Tres compromisos     
 
 Arriba.    09/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

TRES COMPROMISOS

LA gran preocupación por lor contenidos de la reforma desembocó ahora en urj fluevo horizonte: el de

los planos para la misma. Plazos que se extienden desde la convocatoria del Pleno de las Cortes a las

elecciones legislativas, pasando por la celebración det referéndum que ha de dar el consenso popular a

una Ley Fundamental aprobada en la Cámara. No queremos simplificar: la democracia no ha llegado

todavía, ni podemos decir que se ha consolidado aún en el mismo momento en que se celebren las

elecciones. Porque la democracia, efectivamente, necesita unos instrumentos legales, pero necesita, sobre

todo, que sea construida sobre la aportación de todos.

DISFRUTAMOS de un ambiente político idoneos p a r a ser optimistas?

Creemos, honestamente, que sí. Y para creerlo no necesitamos acudir al argumento de decir que hace un

año pensábamos que las cosas iban a ir peor. Hay que mirar al entorno de ahora mismo y descubrir que el

gran progreso no está en haber superado los temores de antaño, sino en darse cuenta de que existe un

clima para la democracia. Ese clima es tá en el hecho comprobable de que se abrió una vía de modera

ción en nuestra sociedad. Los extremismos se están desterrando a sí mismos —los destierra la propia

dinámica social— y existe un amplísimo consenso para seguir a los líderes y partidos que no plantean una

revolución, sino el acompañamiento lógico que exige una sociedad cambiada y al perfeccionamiento de

aquello que se haya quedado anticuado.

ESTO es así, y los propios testimonios de la Prensa —q u e, afortunadamente, goza de un amplio margen

de libertad— lo corroboran día a día. ¿Cuáles son, cuáles deben ser, entonces, los compromisos de las

clases rectoras? Hay uno, y muy concreto: continuar. Por parte del Gobierno, continuar en una tarea que

está recibiendo más adhesiones que fas que tuvo ningún otro Gabinete. Por parte de las Cortes, adoptar un

criterio ancho pa ra que la reforma necesaria sea, además de necesaria, factible y aplicable a la realidad

nacional. De nada serviría recortar o anu lar ahora la reforma, si en el plazo de un año tuviésemos que

vernos en una situación similar a la actual. España no puede verse abocada permanentemente a reformas

que resultaron incompletas por un excesivo apego emocional a las creencias.

POR supuesto, confiamos en que la Cámara Legislativa, cuyos miembros no obede cen a mandato

imperativo, ten drán la suficiente sagacidad para dejarle abiertas al futuro unas puertas anchas por las que

quepa toda la comunidad nacional. Pero, en esta hora, todavía hay un tercer compromiso: el de los

propios partidos políticos. Nos duele —y lo reflejábamos el domingo en nuestro editorial— cuando

asoma a la piel del país el dogmatismo y la intransigencia. De la capacidad de iniciativa del Gobierno y

de la sagacidad de las Cortes dependen los ¡nstrumen tos legales para la democracia. Pero de los partidos,

de su volun tad de servicio sin personalismos y sin meras concesiones a la galeria, de su patriotismo, en

suma, dependerá que la democracia sea un sistema transitable Que !a democracia sea posible. Que no ten

gamos que volver atrás.

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