Autor: Vaca, César. 
   Anatomía de una huelga     
 
 Ya.    13/11/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ES T COLABORACIONES

Anatomía de una huelga

En realidad el titulo debiera ir en plural, porquero dicho para la pasada huelga d* lo» traptportea

madrileños vale para la gran mayaba, ai no es para todas. Pero la última daXoa conductor** de

autobuses urbanos y la ¿mterior del servicio da correos hicieron más patentes unos cuantos síntomas,

que ayudan a ia "disección" del fenómeno huelguístico actual.

En diversos comentarios dg la prensa, al respecto, aoUttn dintingtiiriie dus condicionamientos del paro:

uno, laboral, porque se pedían o exigían mejoras o cumplimiento de promesa* no llevadas a efecto, y el

otro, político, manipulado por delegados, piquetes y demás formas d« filtración y dirigiamo. Ambos

elemento* se mezclan y potencian mutuamente, a pesar de su diversidad clara como mol\vacioney

impulsoras de la huelga.

Y puesto que hablo en términos médicos, cabe preguntar: nnte la posible—podemos decir segura,—

repetición de hechos sociales semejantes, con grave deterioro dg la economía nacional y particular, de la*

irregularidades de servicios público» y de (oda cíase de perjuicios y trastornos, i no conviene tomar

medidas preventlvasr

CI analizamos los dos motivos señalados, podemos atisbar algunos remedios. En primer lugart puesto

que la» peticiones salariales, en muchos casos, se reconocen entera o parciaimente justas, f por qué no ée

adelantan organismos y empresa* a concederlas, ante» de que hayan de ser arrancabas por la fuerza t Si

después de muchos días de pérdidas y molestias *e concede lo pedido, i tiene sentido no haberlo

concedido antes t Tal ve» existan razones para ello, pfro confieso que no las veo. Si ios huelgas se

producen en organismos y servicios estatales o paraestatales, son los encargados de la co»a pública

Quienes, ademas de prevenir ¡os male», deben dar ejemplo de justicia sin dilaciones ni regateos. Con ello

tendrán mayor fuerza para exigir la misma justicia a los gobernados y su e}emptnridad se converfird en

tm estimulo y una norma.

\MAS complicado es el andíi«í* del segundo elemento, el politico. Si Ion promotor** y azuzadores de la

huelga son minorías bien adiestradas, y con frecuencia pagadas, para provocar el paro, ayudándose de

amenazas y coacciones violentas, es patente qu& nú eficacia tiene como substrato, por un lado, la

cobardía y, sobre todo, la falta de organización de la mayoría que ftt deja manipular. Es la falta de

cohesió»» lo q«e prepara el terreno para que pequeño» grupos dirijan a su albedrío a la m»lfiínd a #«

pesar. No es posible contrarrestar el influjo por medio de ia violencia exterior. Y prueba de ella es que

apenas se producen alguna» detenciones, $e afladc IMI nuevo motivo de reclamación; la exigencia de la

Hberíad para lo» condenados, apoyándose en el compañerismo, tanto peor entendido cuanto »e

defiende a quienes son más responsables del conflicto. Tendría sentido pedir la liberación de lo*

inocentes, pero no de los que fraudulenta mente aprovechan pftra fines poco limpios las justas

reivindicaciones.

ES indudable que uno de los riesgos de la democracia ha sido y continuará ufando la posibilidad de

manipulació» de í«s masas enynñttdas con falsos motivos para lograr fines bien ajenos (ti verdadero

Ínteres común, Bii.ífa abrir los ojo* para ver qve, a lo lar yo de la historia, torfos los movimientos

revolucionarios han empicado los palabras libertad, derechos, justicia, etc., para conseguir el po. der, y

apenas se apoderaron de él impusieron IIH/I disciplina rígida, y tiránica. En los regímenes totalitario* I n

a huelgas desaparecen no por falta de motivos suficientes. ,Hito porque son aplastadas brutalmente por la

fuerza.

EL remedio es, pues, mucho ^ más complejo de lo que parece. Requiere una profunda educación de los

trabajadores ensenándoles sus derechos y deberes, su responsabilidad y e¡ alcance de sus actitudes, para

su propio interés y para el bien común, que ÍHfi>if>tblemeníe repercutirá e» ellos mismo», porgue ids

pérdidas masivas producidas en las empresas castigadas por l>t« huelgas desencadenan un proceso cuy«s

últimas consecuencias son siempre la elfración del coste dp la vida, la inflación y al final la iíiufiíirfdd d«

í«s ventajas conseguidas por las primeras exigencias de quienes buscaba» un mejoramiento de SMS

jornales. Las huelgas son una especie de "boomerang" que vuelve a la mano de quien lo lanza.

m/~*OMO conseguir esta pre&** parafión dts lax matina, cuando consciente, o inconscientemente

interesa a mucho» mantenerla en una disposición fácil para su utiUsactónf Si ae concede 7iber*«d sin

educación

Se tiende trampa. Si para evitar la trampa tío se educa, es peor, porque se mnnttene a la mayoría del

pueblo en «na situación de minoria d> edarf, negándole unos derechos pro* pío* del hombre. 81 nudo

gordiano tiene «tn (tuda solución, pero requiere algo más que una espada alejandrina.´ exige una gran

generosidad en quienes jMMden y por eUo deben aer loa educadores d« lo* hombres. Xxig* de aquéllos

deaprendimlento, Aonrode* y verdadero «mor al prójimo,

César VACA

 

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