Hay que negociar ya     
 
 Diario 16.    17/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Hay que negociar ya

El Gobierno ha dado la prioridad absoluta a la aprobación por las Cortes de su proyecto de reforma.

Durante las últimas semanas todos sus movimientos han ido dirigidos a asegurarse los votos necesarios

para sacar adelante su proyecto y a apaciguar la sensación de derribo y liquidación que existía en los

sectores más ortodoxos del sistema. EÍ triunfalismo con que se hizo el balance de la pasada jornada de

lucha ha sido el gesto más expresivo en esta línea que nos ha retrotraído, en cierta manera, a tiempos que

imaginábamos definitivamente superados.

Esta preocupación por calmar las inquietudes de las familias del franquismo ha sido causa de que se

descuide la otra gran prioridad, esto es, la Iniciación de una negociación formal con la oposición

democrática. Ni siquiera está claro que éste fuera el orden cronológico a seguir. Otra posibilidad habría

sido avanzar simultáneamente por ambas vías para evitar que, como sucede ahora, aparezca clarificado el

horizonte respecto de la batalla en las Cortes, pero se presente Heno de incógnitas en lo relativo a las

relaciones con la oposición.

Los partidos y organizaciones de la oposición se han visto forzados a una enervante y prolongada espera

sin darles más opción que armarse de paciencia y pidiéndoles a la vez moderación, realismo, calma y

silencio. No puede sorprender que en esta anómala situación se haya producido el cansancio. La actitud

de rechazo respecto del referéndum es un ejemplo. No se puede pedir entusiasmo colaborante mientras se

pone en marcha una operación cuyo estilo se parece como una gota a otra gota a las consultas realizadas

en pleno franquismo. Un referéndum que se anuncia para fechas próximas sin que la oposición haya

tenido la oportunidad de participar siquiera indirectamente en su preparación, y sin que en el panorama se

hayan producido cambios que autoricen a pensar que nos hallamos ante algo más que una nueva farsa

para la legitimación del statu quo. Un referéndum en el que, como una "graciosa concesión", el Gobierno

parece que condesciende a admitir el voto de los emigrantes españoles, como si el hecho de ser

emigrantes pudiera entrañar algún interrogante sobre su1 ciudadanía.

Todo quedaría igual, en suma, sí la estrategia Suárez «e limitara a una reforma desde dentro, en la que

cambiara el lenguaje, cosa muy importante desde luego, pero no cambiaran los interlocutores. El

monólogo aparatoso y espectacular llegará hoy al limite de sus declamaciones. Pero no se ¿ata de esto. El

país, ávido de participación, contempla con curiosidad, pero desde una insalvable y sempiterna distancia,

la dialéctica de unos procuradores que nada tiene que ver —hoy tampoco— con sus ideas ni sentimientos.

Lo que ocurre en el hemiciclo tendrá, indudablemente, una gran repercusión cara al futuro político de este

pueblo al que durante tantas años se le ha negado la participación política, pero eso no quita que lo que se

debate es al fin y al cabo un problema personal, que afecta a unas pocas personas o, en el mejor de loa

casos, a unas pocas familias. En lo que respecta al pueblo español, mudo y pasivo, nada de lo que está

ocurriendo, como casi nada de lo que ha ocurrido durante cuarenta años, tiene que ver con él.

Por esto mismo es imprescindible y urgente que acabe de una vez la etapa del monólogo. Es preciso

hablar con el país real. Y hoy por hoy no hay otra forma de hacerlo que dirigirse a sus interlocutores

potenciales, hasta ahora olímpicamente ignorados.

Ya no se trata de presiones, ni de oratoria, ni de juegos florales; se trata de encontrar un compro;¡üso

fehaciente que haga posible de una vez a ´.i1 vida política y que dé salida oforiiva al juego democrático

que se anuncia.

 

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