Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    28/11/1976.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

péndulo

como hoy los partidos fueron tanto noticia. Pocos fines de semana se pueden comparar o éste en

movilidad de fuerzas políticas. Incluso la Conferencia .Episcopal se destapó ayer por el todo del

referéndum y. al hacerlo, se contaminó levemente de las cosas terrenos. Los señores obispos —que yo se

sobe que son lo paz en persono— tuvieron ayer frases muy compacientes para todos: paro la oposición,

porque pkfteron garantías plenas ante lo consulta. Para el Poder, porque les olee a los ciudo danos que no

deben votar por presiones de grupo. Se noto que el reino de los tenores obispos no e* de este mundo, y en

el documento que dferon a la luz brilla lo estreio de la síntesis del bien y del mal, y aquí paz y después

glorío. Yo estoy seguro de que si el Poder se acercase un poco o sus tesis y n oposición tuviese esto visión

ultraterrena de los acontecimientos, estaríamos haciendo un pais evangélico, «descartando móviles

apasionados o presiones de grupos. Algo así era lo que pretendía el Régimen de Franco.

Pero les hablaba de partidos al principio, y hay que volver a ello. Acabamos de entrar, pora bien o para

mal, en el gran mes del socialismo. Se abrió en Gi nebra, se continuó en Barcelona, y seguirá por el

Congreso del PSOE renovado. Las dos primeras reuniones internacionales tienen repercusión en España.

De hecho, en ellas están las dos grandes secciones del futuro PS español: la «europea» y la

«tercermundista. En eso acabará, seguramente, la gran divi s.ón que sufren, como cualquier otra

tendencia, los partidos «soc» de la España postfranquista.

V, aunque sólo sea para el próximo Congreso, el PSOE y la autoridad, se han dado la mano.

En medio del gran barullo informativo que ayer se produjo, hay algo evidente: el Congreso será permitido.

Digo «permitido» y no «autorizado»,

porque, si se acoge a la ley de Reunión, no necesita siquiera la expresa petición oficial, sino una simple

comunicación. En cualquier caso, todo esté bastante pactado, como lo estuvo incluso para la «suspensión»

del mes de octubre.

Si Soares viene, quedará despejada la gran duda de saber por qué se prohibió hace un mes. Habría sido

para que la presencia deJ primer ministro portugués no tuviese un carácter de ilegalidad. Ahora, después

del viaje del Presidente Suárez, ya puede estar con sus correligionarios en viaje oficial e, indirectamente,

fortaleciendo a los poderes constitucionales. Pero, aunque eJ Congreso se celebre —que se celebrará—,

queda planteado el problema de siempre. EJ lector recordará que el 19 de octubre se suspendió con el

argumento de que los solicitantes carecían de personalidad Jurídica. ¿Es que hoy la tiene? Evidentemente,

no, al menos de acuerdo con las previsiones de la ley de Asociación Política. ¿Qué ocurre, entonces?

Ocurre que el resbaladizo reino de la tolerancia se prorroga, en espera de que alguna negociación abra un

poco más las portezuelas de la •ventanilla» o anime a los oponentes a entrar por su cauce.

Porque, al margen de todas las anécdotas, la palabra, evidentemente, es ésta: negociación. Cuando escribo

esta crónica, en Madrid está reunida la «cumbre» de la oposición, luchando por encontrar una alternativa

de diálogo. Anda la sombra del referéndum por medio,sufriendo un poco las consecuencias de que no se

haya celebrado cuando comenzó la primera reforma. Esta oposición reunida parece tener sólo un

propósito: ponérselo difícil al Gobierno, quizá sin entender que el referéndum es sólo un procedimiento

para dar entrada a la democracia. O quizá entendiéndolo, pero buscando una estrategia para retrasar las

elecciones, e intentando capitalizar, en su provecho, los porcentajes de abstención.

Sin embargo, aunque se hayan reunido todos, también la oposición sufre un cisma ante la consulta.

Cuando para los más radicales el referéndum debe ser vetado, para la oposición moderada el referéndum

es un tramita que se puede aceptar sin prejuicios. En este sentido, la posición da algunos grupos

demócrata-cristianos —que mañana abren el turno de conversaciones con el Presidente— parece ser la

más coherente. Al margen de que la consulta ya tiene credibilidad, las garantías y la «limpieza» de

procedimiento interesan mucho más para las elecciones. ¡Pues claro, señores! ¿Có mo, si no, vamos a

poder elegir libremente a los representantes? Pero aquí, por to visto, hay mucha gente que no tiene el

mínimo interés en que eso pase. Sin embargo es inevitable. E improrrogable.

Fernando ONEGA

 

< Volver