Sindicalismo actual     
 
 ABC.    22/04/1972.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. SÁBADO 22 DE ABRIL DE 1972

SINDICALISMO ACTUAL

En el acto de constitución del Consejo Sindical de Madrid, en el teatro de la Zarzuela, el ministro de Relaciones Sindicales, señor García-Ramal, con prudente mirada política, mirada que analiza un pasado y escruta un futuro, ha repasado puntos o motivaciones fundamentales del sindicalismo español. El balance de su discurso, por lo que se adivina disciplinado a muy evidentes presupuestos de moderación, no tiene pretensiones triunfalistas; quiere ser, y lo consigue, simplemente realista.

El fenómeno del sindicalismo, en su formación y evolución, debe ser ya examinado con grandes dosis de ecuanimidad. A la clásica literatura sindicalista le* sobra, seguramente, de carga lírica, de literatura social, de todo lo que le falta de análisis sereno de causas y consecuencias dadas por las circunstancias políticas y por las coyunturas económicas.

«La evolución de un movimiento sindicalista—afirma el señor García Ramal al principio de su discurso—no es como un camino real que pueda recorrerse al mismo paso, sino una marcha en interdependencia forzosa entre factores muy diversos y encontrados intereses a veces contrapuestos.»

No ha escapado a esta regla el sindicalismo español. Los avalares de su historia, de una historia apasionante en sus episodios y difícil por esas forzosas interdependencias, lo demuestra cumplidamente.

Tiene, por otra parte, el sindicalismo español, a partir de la constitución de la Organización Sindical, una nota de-firutória general: su desarrollo, su expansión y conformación, se mueven en un plano de legitimidad jurídica. La razón —no por sabida es menos digna de ser subrayada—es que, reconocido plenamente como movimiento asociativo natural y como cauce de participación política directa, en planos decisivos del Estado y del Gobierno, el sindicalismo español pudo abandonar la violencia laborista propia de los Sindicatos que no han logrado este reconocimieno y pudo comenzar a expresarse y a demandar por cauces de razón y de diálogo. Propugnando, eso sí, en sus demandas las reivindicaciones que estima justas; pero sin necesidad de recurrir, en todo momento, a los métodos de coacción, social y política, que siempre se reputaron propios de los Sindicatos, a lo que parece porque siempre, o casi siempre, encontraron cerrado el camino de la negociación.

«El sindicalismo español actual—dice el ministro—responde a la necesidad de transformar la sociedad y el sistema socioeconómico, no para arruinar lo >jue pueda tener de bueno, sino para desechar lo que pueda haber en él de injusto.»

Vemos, en la ocasión de este comentario, encerrada una clave importante en stas palabras. Por ellas hemos llevado al titulo del comentario una adjetivación de actualidad para el sindicalismo.

En las sociedades de gran desarrollo industrial o económico, para hablar con ámbito más amplio, todas, o casi todas, las reivindicaciones sindicales clásicas, o primeras, o causas de los movimientos sindicalistas, están conseguidas. Subsisten, sin embargo, y subsisten porque nacen nuevas posibilidades de una justicia social más perfecta, demandas sindicalistas. Ahora bien, su satisfacción, su logro o conquista, es ya más tarea de revisión o reforma de sistemas que de eliminación radical de los mismos para comenzar a edificar otros con herramientas de violencia sobre terrenos de utopía.

Los movimientos sindicales más evolucionados, más modernos y actuales, por tanto, son, en cualquier país, sindicalismos de revisión y de dialoga Sindicalismos que no forman baluarte o trinchera frente al Estado; sindicalismos que, de algún modo, por diversos cau-ces, no funcionan ya cómo fines en sí

smos—y glosárnosle nuevo aquí palabrao del señor García-Ramal—o tomo despachos o fábricas cerrados en su recinto, sino como medios y movimientos para armnt-zar intereses y propósitos. Y en ningún país, a lo que sabemos, es posible, en nuestro tiempo, realizar este fin de armonización sin audiencia sindical, sin negociación, sin diálogo, con las instancias más altas y calificadas de la gobernación. Dato, por cierto, que no queda invalidado por el hecho, inevitable, de ocasiones en las cuales fracasa temporalmente la negociación o el diálogo y se produce la situación laboral conflictiva.

La evolución sindical, dentro y fuera de nuestro país, apunta, se orienta, pese a todo, hacia los horizontes y finalidades dichas: hacia el entendimiento, hacia la actuación dentro del orden político, sin tratar de quebrarlo y aprovechando sus posibilidades de actuación.

Pese a sus lógicas peculiaridades—¿cómo no tenerlas en límites de tiempo, determinación histórica y nacionalidad?—, el sindicalismo español existe y avanza en paralelo, cualquiera que sean el ritmo o velocidad, con los sindicalismos evolucionados contemporáneos. Y no es ya solamente un fenómeno «asociativo», sino, como ha definido el discurso que comentamos, «una exigencia de orden moral, social y político».

¿Y por qué callar que la dimensión y proyección política de la Organización Sindical ha sido uno de los argumentos predilectos para criticarla desde posiciones de pureza sindical—como _ bien sabe el ministro de Relaciones Sindicales—por movimientos sindicalistas plenamente impregnados de contenido y vocación de poder político, pero sin constitucionalidad que les abra las puertas, de par en par, al protagonismo efectivo de la política?

 

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