Autor: Páez, Cristóbal. 
   El primer paso     
 
 Arriba.    23/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL PRIMER PASO

DESDÉ el otro lado del mar —mi Buenos Aires querido— nos llegan unas palabras serenas,

balsámicas, del viejo historiador y empedernido liberal don Claudio Sánchez-Albornoz. Vienen

a cuento de la reforma política aprobada la semana pasada por las Cortes Españolas y son las

siguientes: •Creo que los franquistas han dado un paso adelante para hacer una España

nueva. Me felicito de eUo y ahora espero que los demócratas y liberales den un paso adelante

también para hacer esa España

ACABAMOS de dejar unos días pletóricos de palabras. En la tribuna parlamentaría, en la

tribuna periodística, en ia tribuna popular improvisada de ia caite, en la pequeña tribuna

hostelera, tan de moda, en la tribuna doméstica de la sobremesa familiar, etc., se han debatido

tres temas, uno presente y dos pasados, ove forman parte muy sustantiva de los trabajos y los

días nacionales: el cambio político que representa d tránsito pacífico, ordenado y legal de un

régimen de poderes excepcionales a un régimen democrático y ta conmemoración aniversaria!

de la muerte de Francisco Franco y de José Antonio Primo de Rivera.

EN puridad, ha pasado todo y no ha pasado nada. Ha pa* sado que la vida sigue su curso; que

el reloj no se ha parado; que el ayer se ha hecho presente con voluntad de futuro; que la

nostalgia se ha hecho pequeñita, como reducida por tos jíbaros, y 4a lealtad grande, como

amasada con el creciente de la esperanza; que la termocefatia na enseñado bandera blanca

por primera vez desde índívil y Mándenlo... Y no ha pasado nada de lo que, pese a figurar en

siniestros carteles y siniestros progiama» de mano, decían —algunos, muchos— que tenía que

pasar. Ni en el Parlamento franquista, ni en la rúa franquista, ni en la plaza franquista, ni en la

Iglesia franquista, se ha gastado un caí tocho en sangre.

LOS «Hras de la nueva ola, los neoultras. con sus vellocinos de oro y sus pieles de oro y sus

pieles de cordero, se han quedado donde mordesfámente se tenían que quedar: en su «libertad

sin ira», en su ferial juego de pimpam-pum a la Historia, en su «diario independiente», en su

Nuremberg sin estrenar, en sus habas escasas y contadas, en su desangelada follettnizactón

de la historia, en su superávit de cicatería y su déficit de generosidad... Pueden, y deben, darse

ia mano con los otros ultras, con aquellos otros que la otra noche intentaron tirar el «Cara al

Sol», como quien arroja un vino agrio, entre los veladores del café Gi jón.

AL hito de los tres hechos registrados en ia semana pasada, repito, se ha montado un

gigantesco festival de luz y sonido. Estaba España acosada de voces y de haces, cuando de

repente el viejo maestro de te historiografía, on gentilhombre llamado Claudio Sánchez-

Albornoz, nos ha pasado a través de la mar océana un pequeño trozo de popel y una pequeña

luz. O, por mejor decir, una factémaga y cuatro línea* de máquina de escribir; cuatro lineas a

repartir equitativamente, dos r dos, entre las dos Españas que dicen que son. ¿No es eso?

Para la España A son éstas: Creo que los franquistas han dado un paso adelante para hacer

una España nueva.» Y para la España B éstas otras: «Ahora espero que los demócratas y

liberales den un paso adelante también para hacer esa España.»

CUATRO líneas y una lección de Historia. Mejor aún: wta lección de Historia en cuatro

lineas.

Cristóbal PAEZ

 

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