Autor: Semprún, Alfredo. 
 Barcelona: El atentado contra el presidente de Cros. 
 No intentó quitarse la bomba  :   
 Las manos del señor Bultó-Marqués es lo único que se conserva intacto de su cuerpo. 
 Arriba.    11/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Barcelona: El atentado contra el presidente de Cros

No intentó quitarse la bomba

a Las manos del señor Bultó-Marqués es lo único que se conserva intacto de su cuerpo

BARCELONA. (De nuestro enviado especial.)—El brutal e incongruente asesinato de que ha sido

víctima don José María Bulto, presidente del Consejo de Administración de la Sociedad Anónima Cross,

ha dejado atónitos a todos cuantos aquí, en Barcelona, brillando más o menos en los ambientes sociales

clásicos de esta bellísima e industrializada región española, vienen comentando con cierta resignación los

acontecimientos que han ensangrentado las calles de nuestra Patria últimamente en nombre de unos

ideales que, sean éstos del color que resulten, al término de las investigaciones policiales, no pueden

servir, en modo alguno, de justificación para el crimen.

Miedo al ridículo

El anciano industria! catalán, capitán firme de una empresa importante tanto por su expansión comercial

como por el número de sus empleados, moría el lunes —tal como ya conocen nuestros lectores—

totalmente destrozado, materialmente deshecho por la explosión de un artefacto que, una hora antes, seis

desconocidos, utilizando abundante esparadrapo habían colocado bajo su axila izquierda, convirtiéndose

en humana «carta explosiva».

El señor Bultó que pese a sus años, mantenía un carácter firme y marcadamente enérgico, prohibió a sus

familiares y empleados, conocedores del hecho, dar cuenta de lo sucedido a las autoridades. Fue quizá el

temor al ridículo la causa de su muerte. O posiblemente, que en la mente del anciano industrial catalán no

cupiese la posibilidad de que otras mentes humanas fuesen capaces de convertir en realidad la fría y

sanguinaria provocación de su muerte. El coso es que el espectáculo que para las autoridades ofrecía el

cuarto de baño del domicilio del señor Bulto, situado en un palacete de Pedralbes, no es para describir sin

llegar a estremecerse. Las paredes desfiguradas por la sangre y los trozos de vísceras que tan

violentamente habían sido incrustadas en ella por la explosión del artefacto; el paquete intestinal sobre el

suelo a pocos metros de la parte inferior del cuerpo, los brazos mutilados junto a la cabeza trágicamente

traumatizada, era todo lo que quedaba del que fuera sostén y corazón de una de las más importantes

industrias españolas.

Intactas las manos

Fuentes policiales niegan la posibilidad de que el señor»Bulto intentara arrancarse por sí mismo el

esparadrapo que, rodeándole, sujetaba la poderosa explosión bajo su brazo izquierdo. Para ello se basan

en el hecho que las manos de! señor Bulto sean quizá las dos únicas partes de su cuerpo que aún se

conservaban intactas, respetadas por la explosión. Los expertos en explosivos, tanto los del Cuerpo

Genera! de Policía COmO los de la Maestranza de Artillería, están examinando en estos momentos

minuciosamente los restos del artefacto que han, podido ser localizados en el trágico escenario donde la

víctima perdió la vida.

Se busca lógicamente con ello la más mínima pista que pueda orientar a los investigadores hacia e!

descubrimiento de este complot criminal, en el que no parece existir duda sobre !a posible función

política de quienes, formando un sexteto de criminales, han roto una vez más la paz ciudadana

barcelonesa y llenado de luto el ámbito de una familia catalana de recia raigambre industrial, que se ha

caracterizado siempre por su total alejamiento de toda actividad política, e incluso no había demostrado

en ocasión alguna inclinación o simpatía por otro ideal que no fuese la prosperidad de la empresa y, con

ello, la de sus miles de trabajadores.

Existe un hecho no revelado, el cual, pese a todos los reparos y falta de pruebas de cualquier otro tipo,

parece inducir a los investigadores a pensar en la posibilidad de que los autores de este brutal asesinato

estuvieran relacionados con algunos sucesos no lejanos ocurridos en Madrid. Nos referimos a los dos

folios escritos a máquina, en un correcto castellano y en un lenguaje que se podría calificar de

periodístico, mediante los cuales el grupo de asesinos dejó las instrucciones para la forma de entrega de

los 500 millones de pesetas exigidos. Ahora bien, aunque técnicamente no se puede descartar la

posibilidad, resulta muy difícil de creer que el tiempo concedido para la entrega del dinero —cerca de una

veintena de días— coincidiera con el posible tiempo retardado para la explosión del artefacto. Artefacto

que, sistema de relojería aparte, debía estar preparado por el conocido medio de explosión espontánea de

la «rana», muy parecido al utilizado por el terrorismo internacional en paquetes postales y cartas bombas

explosivas.

Nada, pues, se descarta en estos momentos por parte de la Policía y, pese a la incomprensible actitud

de los familiares de! señor Bulto, que estaban en conocimiento de los sucesos, y ¡a del propio industrial

asesinado, y que no dieron cuenta de los hechos en su momento a la Policía, los investigadores

barceloneses parecen haber encontrado algunos cabos sueltos que pudieran llevar a una solución del caso

para mayor sorpresa de los asesinos. En la familia de Bulto el mutismo es total. Ten firme como su dolor,

que lógicamente el periodista debe respetar. Pero las investigaciones en marcha no pueden detenerse en

este tipo de reparos mórales, y tanto el cuñado como la hermana del señor Bulto, así como la sirviente del

matrimonio y el chófer de la víctima, últimas personas que hablaron con ella, han permanecido y

permanecen largas horas en los ficheros policiales tratando de reconocer e identificar a los hombres que,

fingiéndose empleados del gas, se introdujeron en el domicilio del abogado barcelonés, situado en la calle

Muntaner, donde se encontraba comiendo su cuñado para llevar a cabo tan brutal atentado.

Se espera de un momento a otro que alguna organización terrorista reivindique para sí el hecho, y ello en

razón de que tampoco se descarta la posibilidad de que la muerte del famoso industrial sea el comienzo de

una escalada de extorsiones que, bajo la excusa política, pretendía llevar a cabo cualquier organización

terrorista.

Alfredo SEMPRUN

Miércoles 11 de 1977

 

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