Un gesto nada más, pero necesario     
 
 Ya.    06/11/1976.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

UN GESTO NADA MAS

LA derogación del decreto-ley del 23 de junio de 1937, que suprimió el régimen

económico especial de

Guipúzcoa y Vizcaya, ha sido un gesto nada más, pero un gesto lo bastante

importante para que no deba

quedar sin comentarlo.

SOLAMENTE un gesto: ¿quién puede decir más? En eso los comentarios han

sido tan unánimes

como el aplauso. Nadie puede pensar que la derogación de aquel decreto-ley sea

otra cosa cuando sobre

las dos provincias mencionadas pesa más de un siglo de errores centralistas y

especialmente cuarenta

años de pertinaz desconocimiento de su problema, que sin duda forma el fondo más

profundo del malestar

actual del pueblo vasco.

RESOLVER ese problema no puede ser cosa de un día y exigirá bastante más que

medidas fiscales y

administrativas. Aunque la solución no tenga por qué sujetarse a la falsilla de

estatutos autonómicos

dictados para circunstancias muy diferentes, desde luego no podrán quedarse en

la simple

descentralización: las medidas que resuelvan el problema habrán de ser medidas

decididamente políticas.

TAMPOCO deberán limitarse a algunas reglones determinadas, que asumirían

automáticamente una

significación particularista frente al resto de la nación. Nosotros pensamos que

el problema del

regionalismo es un problema nacional, un problema general de organización del

Estado español y que

así debe ser planteado. La República tuvo el mérito de abordarlo, pero cometió

el error de hacerlo por la

vía de los casos diferenciales y como ha dicho un Inteligente tratadista, el

señor Azaola, de

"Institucionalizar regiones" — ésta, aquella, las que lo pidieron — en vez de

"Institucionalizar las

regiones", todas ellas, dando una estructura nueva al Estado español.

SE recae en el error de la segunda República cuando se habla de la restauración

foral a través de un pacto

de iguales entre la región vasca y la Corona; esa restauración deberá ser el

resultado de un pacto

auténticamente constituyente, pero entre todas las regiones entre todos los

ciudadanos españoles.

ESE es el gran problema que corresponderá resolver a las próximas Cortes. Con

relación a esa meta, la

derogación del articulado del decreto-ley ha sido como suprimir las ultimas

trabas del pasado. Ya fue un

paso la supresión en 1968 de la Exposición de Motivos, con sus desafortunadas

torpes, hirientes palabras

para dos entrañables provincias españolas. Con está medida de ahora, la pizarra

ha quedado

completamente libre para escribir. Borrar lo que era sólo el fruto de una

crispación de un agravio

histórico, es lo que se ha hecho. Un gesto únicamente; pero un gesto necesario.

 

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