Los asesinos de la democracia     
 
 ABC.    28/09/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LOS ASESINOS DE LA DEMOCRACIA

La rotunda condena que merece el asesinato —un tiro en la nuca— del capitán de la Policía Armada

Florentino Herguedas Carretero no cobraría su verdadera dimensión de repulsa si se desligase del

conjunto lamentable que componen el desorden público, las violencias callejeras y una muy apreciable

dejación o atenuación del necesario y saludable principio de autoridad.

Estamos viviendo, como comunidad nacional, días críticos, momentos de extraordinaria gravedad. Por el

ansia, en gran parte explicable, de la construcción de una democracia, se critican febrilmente y se están

derribando valores, conceptos y actitudes referentes al respeto que merecen las fuerzas policiales; a la

sanción legal que merecen los crímenes y los delitos; al acatamiento que merece la legalidad, y, en fin, a

las claras responsabilidades que asume el poder gobernante sobre el mantenimiento del orden público y

de la pacífica convivencia social. Y esto no es, en manera ni dimensión algunas, explicable.

No es explicable porque la democracia no significa, ni podrá significar jamás, en ningún país civilizado,

el desorden público, la violencia impune, los crímenes continuos, las demostraciones de fuerza sin norma

ni réplica posible... Y frente a todo ello, frente al desmoronamiento del orden social, frente a la pavorosa

disminución de las seguridades personales, tampoco es democrática, genuinamente democrática, una

actitud resignada, como inhibida, de los poderes públicos.

A la democracia, atacada en sus fundamentos -y pues que tiene más que el sufragio universal y el sistema

parlamentario— hay que defenderla con riguroso denuedo, con auténtica seriedad, con sacrificio —por

supuesto— de tácticas de partido. Hay que defenderla en muchos frentes; hay que defenderla en el áspero

y difícil frente de la calle, arrastrando cuantas impopularidades y cuantos inconvenientes surjan en el

nombre del bien común superior que significan la Ley y la autoridad.

El asesinato del capitán Herguedas Carretero viene, desgraciadamente, a proyectar un rayo de luz

esclarecedor sobre un tema, el polémico tema de la amnistía, entremezclado de confusiones y

confundido entre políticas. Y hoy, como en cuanta anterior ocasión hubo lugar, iteramos desde estas

columnas de A B C que la amnistía no se puede extender a los asesinatos, sin un inconcebible desprecio

al valor de las vidas humanas, y que no se puede aplicar, sin olvido de los principios jurídicos de los que

ha nacido precisamente la democracia, a los crímenes sangrientos que se cometen con pretextos políticos.

Una dictadura oodrá amnistiar a sus sicarios; una democracia no puede amnistiar a sus asesinos.

 

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