La experiencia sindical española     
 
 ABC.    29/09/1960.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA EXPERIENCIA SINDICAL ESPAÑOLA

Se están desarrollando ya con mesura y conciencia del deber y la responsabilidad las primeras etapas del ciclo electoral sindical, que va a durar cinco meses, a través de los cuales se van a renovar cientos de miles de representantes sindicales en los órganos de la producción, de la administración y del Gobierno.

Todo ello es posible gracias al exigente y riguroso principio, vigorosamente implantado y respetado, de la auténtica repre-sentatividad de los individuos elegidos cerca de los mencionados organismos, privados y públicos. "Ordenar una cosa al bien común—dice Santo Tomás—compete únicamente a la multitud en su totalidad, o a aquel que representa o hace las veces de esa multitud. Por lo tanto, legislar pertenecerá a la comunidad política entera o a la persona pública a cuyo cuidado esta esa comunidad." He aquí la verdadera médula y sustancia de la democracia, interpretada por la santa sabiduría de Santo Tomás, como también lo es la afirmación de Fernando Vázquez de Menchaca, de la escuela de Vitoria, de que "el fin de la ordenación política es la utilidad de cada uno de los ciudadanos".

Es una realidad insoslayable que la ordenación política de España, según las nuevas normas señaladas por el Movimiento Nacional, descansa ampliamente en la organización sindical. Porque el Estado es un ente abstracto que sólo se hace visible y concreto a través de las actividades de los ciudadanos del país y, más concretamente, a través de las agrupaciones profesionales, ya que la profesión, más que la política, es el aglutinante más fuerte y legítimo que une a los hombres, mucho más que los partidos políticos. Estos, en realidad, son más elementos de lucha y disgregación que de integración, de paz y de unidad.

¿Es posible buscar en el contraste la principal razón d_e ser y de existir de las organizaciones sindicales en el mundo? Indudablemente jjue sí. Caducado, por razones fundamentales de ineficacia e -inoperancia, el liberalismo histórico, nuevas fórmulas surgieron para la gobernación de los pueblos. De todas ellas, y por lo que a nuestros tiempos se refiere, destacaron el comunismo y el fascismo. Pero queda bien claro que tanto los países fascistas como los comunistas crearon en nuestro mundo político—ya lo hemos dicho en otras ocasiones—Estados totalitarios cuya fortaleza surgía de la subordinación total del individuo y aun de los grupos sociales perfectamente definidos a ese mismo Estado descomunal y abusivo.

La experiencia sindical española es, sin embargo, algo nuevo y original; tan humana y espiritual, que lleva como una antorcha olímpica, que se van traspasando las generaciones sucesivas, el respeto sacrosanto a la individualidad, nacido del concepto joseantoniano de considerar al hombre como portador de valores eternos. Y precisamente para defender y preservar este individualismo, tan propicio a caer en la indefensión o en la anarquía, es por lo que la organización sindical refuerza todos los resortes de la unidad. El hombre es verdaderamente libre si se encuentra preservado de las tendencias esclavizantes interiores y exteriores; de sus propias pasiones, de las que le preserva la disciplina colectiva sindical, y de la arbitrariedad apasionada de los demás, a través de la violencia o la injusticia. En la organización sindical española, el individuo se siente libre y protegido, y la colectividad profesional, segura y respetada. Pero esto sólo se ha conseguido despertando las conciencias individual y colectiva hacia fórmulas de unidad y de responsabilidad, a través de un sistema electoral que procura con el mayor cuidado no interferir para nada la autenticidad de la representación, que es la, fuente más legítima de la autoridad.

 

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