85 ó 90 puntos en adelante, sus actitudes políticas caen dentro del área del comunismo. Si todavía no está inscrito

en ningún partido y siente deseos de iniciar militancia política, no cabe duda de que los partidos comunistas constituyen su mejor

alternativa. Allí encontrará personas con quienes se identificará ideológicamente, y probablemente congeniará con facilidad.

Y si no desea militar activamente, es muy probable que, como elector, se sienta inclinado a votar comunista.

¿ACTÚA USTED SIEMPRE DE ACUERDO CON SU IDEOLOGÍA?

MUCHAS veces hay conflictos importantes entre nuestro comportamiento diario y nuestros grandes principios ideológicos.

La verdad es que no siempre actuamos de acuerdo con lo que decimos. Y esto nos llena de remordimientos, porque anda por ahí un

principio ético según el cual las personas maduras y honradas han de ser consecuentes con sus ideas.

Pero las personas reales no somos máquinas que cumplen a rajatabla con su conciencia, sobre todo cuando esa conciencia ha sido

previamente amañada, manipulada y sometida a intereses «superiores».

CON LA PERSONALIDAD HECHA AÑICOS

En épocas como esta, de cambios sociales profundos y acelerados, la personalidad ideológica de los individuos no es un paquete

monolítico, sino un mosaico formado por distintos sedimentos que proceden de épocas distintas, de realidades sociales muy

diferentes entre sí.

Una parte importante de nuestro sentido moral y de nuestras pulsiones ideológicas está enquistada en lo más profundo de nuestro

sistema nervioso. Es la parte que resultó fijada durante la primera infancia.

Otros componentes igualmente importantes proceden de otras etapas de nuestra vida y constituyen las huellas de otras realidades

sociales más recientes.

Cuando la evolución social es muy fuerte, las concepciones morales e ideológicas también llegan a transmutarse y entonces dos o

más voces se enfrentan en nuestro interior. Una de ellas es la voz de nuestra conciencia más remota, que procede de los primeros

años de la vida. Las otras son las voces de las conciencias adquiridas más recientemente por medio de nuestras experiencias

personales y de las vivencias acumuladas al vivir distintas situaciones y contextos.

El lado dramático de esta cuestión reside en el hecho de que esas voces se contradicen y se enfrentan en nuestro interior.

Se puede decir que actualmente casi todas las personas tenemos varias ideologías. Unas más conscientes y otras más inconscientes.

Unas que queremos y otras que aborrecemos. Los componentes más profundos muchas veces pueden imponerse a los adquiridos

más recientemente (que siempre sea más lábiles).

Y esto es lo que pasa, sobre todo, a la hora de actuar. A veces somos muy modernos, opinando y muy trogloditas actuando. Lo que

nos llena de confusión y angustia.

Un joven «progre» puede defender con impresionante locuacidad la libertad sexual de las mujeres y aceptar sobre el papel que su

pareja tiene derecho a visitar lechos ajenos. Pero si su pareja termina realmente en la cama de otro, es muy posible que otras

actitudes más profundas traten de aflorar y le inviten a protagonizar los comportamientos desmadrados del varón burlado o del

cornudo de vodevil.

Un militante anarquista puede ir por este valle de lágrimas repitiendo con el más puro de los candores que es preciso hacer la

revolución para erradicar el autoritarismo de la sociedad, y mientras tanto en sus reuniones con otros militantes puede comportarse

de una manera extremadamente autoritaria, recurriendo a todos los golpes (chantaje afectivo, gestos despectivos, miradas

desaprobadoras, etc.), y mostrándose intolerante con las ideas y los planteamientos ajenos, o siendo insensible a los intereses y las

emociones de los demás.

Un comunista de fila cero en las artes, o las letras, o en la profesión liberal, puede predicar la igualdad para todos, al tiempo que se

esfuerza con empeño sobrehumano para conseguir que su cuenta corriente progrese cien veces más de prisa que la del obrero de la

obra de en frente.

Un liberal exquisitamente tolerante podrá dar rienda suelta en una reunión social a sus lucubraciones permisivas sobre el problema

de la homosexualidad, pero se pondrá tieso como un palo, desasosegado y rechazante cuando una pareja de enamorados le hagan

una escena de amor delante suyo en el mismo compartimiento del tren.

EL CORTOCIRCUITO DE LOS INTERESES

No estará de más recordar ahora que nos adherimos a las ideologías por caminos muy distintos. A veces defendemos ciertos

postulados para justificar inconscientemente nuestros intereses. Intereses derivados de nuestra posición de riqueza o de pobreza;

intereses relacionados con la estima social que tratamos de conseguir a veces sin que importe el precio; intereses derivados de la

necesidad de satisfacer nuestra sexualidad, o de afianzar nuestra seguridad, o de satisfacer nuestro deseo de poseer, o de colmar

nuestro afán de poder.

Es así como en ocasiones llegamos a una ideología. Empujados por emociones bajas o intereses no siempre confesables. La

adopción de un argumento ideológico tiene efectos, diría que sobrenaturales, porque confiere respetabilidad a ciertas inclinaciones

ordinarias que no somos capaces de mirar cara a cara porque nos avergüenzan.

Si necesitamos racionalizar la pobreza y ocultarnos a nosotros mismos que aborrecemos nuestra situación de penuria, podemos

asumir que «el dinero no da la felicidad», que «todos los ricos son unos trincones», que «el dinero está en manos de los que chupan

la sangre de los trabajadores», que «la sociedad de consumo es una trampa de las multinacionales». Después de asumir estos

postulados uno se puede llegar a sentir mucho mejor. El sentimiento original de vergüenza, envidia, la sensación de fracaso social o

profesional, la angustia de saberse perteneciente al lumpen se trocan en el sentimiento honorable de pertenecer a una clase social

pura y libre de las manchas del dinero.

Y si necesitamos racionalizar la riqueza y ocultarnos a nosotros mismos que nuestros privilegios nos avergüenzan, podemos asumir

que «los pobres son todos unos horteras», que «con dinero se puede comprar todo», que «pertenecemos al grupo de la gente con

clase» o incluso que «las tensiones laborales son obra de los agitadores».

Pero si hemos sido primero pobres y luego ricos. O al revés, si primero hemos sido ricos, y ahora somos pobres, entonces se nos

pueden cruzar los cables dentro del cráneo: ¿La sociedad de consumo está bien o está mal? ¿El dinero da libertad o no da más que

porquería?

Y si hemos sido primero católicos practicantes y luego nos hemos vuelto ateos, otros cortocircuitos pueden chisporrotear en nuestro

interior: ¿Cómo es que siendo el sexo algo bueno y saludable, luego en la cama con Margarita nos asaltan las vergüenzas y las

inhibiciones?

A causa de todo esto muchas personas se desesperan porque se sienten naufragar en la pomada de sus contradicciones.

Por otra parte, hay que reconocer que todavía quedan políticos, periodistas y otras voces públicas que lanzan denuestos y

acusaciones contra toda persona asediada por las contradicciones, exigiéndonos a todos que seamos lineales, congruentes y majetes.

Pero desde el punto de vista del sociólogo, estas incongruencias ideológicas, esa falta de sintonía entre lo que se opina y lo que se

hace no tiene por qué sonrojar a nadie. Ese revoltijo ideológico es sólo el resultado natural, la huella inevitable que las

transformaciones sociales en curso han dejado en nuestro espíritu.

En estos casos, empezar a comprender es empezar a sentirse mejor, y a ser más amable con uno mismo y con los demás. - J. B.

 

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