Autor: Miravitlles i Navarra, Jaume. 
   Derechos y deberes del sindicalismo     
 
 Madrid.    05/07/1969.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

£or JAUME MIRAVITLLES

Uno de los objetivos esenciales de ía revotado» burguesa de* encjefenada cuati* 4» sodedai feudal fue la raptara de los moldes v linutacituies que aquel detenía imponía al desarrollo económico. No en teHe sus dos poiocípales "slogans" fueron "laissez faire", "laissez passer"; es decir, libertad de iniciativa y libertad de paso.

Entre los obstáculos a derribar hay que citar las oligarquías agrarias, los impuestos locales que se pagaban a la entrada y salida Se pueblos y ciudades, al franqueamiento de pueblos, al aso de los caminos vecinales,, Fraccionaban !a sociedad fendal tos privilegios de personas e tostltuciones, la Iglesia entre ellas, y también los gremios. En aquel sistema altamente Jerarquizado y defensivo, los artesanos crearon también siis órganos de protección j, de tntitación: los oficios se txaíjsmitian de padres a hijos y era muy difícil, por no decir imposible, «ttrar en ciertos Bíctores de trabajo. El "laíssez passer" significaba, de cara al gremio, "laissez; entrer".

La gran innovación histórica que Introdujo la, burguesía -en él sistema económico fue la liquidación de todos aquellos obstáculos al desarrollo y la regulación de todo el proceso de producción alrededor del mercado libre y de la regla de oro d-e la nueva economía: el automatismo de la ley de la oferta y de la demanda. Desaparecieron entonces todos los organismos de protección que eran también, fatal e inevitablemente, sistemas de limitación. No hubo más gremios y los artesanos y obreros fueron "liberados". Liberados ¿de qué?, dijo más tarde Le-nin. Porque el nuevo proletariado ña-oído *el capitalismo y del mercado libre se eSiéentró totalmente indefenso al no poder crear organismos propios,

La mano de obra, en efecto, fue equiparada a una mercancia, y su valor, el salario, se estableció en función de la ley de la oferta y la demanda. Subía y bajaba según íuera aquella relación (claro, bajaba más a menudo que subía...). Pronto los obreros necesitaron de un organismo protector, algo que püSíera eoo

agir a su favor el im-placable n^eeaaatento de la ley del mercado. Nació el sindicato y el derecho de huelga. La huelga, en efecto, al retirar provisiWMtImerite esfca mercancía que es la mano de obra del mercado de trabajo, crea una relación oferta-tíemanda favorable, al reducirla, a la oferta, que provoca un aumento de su precio; ,* decir, un alza del salario.

Durante todo un capitulo histórico el sindicalismo ha jugado un papel positivo nií sólo ea el sentido obrero, sino en el humano, técnico y moral. La mano de obra ha sido respetada y dignificada y su precio, constantemente en alza, ha creado la necesidad de sustituirla por uca mecanización, a la larga, más baraja.

El formidable progreso técnigo de los países capitalistas del occidente es el resultado, entre otros

factores, de la puerto sindical por más altos salarios, meaos horas de trabajo y menos fatiga física en su ejecución. Ahora bien, como es tradicional en cualquier proceso histórico de tipo humano, la burguesía y el capitalismo, nacidos bajo el signo de la iniciativa y la libertad, iban creando sus propias jerarquías, sus sistemas de protección y limitación. Los obreros hacían lo mismo, y surgían la "Gran Empresa", monopolio capitalista, y el "oran. Sindicato´?, monopolio obrero. Las organizaciones obreras modernas son infinitamente más poderosas que los gremios feudales. En la última fase de su desarrollo económico surge el "Estado industrial", del que Galbraith nos explica su característica central: el mercado libre tiende a desaparecer 7 los precios y los salarios no son ya más regulados por la ley de la oferta y la demanda. No se sabe entonces qué papel podrá jugar el sindicato tradicional en aquella nueva organización de las naciones superindustrializadas.

A esta situación histórica inédita hay que añadir otros factores. La competencia ha desbordado el campo de la nación propiamente dicha para entrar en el mercado mundial. De ahí el valor decisivo que juega, para el predominio económico, la política de precios y, por consiguiente, la productividad (producción, por obrero y por hora). La alta tecnología industrial, la concentración económica, la reducción de la mano de obra humana, la planificación, la au-toflnanciación, tienden sobre todo a la reducción de los costos. El salario, cuyo mínimo es determinado por la conversión del obrero de productor en consumidor, es establecido en sus niveles más altos en función de la competencia internacional y no por la ley local de la oferta y la demanda,. ¿Están preparados los sindicatos—sus dirigentes y sus afiliados—para aquélla trascendental misión?

EL SINDICALISMO NORTEAMERICANO

Es curioso comprobar que fue en Estados Unidos, la sociedad industrial más desarrollada, en donde e] sindicalismo obrero surgió más tarde. Las luchas por el logro del derecho de asociación constituyen un capitulo a menudo dramático de la historia de aquel país. Basta sólo recordar la ejecución, el año 1927, de dos líderes obreros de origen italiano, Sacco y Vanzetti. acusados de terrorismo cuaiujo en realidad sólo se proponían organizar sindicalmente a la clase obrera norteamericana. E] sindicalismo, sin embargo, entró por la puerta grande de aquel país a partir de 1» elección de Roosevelt a la presidencia, en 1932.

Característica central del sindicalismo naorteamériano es la aeeptaeiSa del sistema captítalista. Loa obreros de aquel país tío se proponen derribar el régimen económico nacional, sino modificarlo. Ahora bien, su fuerza, tanto física como económica y moral, es tan grande, que se has convertido en instituciones de un gran poder político. De hecho es el sindicalismo organizado el que ha hecho posible el triunfo desde 1932 de cuatro presidentes democráticos (Roosevelt, Truman, Kennedy y Johnson) y que ha influido de tal forma en el panorama nacional, que los dos presidentes republicanos (Éisenhower y Nixon) no han tenido más remedio que mantener intactas las conquistas sociales de la clase trabajadora. El objetivo central del sindicalismo es en los Estados unidos de orden puramente material: salarios más altos, menos horas, de trabajo, menos totiga física. Aquellas tres reivindicaciones plantean, sin embargo, trascendentales problemas de organización. Es debido principalmente a la presión, sindical por lo que el capitalismo norteamericano ha alcanzado su elevadísimo nivel técnico. En donde hemos visto más claro el fenómeno ha sido en la minería. El líder de los mineros, John Lewis, no sólo no se opuso nunca a la mecanización del trabajo, sino que la estimuló poderosamente. En la actualidad, los mineros norteamericanos son los trabajadores mejor pagados del mundo, que trabajan menos horas y que disfrutan del más alto nivel de vida. En las reivindicaciones sindicales, John Lewis tenía en cuenta 1 asuerte de aquellos mineros que eran eliminados del trabajo por el proceso de mecanización. Las grandes empresas tenían que subvenir a los gastos de reeducación profesional de aquellos obreros y colocarlos en otras industrias con salarios equivalentes o más altos. Si ello era imposible o se alargaba indefinidamente, los obreros eliminados del proceso de trabajo cobraban sueldos casi equivalentes a los del empleo. La trilogía "materialista": más salario, menos horas, menos fatiga, se traduce en la practica a una auténtica "revolución permanente" que obliga al capitalismo a adoptar formas orgánicas que alteran su sentido y modifican sus objetivos. Una gran empresa norteamericana del tipo de la General Motors, en efecto, no tiene nada que ver con e] sistema capitalista nacido hace cerca de dos siglos y que continúa manteniendo fundamentalmente sus estructuras nacionales en América latina y en ciertos países de la Europa occidental. Precisamente por aquella razón hemos podidi asistir a la gran paradoja de nuestros tiempos: los países de más alto nivel industrial del mundo, Estados unidos, Canadá, Gran Bretaña, Alemania occidental, tienen partidos comunistas minúsculos.

EL SINDICALISMO BRITANICO

La Gran Bretaña es el país típico de la revolución industrial, pero su capitalismo se desarrolló en forma muy distinta al del norteamericano. La Commonwealth (comunidad británica de naciones) coasHMyd un mercado casi exclusivo de tipo proteccionista, y debido a ello el capitalismo inglés no fue sujeto a una eonrpefcencie estimuladora. Tecnologicamente, la Industria británica as alcanzó nunca el grado de desawoño dé la norteamericana, la alemana, y la japonesa. La presión en el mercado de teaímjo fue, por aquellas razones, meaos intensa que en ios otros países, y los obreros británicos, ínttmatnente ligados a la estructura imperial de la economía de su país, fueron privilegiados durante casi todo un siglo en el conjunto del proletariado mundial.

Despoés de las últimas crisis de la libra esterlina y de la toma del poder político por el señor Wilson, en nombre del partido laborista y del T. U. C. (Trade Unions Congress); es decir, del sindicalismo organizado, se ha agravado eonsidffl-ablenieiice el movimiento huelguístico, invadiendo terrenos, los ferrocarriles, los puertos, los transportes marítimos, que no han hecho más que agravar aquella crisis y hacer más difícil él proceso de recuperación de los salarios. Por una miopía probablemente inevitable, los sindicatos han planteado sus luchas en función de las relaciones de oferta y demanda locales, cuando en realidad los precios y salarios se establecían en función de la oferta y demanda mundial. De persistir aquel movimiento huelguístico, Gran Bretaña perdía definitivamente la batalla de su reajuste a la nueva economía internacional surgida de la liberación de las colonias y del fabuloso ímpetu expansivo de las industrias norteamericana, alemana occidental, italiana y japonesa. Era necesario, pues, frenar un movimiento huelguístico que comprometía el logro de los objetívos fijados por él mismo. Y a este objeto, Wilson creaba una serie de instituciones, al nivel primero de los sindicatos y del gobierno después, para controlar una serie de "huelgas salvajes" que se desencadenaban al margen de las organizaciones sindicales propiamente dichas. Ante el fracaso de 3a persuasión, Wilson. amena-sá a Jos sindicatos con ¡a presentación al Parlamento de una ley, que hubiera sido indudablemente aprobada por gran mayoría, destinada a prohibir legal-mente aquellas huelgas desautorizadas por la dirección sindical. Es evidente que históricamente aquella ley representaba un retroceso del derecho de huelga, una de las más grandes conquistas del proleteriado militante. Poi ello el partido laborista, y sobre todo el T. U. C., reaccionaron vivamente. Después de unos meses de discusión en que la vida dtel gobierno laborista estuvo en juego, se ha llegado a un acuerdo final que pone en manos de los sindicatos el control, y aun. el castigo, que va de la multe, a te expulsión, de aquellos sindicatos que desencadenen "huelgas salvajes". Soto el tiempo nos dirá el éxito de aquella política. En realidad, la crisis n&ce de la dificultad sindicalista a aceptar la nueva condición económica de la Gran Bretaña dentro del mundo surgido de la guerra 1939-45.

SINDICALISMO ITALIANO Y FRANCES

En estos dos países el sindicalismo está todavía en la fase política de su desarrollo. Ello es debido principalmente a que los dos sindicatos-más poderosos, la C. G. T. francesa y la C.G.L.I. italiana, están controlados por el partido comunista y convertidos ea un Instrumento de acción política. La campaña electoral del candidato comunista en las eleciones presidenciales, señor Duclos, se ha caracterizado por su "jovialidad" y "buen humor". Pero detrás de las sonrisas del representante comunista se ocultaba una seria amenaza: ya nos veremos las caras, señor Pompidou, el próximo otoño. Con ello, el partido comunista lanzaba un reto al nuevo gobierno y anunciaba el desencadenamiento de una serie de huelgas que tendrán indudablemente carácter económico, pero cuya proyección política es también evidente. El partido comunista se propone con ello controlar a su favor tocio el movimiento izquierdista francés y evitar la formación de un partido democrático capaa de crear una alternativa a la coalición reunida alrededor del nuevo presidente de la República francesa.

En Italia asistimos también a un fenómeno semejante. La lucha allí es entre dos sectores populares: los partí-danos de la actual coalición en el gobierno Rumor-Nenni, caracterizada por la alianza de la democracia cristiana.y el socialismo moderado. Contra ella surge la perspectiva de una nueva coalición creadu al margen de Humor y de Nenni e integrada por el ala izquierda cristiana y el partido comunista.

Mientras en Estados Unidos un sindicalismo que no discute la legitimidad histórica del sistema capitalista introduce en él trascendentales reformas de estructura, en la Gran Bretaña las organizaciones sindicales no han podido superar todavía la crisis que significa el reajuste de la Gran Bretaña en su nueva coyuntura histórica. En Italia y Francia, les sindicatos son todavía un instrumento político al servicio del partido comunista y de anos "críticos" de izquierda cada día mas incómodos y exigentes..

 

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