Otra provocación contra la libertad     
 
 ABC.    21/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OTRA PROVOCACIÓN CONTRA LA LIBERTAD

Avanzada la mañana de ayer, la noticia nos sacude como un mazazo. Al ya largo rosario de atentados

terroristas se suma uno más: el secuestro de Javier de Ybarra, prohombre de bien del País Vasco, en «yo

«curriculum vitae» no se encuentran en servicios al pueblo, a su pueblo, a esa región noble y altiva que le

vio nacer y que ahora es testigo mudo y anonadado de esta extraña y sectaria pirueta desestabilizadora.

A la hora de escribir este comentario desconocemos, fiablemente, quiénes ton los autores del hecho.

Tampoco nos importa tras qué siglas se esconden los secuestradores. La condena de quienes a hierro

matan, o hieren, o simplemente trastornan la normal convivencia ciudadana, es la misma.

Pero el país, y nosotros, como depositarios de la confianza de centenares de miles de lectores, tenemos

que, en nombre de ellos y en el propio, manifestar una vez más nuestra más enérgica repulsa hacia todos

aquellos que, insolidariamente, se alzan contra la voluntad de cambio, contra el espíritu de evolución

hacia nuevas y perfectibles fórmulas de pacífico diálogo entre todos los españoles, cualesquiera que sea el

grupo en que se abanderen. Entre éstos, por supuesto, no podemos —nadie lo hace— incluir a cuantos

amparados en el anonimato, en un cierto grado de permisividad otorgado pensando que convivimos en un

país civilizado, quebrantan las mínimas normas de ciudadanía y atentan gravísimamente contra un

proceso que pretende nada menos que agavillar en una a esas dos Españas que parecían irreconciliables y

que hoy, a pesar de todo, revelan su firme deseo de reconciliación.

Ninguno de los partidos pública y oficialmente reconocidos ha dejado de condenar la creciente espiral de

violencia desatada en los últimos días. Trazos de sangre y jirones de nuestra propia España se van

quedando al borde de ese camino sembrado de espinas que conduce a tina nueva sociedad.

Si los obstáculos nacieran de gentes incontroladas, poco más tendríamos que decir que las sufridas

fuerzas del Orden Público, que los cada vez más pacientes ciudadanos, extremaran su vigilancia y su

cuidado. Pero, lamentablemente, aunque los nombres de los mercenarios de la violencia se desconozcan,

se saben bien las siglas de quienes amparan y protegen esta acción desestabilizadora. Hacer un

llamamiento a su cordura parece, a estas alturas, inútil Hacer un llamamiento al país, a esta España que

cada día se desgarra un poco más, nos parece obligación ineludible y cumplimiento de una sería

responsabilidad.

Queda menos de un mes para que los españoles, en las urnas, decidamos nuestro futuro. No se ha llegado

fácilmente a las vísperas de esa fecha histórica del 15 de junio. Pero si sucesos como los de ayer en

Bilbao, o las violencias del día anterior en San Sebastián o Madrid, o las muertes y atentados fallidos

contra agentes del Orden, especialmente en el País Vasco, se siguen repitiendo en cadencia cada vez más

aterradoramente próxima, entonces podría suceder que la mañana del 15 de junio no amaneciera bajo el

signo de las urnas.

Esta reflexión nos parece importante. Los grupúsculos que se sitúan en los extremos de un amplio abanico

de libertades y opciones quieren que no se plasmen esas opciones, que no se disfruten esas libertades. El

desafío a todos los españoles de buena voluntad —cualquiera que sea su color o su ideología— es

gravísimo, porque ponen en peligro un equilibrio duramente alcanzado.

Las urnas deben ser transparentes y mostrar sin tapujos la voluntad de todos. Quienes quieren romper las

urnas tienen, sin duda, miedo a enfrentarse al veredicto soberano de las gentes de España. Quienes para

llegar a ello recurren a la violencia, cualquiera que sea su expresión, son reos de delito tan grave como

tratar de interrumpir el curso normal de la Historia.

 

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