Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   Regionalismo: punto de partida     
 
 Ya.    19/11/1976.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Pag. 5ya

«REGIONALISMO: PUNTO DE PARTIDA»

LEYENDO el editorial de la revista "Opinión" (número 6, día 12 de noviembre) ms he creído

obligado a una transitoria detención en el discurso de mis reflexiones sobre el regionalismo y la

transformación del Estado español. "Opinión" dice literalmente: "El problema de la diversidad da

pueblos, culturas y lenguas no es, ni mucho menos, privativo del caso español. Otros paises lo han

solucionado inteligentemente hace ya tiempo. España también lo solucionó a lo luígo de su historia."

Una lectura de urgencia incita a una adhesión casi incondicional a lo que he transcrito. Con el posterior

repoao, y de cara precisamente a la problemática generalizada y esencial que nai e precisamente de la

existencia de multiples construcciones ci latales en las que .se da un ,abigarramiento de etnias, pueblos,

culturas, etc. (empleo el lenguaje que fue clasico en la dus. cusión marxista de principios de siglo), las

imvrtidumhiea hacen su aparición. Honestamente estimo que no serín un "buen punto de partida" dar esa

sensación de facilidad, d« lugar casi común que en algunos pudiera evocar el tremendo problema que

antes se llamó de las nacionalidades y ahora presentamos como de la regionalización. ¿Hasta qué punto

no coexisten en la actualidad problematic as que provienen de épocaa y de uontextos muy distintos? No

es difícil verificar esta yuxtaposición de Imágenes cuando per. clWmos que se nos habla de

nacionalidades, sin concretar la referencia se hace a la baja Edad Media (plenitud y protagonismo

internacional de la nación catalana, como dijera «1 profesor Reglá), a la segunda mitad del siglo

pasado* a la «tapa ginebrina ó específicamente * nuestro tiempo. Dejar en la ambigüedad este punto

constituye un gravísimo error. Este problema hay que entenderlo en función de laa circunstancias de lugar

y tiempo. El que esté acostumbrado a la lectura de textos marxistas comprenderá lo absurdo que es

acometer el tema de laa nacionalidades marg i n a n d o esas circunstancias (me remito a la despiadada

crítica de Lenin a Rosa Luxembuigo en cuanto al problema de las nacionalidades). El dato que utiliza

"Opinión" no es válido. Esa coexistencia aludida presenta en cada instante y con´ texto caractei isticas y

problemas totalmente diferentes. ¿Es que se puede prescindir de los supuestos económicos, tecnoló

gicos, culturales, internacionales, etc.. para llegar a una conclusión simplista y no comprender que esos

elementos tienen un valor totalmente distinto según las condiciones de lugar y tiempo a ios que vengo

refiriéndome´.´

EL problema nú es nada fácil, como tampoco se puede decir con tono triunfalista que otros pueblos lo

han resuelto adecuadament e. . Aún mas: yo me atrevería a decir que en si es un problema .en constante

proceso de mutación y que lo que la historia precisamente nos confirma es esa continua alteración en la

naturaleza y soluciones de la cuestión. Acudiendo al libro de Regla, vemos hasta qué grado fue Inestable

esa fórmula de equilibrio entre los pueblos peninsulares. Incluso cómo dentro d* ta Corona de Aragón,

el •entro de pravedad se despla«aba de Cataluña a Aragón y de aquí a Valencia, para desputt retornar al

punto de, partida. Bn la actualidad lo mas prudente será decir que ningttn Estado tiene verdaderamente

resuelto el problema. No Ib tienen resuelto Francia, Bélgica, Yugoslavia, Inglaterra, Canadá, como

tampoco se puede decir que lo hayan superado por completo países del campo socialista, ni tampoco la

mi«m* Italia..., y qué diríamos d* África, ete. T al miramos, y debemos nacerlo, a las Comunidades

Europeas, sólo ahora M puede comenzar a decir queexiste el germen de una política regional...

EL dato mismo de que utilizamos una expresión relativamente nueva, como es la de la regionalización

(tomada como descripción de una realidad y formulación de una Ideología), para Incluir cuestiones no

del todo homogéneas, resulta ya una fuente de dificultades. ´ Debemos de observar las implicaciones qua

tiene en el proceso de rcgionaüzación el empleo de estas dos nociones: principio de autodeterminación y

problema de las nacionalidades. Cuando Lenin polemizó defendiendo el punto 9 del programa de la

socialdemocracia rusa contra Rosa de Luxemburgo y otros, lo hacía precisamente tomando como ele

mento cardinal el principio de la autodeterminación. Para Lenin sufonía la posibilidad de la secesión, y

todo lo que fuera ocultar esta salida era hacer puro filisteísmo. Aún hoy puede mantenerse, de no

introducir las obligadas matizaciones, esta tesis. No olvidemos quo de la autodeterminación se habla para

aludir al derecho de los pueblos oprimidos a constituirse como Estados independientes. ¿Derecho sólo

atribuido a los llamados pueblos coloniales? Puede defender.se la tesis, habWa cuenta del valor conce

dido ai principio de la integridad territorial de los Estados existentes. No obstante, la precisión se

impone.

EN la situación política española la confusión se produce cuando vemos que se emplean casi como

indistintos elementos dentro de la política de regionalización 1 o s conceptos de nacionalidades, regiones

y países. Empecemos por el último. ¿Puede decirse, sin vacilar, que cuando el profesor Ferrando habla

del país para aludir al valenciano se está diciendo lo mismo que se Invoca por ciertos sectores catalanes

cuando hablan "del països catalans" ? Una regionalización que estamos acometiendo operando sobre

unas comunidades conscientes de su nacionalidad (unas nacionalidades) y unas regiones (de las qu«

tampoco ae excluye ´que reivindiquen su autonomía, que bien pudiera llevarlas a la condición de las

primera*). ¿En qué criterios se apoya esa distinción? Gis

M. AGUILAR NAVARRO

(Contlnóa pn (me iete.)

PUNTO DEPARTIDA

(Viene de la pàg. anterior)

evidente que no se qu!«r« confundir la comunidad nacional catalana, etc., con la* regiones, No es menos

claro que en la mayoría de los grupos marxistas domina la conciencia de que Junto y por encima de ese

nivel están i ai exigencia* de la oíase, etc.

Tampoco creo que nadie pueda Ignorar que hay condicionamientos económicos, tecnológicos e

Internacionales, amén de políticas, que hacen Imposible plantear en abstracto te cuestión. Mas ¿como

delimitar con´ rigor la diferencia entre dos conceptos empleados? Acudir a la historia, al idioma, «¿ terri

torio, a la étnica, etc., posiblemente noa desplace´aún más al campo de la polémica de las nacionalidades

(de la nación butcw&do BU propio Estado) que tí tema actual de la regionalización, Estar simplemente

at dato de la previa existencia d« un estatuto no creo que hoy •ea aportar un elemento definitivo. Ele un

dato Importante, ¿qué duda cabe?, pero no una respuesta última. Obsérvese que en parte esosestatutos vi

vieron una existencia precaria, en un contexto ademas anormal. Ahora catan envejecidos y posiblemente

no responden ni * las exigencias de sua comunidades ni a las que impondrá la construcción de un Estado

que ya no puede partir da una problemática regional entoncee inmadura y en jarte repudiada por la

fórmula ambigua (así la calificó Pérez Serrano) del "estado integral" de la República,

Esta provisional parada en mi trayectoria sólo ha tenido como finalidad evitar caer en

to facü. Fácil y funesto M no comprender que el problema hoy hay que entenderlo como rt fuera un

fenómeno casi totalmente nuevo. Pensemos ahora en un factor esencial: la regionalización y su relación

con el desequilibrio regional. ¿No seria adecuado tomar como punto de partida e] examen del repertorio

de desigualdades que se dan en esta cuestión?

M. AGUILAR NAVARRO

 

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