Autor: Duvá Milán, Jesús. 
 Valdemoro (Madrid). 
 Mata a un hombre de una puñalada     
 
 Pueblo.    10/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Valdemoro (Madrid)

MATA A UN HOMBRE DE UNA PUÑALADA

Al parecer, el agresor quiso vender «Mundo Obrero» al agredido

Las tiestas de la localidad madrileña de Valdemoro se tiñeron ayer de sangre. En medio de la alegría

popular, un arma blanca esgrimida por la discordia política dio muerte a un hombre de cuarenta años,

llamado Ramiro Figueroa Ruiz-Ugarrio y que, al parecer, era militante de la rama falangista de Raimundo

Fernández-Cuesta.

Una gran mayoría del pueblo asistía, en esos momentos a una velada pugilística. De pronto, en medio de

uno de los combates, el animador de la misma, Paco Torres, solicitó por el micrófono la presencia de

algún representante del orden. La noticia se corrió inmediatamente como si fuera un reguero de pólvora:

Vidal Justo Bello, afiliado a) Partido Comunista de España, acababa de dar muerte al jefe local de la

Falange.

Al parecer, todo comenzó hacia las nueve de la noche, cuando Ramiro paseaba por una céntrica calle de

la ciudad. Se le acercó Vidal y le ofreció un ejemplar del periódico «Mundo Obrero». Aquél lo rechazó y

el militante del P. C. E. le dijo que «ya tendremos tiempo de hablar mañana en la fábrica». En ese

momento medió la esposa de Ruiz-Ugarrio, quien respondió, argumentando por su parte que «los

hombres se dicen las cosas cara a cara y en la calle. No hace falta esperar a mañana, de modo que explica

ahora lo que tengas que explicar».

La discusión, poco a poco, fue acalorándose, de tal modo que, a los pocos minutos, ambos hombres

llegaron a la violencia física y a un intercambio de golpes mutuo. Aunque no está, confirmado, algunas

fuentes indican que Ruiz-Ugarrio intentó agredir con una botella a Vidal Justo. Lo cierto es que el

incidente no tuvo mayor trascendencia.

Sin embargo, cuando aún no había transcurrido demasiado .tiempo en relación con los hechos anteriores,

apareció de nuevo Vidal Justo Bello, que se abalanzó contra el matrimonio. En su mano derecha portaba

una pequeña navaja de no más de seis o siete centímetros de longitud, pero nadie se dio cuenta de este

detalle. Parece ser que, en un principio, se dirigió hacia la esposa de Ramiro, pero un yerno suyo le sujetó

y esquivó el golpe.

Nuevamente se revolvió el atacante y con el arma blanca asestó una puñalada a Ramiro, que seccionó la

arteria aorta, por encima del corazón. La herida era mortal de necesidad y a los pocos segundos se

desplomaba sin vida sobre el asfalto. Dándose cuenta de su acción, el homicida echó a correr velozmente.

Pero la gente que había en las cercanías del lugar se percató de que llevaba la mano ensangrentada y que

en el suelo yacía el cuerpo sin vida de Ramiro Figueroa. Le persiguieron y al punto consiguieron detener

su huida, con ayuda de varios policías municipales.

Según relatan los familiares de la víctima, tanto ésta como su agresor trabajaban ¡untos en la fábrica de

Fibrotubo. Las mismas fuentes añaden que el agresor provocaba frecuentemente al agredido. «En

numerosas ocasiones le habían quemado el «mono» o le habían pinchado las cuatro ruedas del coche, y,

sin embargo, él no respondió del mismo modo. Sinceramente, le hacían la vida imposible y ninguno de

nosotros es capaz de explicarse cómo Ramiro resistió tanto tiempo estos ataques.»

Fuentes próximas al Ayuntamiento de Valdemoro señalan que «Ramiro era un hombre de temperamento

pa. mezclarse en disputas de tífico, que no le gustaba ningún tipo, a pesar de que su mujer era blanco de

burlas y groserías por parte de algunos compañeros del agresor.

Los escasos vecinos que circulaban ayer noche por la calle comentaban, en pequeños corrillos, como

Vidal Justo Bello había realizado ayer tarde una intensa campaña en pro de la venta del «Mundo Obrero».

«En los toros y en los bares no hizo sino ofrecer a todo el mundo el periódico, pero realmente fueron

pocos los que lo compraron.»

No obstante, al cabo de algún tiempo, Vidal se cruzó con Ramiro, y parece que le dijo algo similar a esto:

«¿Ves? Ya los he vendido todos». A lo que Ruiz-Ugarrio respondió que le parecía muy bien, pero que

hiciera el favor de no importunarle más. Breves segundos después sobrevendría la tragedia, que ha venido

a teñir de sangre y luto unos días que Valdemoro estaba dispuesto a vivir con sana alegría.

Desde este momento, según ha informado el Ayuntamiento, han quedado suspendidos todos los festejos.

en señal de duelo.

Jesús DUVA MILÁN

Foto M. GARROTE

 

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