Autor: Lamata, Pedro. 
   El sindicalismo en la política     
 
 Arriba.    30/12/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL SINDICALISMO EN LA POLÍTICA

Por Pedro LAMATA

^jr AL el título de un polémico artículo del rff* conde de´ Montarco aparecido en el «A B C» de 23 de diciembre. La tesis de dicho artículo,-como la del «Cuento inmoral», de Benavente, es de las que no se pueden dejar pasar sin protesta, porque el silencio presupone como una tácita aceptación. Pretende la descalificación de la caracterización profesional del hombre como vía de participación política en los quehaceres públicos, y el reconocimiento de la discriminación ideológica de la representación política como única vía admisible para establecerla participación popular en las tareas públicas. «Y esto no es admisible —escribe—, pues unos representantes sindicales de una determinada profesión deben decidir sobre las cuestiones profesionales, pero no sobre unas cuestiones puramente políticas de categoría nacional que para nada afectan a lo profesional.» Para concretar más adelante: «La representación política del país, o sea, la elección de Procuradores, debe hacerse de modo directo, y debe constituir la base política del Gobierno". que nunca ha de quedar colgado en el aire sin ese apoyo de sustentación de carácter auténticamente político.»

Como original y novedosa no lo es mucho, que digamos, la tesis sustentada por el conde de Montarco: es la interpretación convencional del liberalismo democrático, que abandona a la voluntad mayoritaria del cuerpo social, electoralmente representada a través de la diferenciación ideológica de los partidos políticos, la soberanía social y la participación representativa de la sociedad en el gobierno de «lo político»; pero reservando el gobierno de «lo económico», no a la representación popular profesionalmente diferenciada, sino a las minorías que poseen y controlan las riquezas de los pueblos. Las fuerzas sindicales irrumpen como una excrecencia extraña —heterodoxa— en el orden liberal y democrático. Es obvio, que el desahucio del significado profesional del hombre como fundamento de la unidad social y cauce de su participación política, y la vuelta a la fórmula demoliberal de la diferenciación ideológica de la sociedad, se halla en abierta contradicción con la doctrina política que informa nuestro Régimen político, por lo que equivaldría a la restauración de un Régimen político distinto.

Sin entrar en juicios de valor sobre las supuestas virtudes de una y otra concepciones político-sociales, sólo queremos señalar la actualidad insoslayable, la presencia imperativa, que adquiere en nuestro tiempo lo profesional o sindical; presencia y actualidad que no nacen del asentimiento gratuito de las élites rectoras de la sociedad, ni siquiera del actuar reivindicativo de las propias fuerzas del trabajo, sino que son consecuencia objetiva, ineluctable, de la evolución económica y de la transformación social y política que determina. Es este desarrollo objetivo y natural el que ha desviado de sus respectivas órbitas las dos famosas esferas de lo político y lo económico, tan cuidadosamente mantenidas en equilibrio inestable por el liberalismo, haciendo . del desenvolvimiento de las economías de los pueblos el eje de su convivencia, social y política. La referencia humana de lo económico se concreta y se problematiza en lo profesional.

De ahí que resulte pueril el intento de reducir el significado profesional de los individuos a proyectarse en el dispositivo inoperante de los «consejos económico-sociales», de estudio y asesoramiento para los poderes públicos, cuando las cuestiones económicas y su repercusión social impregnan todas las actividades del quehacer político, incluidas aquellas «de categoría nacional», y su adecuado encauzamiento exige su consideración sindical o profesional. Pero queda claro al respecto, que no es lo sindical, con su evidente caracterización económica, lo que invade lo político, sino que es lo económico, con su carga innegable de intereses profesionales, lo que ha invadido en nuestro tiempo todas las actividades políticas.

Las consecuencias del hecho se manifiestan asimismo en los regímenes democráticos en la acusada radicalización del significado- profesional de los partidos políticos diferenciados, forzados cada vez más a adoptar actitudes discriminatorias, con el Régimen o frente al Régimen económico-social establecido. Las «concentraciones internacionales de poder, económico», solemnemente denunciadas por Pío XI en «Quadragessimo Anno» contribuyen al ensanchamiento del frente anticapitalista, con la progresiva «proletarización» de SgtKttsstí´iséBtofes-de ios cuadros tecnicos y del pequeño empresariado individual.

Dando al proletariado no el sentido restrictivo que limitaba su alcance a los trabajadores mee nuales, sino aquel otro más amplio, de carácter moral, que supo sintetizar el espíritu estudiantil en uno de los «slogans» que llenar ron los muros de la Sorbona en mayo del 68:, Proletarios son aquellos que no tienen ningún poder sobre el destino de sus vidas, y lo saben...

Siempre cabrá la opción a los pueblos sobre el Régimen político deseable. Lo que cer be pedir al pensamiento político orientador y¡ responsable es la previsión de las consecuencias derivadas de los planteamientos teórieos; el conocimiento de que «.un mimbre suel* to acaba con el cesto», y de que los principios doctrinales son los «mimbres» que articulan el Régimen político. En la hipótesis de una organización política que. estableciera el discernimiento ideológico del Poder político, na* da impediría que -móviles esencialmente económicos, el interés profesional de sectores sociales e individuos, referidos a la distribución de las rentas de la producción y del poder económico, fueran los que determinar ran el accionar político de pueblos e individuos.

 

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